11 de diciembre 2007 - 00:00

Charlas de quincho

Cumplimos hoy con la segunda entrega de las «Charlas» de esta semana, en la que se destaca la fiesta nacional de un país oriental (no es Uruguay). En esa embajada se supo que la flamante presidente continuará con una práctica inaugurada por su marido. También se aventuró sobre el futuro a plazo fijo que tendrían un ministro y un secretario. Hubo otros eventos: un longevo de la política invitó a despedir el año (se habló de curiosos proyectos petroleros de un dúo mendocino), la presentación de un libro sobre un pintor suicida (se explicó el significado de «epiceno», que los Kirchner parecen no conocer; se bautizó a las «Nuevas Paquitas») y un fogón nocturno junto al mar en Pinamar (¿ reemplazante de Mar del Plata como sede de festival de cine?). Veamos.

JorgeZorreguieta,SebastiánBagó eIgnacioGutiérrezZaldívar(arriba);AntonioGomiz(Repsol YPF)y UmbertoJunqueiraFarias (LomaNegra)(abajo); todosen la presentacióndellibro del«marchand»sobre elpintor KoekKoek.
Jorge Zorreguieta, Sebastián Bagó e Ignacio Gutiérrez Zaldívar (arriba); Antonio Gomiz (Repsol YPF) y Umberto Junqueira Farias (Loma Negra) (abajo); todos en la presentación del libro del «marchand» sobre el pintor Koek Koek.
  • Había que salvar la gracia de elegantes mujeres con apretados kimonos multicolores, todas con sutiles abanicos y también, la menos graciosa, del arco detector de metales. Era el ingreso para la celebración del Japón, fiesta nacional que coincide con el cumpleaños del emperador, en el barrio de Belgrano. Un palacio de mármol travertino rodeado por un jardín característico de esa tierra: tilos, cerezos, aromos, robles, bellísima carpeta de verde césped. Uno podía cruzarse con Ricardo López Murphy, Julio Werthein, Virgilio Tedín Uriburu, el otrora ingeniero Juan Carlos Blumberg, Beatriz Nofal, el nuncio Adriano Bernardini, Rodolfo Terragno, Rosendo Fraga, una nutrida multitud de embajadores de otros países y hasta con Carlos Menem, recibido en la puerta -como corresponde- por el encargado de negocios. Si bien la Argentina no reconoce protocolo alguno para los ex mandatarios, en el resto de los países democráticos se los considera de acuerdo con la función institucional que han ejercido y no por su actuación o su persona.
    No es lo único en que se observan diferencias. Quien esperaba tomar sake, se frustró; en cambio, abundó el sushi, el pato laqueado, langostinos empanados y tempura vegetal (no la tradicional que se realiza con 14 pescados diferentes, freídos de tal modo que jamás uno impregna al otro, un misterio milenario de la preciada cocina oriental). También parecían frustrados los diplomáticos, quienes imaginaban que Cristina de Kirchner cambiará la costumbre de su marido de recibir las cartas credenciales de los embajadores; pero un representante argentino le dijo que al nuevo delegado checo ya le advirtieron que será recibido por el vicepresidente, Julio Cobos, como antes hacía Daniel Scioli por Néstor Kirchner.   

  • -¿Hay otro país que haga lo mismo? -pues hasta George Bush, un hombre supuestamente más ocupado que su colega del Sur, con agenda más completa y el doble de embajadores en su país, recibe a uno por uno.

  • -Sí -le replicaron-, el mandatario paraguayo (Nicanor Duarte Frutos) copió la metodología Kirchner, una violación a normas diplomáticas elementales, aunque se reserva siempre algo de tiempo para luego invitar a los extranjeros a tomar un café.

    -¡Pero si Paraguay tiene pocas representaciones; debe ser el país con menos embajadores de la región! ¡Hasta los británicos, que tienen gente en todo el mundo, cerraron su casa en Asunción!

    Se advertirá que, como diría Kirchner, se trata de diálogos poco substanciosos, problemas específicos de los que se ganan la vida con la política exterior. Aunque un informado presunto, con una carga de prejuicios naturalmente, comentaba que al ex mandatario argentino lo que le molesta es la ceremonia del traslado de los embajadores, siempre custodiados por los Granaderos a Caballo, en viaje de la Plaza San Martín a la Casa Rosada. «Creo -sostuvo- que es una simbología militar que no le cae bien a Kirchner.» Miraban con estupor algunos; estaban por contradecirlo, cuando agregó: «Miren, hasta pensaron en reemplazar a los Granaderos por motociclistas de la Policía Federal». Pero, como se comprobó, ni eso habrá de ocurrir: los embajadores extranjeros seguirán viendo a la Presidente por fotografías, ella podrá ofrecer otra imagen al mundo, pero no modificará el estilo diplomático de su marido.

  • Luego, los corrillos apuntaban al futuro económico, al rol del nuevo ministro Martín Lousteau y su relación con Julio De Vido, a quien los empresarios argentinos -según entendían en la reunión- parecen haberlo convertido en el principal referente del gobierno ( también, curiosamente, entre ellos han cambiado las críticas por elogios a Guillermo Moreno). Nadie observa sacudones, confusiones o intrigas, al menos durante el verano y a pesar de que Moreno dicen que llama «el rubiecito» a Lousteau y, la gente de éste supone que tanto el secretario de Comercio como su ministro en jefe, De Vido, son un plazo fijo al destierro.
    Uno de los embajadores asistentes, casi ajeno, se preguntaba: «Estuve en una reunión de ministros con empresarios, vi que para saludarse se dan besos. ¿De dónde sacaron esa costumbre?». Alguno recordó que en tiempos de Menem ya era una práctica (viene del sindicalismo, de los metalúrgicos de Lorenzo Miguel, quien besaba tres veces como señal de amistad), pero que ahora se ha extendido.
    Mientras, Menem contaba un chiste de época (un suboficial se tropieza con «La Miseria» y con un coronel, ¿a quién saluda primero? Ninguna certeza, sólo la espera de su continuidad: «A La Miseria, porque es general») y Fraga -más rudo que de costumbre- sostenía que Cristina hará lo mismo que su esposo en la relación con Caracas y Brasilia: oscilará entre esos dos ejes concretos, los bonos los compra Venezuela y las empresas, Brasil.   

  • Debe ser un hombre más importante que los jarrones de la Casa Rosada. Aunque siempre esté en ese lugar, como los ornamentos. No en balde la convocatoria que realizó Juan Carlos Mazzón, hombre de consulta perpetua por cuanto presidente se aloja en gobierno, siempre en la misma área sensible. Desde Carlos Menem bate récords de permanencia en el Estado: por supuesto, seguirá con Cristina de Kirchner y, además, el precavido de su marido se lo llevará en tiempo suplementario para organizar el nuevo peronismo oficial desde una oficina ad hoc. Decidió Mazzón una despedida de fin de año en el Centro Asturiano; hizo servir un menú básico y peronista de quesos y vinos, para continuar luego con más vinos -finalmente se nacionalizó mendocino-, un pionono con ensaladas más un lomo con papas (el helado típico, claro, al final).
    El hombre ya inventariado en la Rosada, por simple llamado telefónico, reunió a un ministro que parte (Ginés González García a Chile), un miembro de la Corte Suprema (Juan Carlos Maqueda), los gobernadores electos Juan Manuel Urtubey ( Salta), Celso Jaque (Mendoza), el vice de Corrientes (Rubén Pruyas), dos que dejan sus cargos para mudarse al Congreso (Eduardo Fellner y Jorge Obeid), el recaudador Santiago Montoya (en apariencia disgustado porque le restaron superpoderes en la «AFIP bonaerense»), Miguel Pichetto y Carlos Soria, Oscar Lamberto, el interventor peronista Ramón Ruiz, los bonaerenses José María Díaz Bancalari, Jorge Landau y Hugo Curto, el cordobés Eduardo Acastello y la mendocina Patricia Fadel. Lista interminable, claro, ya difícil de precisar porque la memoria se confunde cuando avanzan los efluvios etílicos, del blanco sobre todo, la especialidad del anfitrión.

  • Bromas sobre el «duhaldismo residual» que se quedó en la puerta (caso de Eduardo Camaño, su segunda derrota, o el yerno del «estadista», Gustavo Ferri, quien se había presentado en Junín porque tenía más probabilidades que en su sección, Temperley). Se conjeturaba también sobre la «fuerza nacional» que pretende imprimirle Kirchner al peronismo, coincidencia general en que el santacruceño siempre niega al partido, pero finalmente le teme. Después, mendocinos en su mayoría, comentaban el proyecto petrolero de José Luis Manzano (junto con Daniel Vila, con la empresa Andes), que organiza tareas de exploración para después asociarse con ENARSA u otras compañías que deseen participar en su «portfolio exploratorio» (confiando, claro, que el gobierno exija mayores inversiones en las compañías que operan en el país).
    Señalaban que podría quedarse con 50% del área marginal Vega Grande (Mendoza) y 20% de Corralera (Neuquén), operaciones que hasta ahora no han sido objetadas por la administración Kirchner, con la cual mantiene prósperas relaciones; en rigor, el gobierno tampoco se expidió sobre otras transacciones, algunas sorprendentes con operatorias en Hong Kong sobre áreas en apariencia sin valor mientras sí veta otros traspasos con superior solidez técnica y financiera. Cuestión de mendocinos, claro, de gente con intereses en un sector del cual se ocupan sólo algunos privilegiados.   

  • Hubo quien vivió en Mendoza y produjo otras excitaciones más transparentes, saludables. Como el pintor Koek Koek, nacido en Londres, pero de una dinastía holandesa de pintores -tal vez una de las más grandes del mundo-, a quien le estrenaron un soberbio libro (autor Ignacio Gutiérrez Zaldívar) en el Four Seasons. Otro mundo, aunque no faltaron políticos, ni figuras. Otras, claro, como el arzobispo de La Plata, Héctor Rubén Aguer; el embajador de los Países Bajos, Henrik Soeters; los hermanos Bagó ( auspiciantes del libro); Antonio Gomis, de YPF Repsol; Félix Luna; Andrea del Boca; Umberto Junqueira Farías (Loma Negra); Emilio Cárdenas; Guillermo Jaim Etcheverry; Jorge Zorreguieta; pintores varios; el ex ministro Héctor Lombardo; Lily Sielecki, y hasta el diputado Francisco de Narváez con Jorge Asís (quien, prometió, le dedicará una de sus próximas notas). Más bien debería dedicarse al excéntrico homenajeado Koek Koek, suicidado en el Uruguay (el poeta colombiano Claudio de Alas le mató el perro para que no estuviera solo en el cielo), lunático (internado un tiempo en el loquero, por supuesto se creía Napoleón y otorgaba títulos de médico), adicto al gin, la morfina, la coca, también al jerez con salsa inglesa, quien en 20 años pintó 2.000 obras. Parte de la razón de su éxito, como Picasso, como Turner.
    ¿Cómo se pronuncia Koek Koek?, preguntó una trémula dama mientras se internaba en el menú holandés, Aspergesalade Met Kaas ( ensalada de espárragos con queso gouda), Maaltijdasalade met bonen (ensalada de frijoles con jamón cocido), Bullevladde (quiche con panceta y huevo), unas torres de masa de un metro con el interior de hongos y jamón, lomo y pechugas, Edammer bloemkool (coliflor con queso edam) y los recordados Spruitjes ( repollitos de Bruselas), para cerrar con postres Apelflappen (manzanas fritas) y Spekkoek (torta en honor al pintor). Tantos platos y no se respondió la pregunta. En rigor, Koek Koek se pronuncia «cuccuc».

  • Zorreguieta nada decía de su nombramiento en la COPAL, para muchos decidido por Carlos Pedro Blaquier, mientras Gutiérrez Zaldívar bromeaba: «Es tan lindo el libro que no parece que lo hubiera hecho yo». Otro que se negaba a dar información adicional sobre la colocación de parte del paquete de YPF Repsol era Gomis; juraba no saber que el 8 de enero hay reunión cumbre (para modificar el estatuto y poder venderle más de 15% al grupo Eskenazi). Mientras, como la exigencia sobre la pronunciación de Koek Koek despertó algunas inquietudes, algún amante del idioma se molestaba por la denominación de «edecanas» a las nuevas colaboradoras militares de Cristina de Kirchner en la Casa Rosada. Explicaba: edecán es un epiceno, designa tanto al femenino como al masculino, no hay diferencia de sexo, sólo el artículo cambia el sentido, como si fuera la palabra «gorila». Además, señaló, edecán no admite por su origen una forma femenina; viene del francés «aide de camp» (ayudante de campo), tarea nunca en manos de damas. Por lo tanto, ya harto de su docencia, a estas mujeres de la Rosada -según él- no deben llamarlas «edecanas», es improcedente. ¿Y qué nombre les ponemos? «Paquitas -sonrió-, si son iguales a las paquitas de Xuxa.» No le falta razón.   

  • «¡Qué vamos a hacer! Pinamar aumentó para esta temporada casi 40% sus precios, y sin embargo ya no hay alquileres disponibles». En los jardines del Hotel del Bosque, en un asado de trasnoche para más de 300 convidados, copa de champagne en mano, el intendente electo de Pinamar, el «K» Roberto Porretti -durante la fiesta con música retro de los 60 y 80 con la que se inauguró el sábado la cuarta edición del Festival Pantalla Pinamar-, se presentaba sin disimulo para constituir su ciudad en el reemplazo del malherido festival de Mar del Plata (que continúa cambiando de fecha y todavía no tiene una definida para 2008).
    Graciela Borges, enfundada en dorado (y haciendo juego con el Pino de Oro que recibió por su trayectoria) tiene una extraña relación vecinal con el nuevo alcalde: uno de los chalets de la madre de Porretti es donde suele pasar sus vacaciones la «Gra», y el nuevo alcalde casi tiene un tropezón cuando, horas antes, la saludó en público durante el acto de apertura en el cine Bahía: «Para mamá, ¡sos una ídola!». Se corrigió rápido: «Y para mí también, desde luego». A ninguna estrella de larga carrera le gusta que los jóvenes fans le digan que es su madre quien las admira.

  • Discretas y mesuradas, la Borges e Isabel Sarli se recogieron temprano en sus habitaciones, y no compartieron la pista para el baile que se prolongó casi hasta el amanecer, allí se sacudían no sólo los jóvenes visitantes de las delegaciones extranjeras (española y holandesa en su mayor parte) sino también varios funcionarios: el Secretario de Medios Pepe Albistur, quien demostró ser el más infatigable bailarín, al igual que el presidente del Incaa Jorge Alvarez (vestido de negro) y el diputado nacional Jorge Coscia (vestido de blanco).
    En el mismo ágape, el veterano periodista hispanoargentino Carlos Aztarain contó que, en su juventud, fue actor de reparto de la legendaria «El muñeco maldito» con Narciso Ibáñez Menta (usaba el nombre de Hugo Aztar). «Buenos Aires se paralizaba con la transmisión de cada capítulo. Hasta las calles se vaciaban. Por eso, cuando hoy se habla de rating alto me hace gracia. Hasta los partidos de fútbol tenían que modificar sus horarios cada vez que salía un capítulo de El Muñeco, como antes había ocurrido con El Fantasma de la Opera».   

  • Otro evocado de la noche, a quien el músico José Luis Castiñeira de Dios y el periodista Rómulo Berruti recordaron junto a otro fogón, fue un injustamente olvidado personaje de la alcurnia y la cultura argentinas, el conde Francesco di Ecli Negrini, director de una lujosa y legendaria revista cultural, «Lyra». «Nadie supo nunca si de verdad era conde o no», contaba Berruti, «pero nunca te aburrías cuando él contaba sus anécdotas nobiliarias en la Venecia de los años 50. Bueno, nobiliarias o no tanto. Francesco aseguraba que él fue descubridor y amante de Alain Delon. Decía que sus ojos quemaban. Una vez, contó que cuando Delon filmó A pleno sol en la Costa Azul con el director René Clément ocurrieron varias cosas en los descansos del rodaje. Primero, Delon le hizo el amor a la hija de Clément; después, a la esposa de Clément, y finalmente, al mismo Clément. `Fue una familia que siempre le quedó agradecida a ese dios', decía Francesco, muy emocionado por supuesto».
    «Su final fue muy triste. Viajó en 1985 al Festival de Venecia, nada menos que junto a Pino Solanas, que presentaba `El exilio de Gardel'. El estaba seguro de que llegaría al hotel Excelsior y lo recibirían como una celebridad. Pero nadie lo conocía. A él, que era figura rutilante en el Cannes de los 50, que se codeaba con el Aga Khan y la Bégun, nadie le daba bolilla y lo alojaron en un hotel de dos estrellas. Estaba tan amargado que a la mañana, en el desayuno, se robaba los panes que habían sobrado en las distintas mesas y se los llevaba a su habitación para comer solo».

  • Vamos a terminar con un chiste escuchado en el quincho de Macabi, y que de algún modo parafrasea la historia del rey Salomón. Un rabino recibe a dos señoras de mediana edad, Rivka y Sara, quienes juntas arrastran dentro de su despacho a un joven muy bien vestido. Rivka grita:

    - ¡Este desgraciado le prometió matrimonio a mi hija!

    - ¡No: prometió casarse con mi hija!, dice Sara.

    Así están discutiendo un rato, y el rabino (recordando la anécdota de Salomón, las dos madres y el bebé), dice:

    - Está bien, está bien... Ya sé cómo solucionarlo: lo llevamos al aserradero de mi yerno, lo ponemos en la sierra sinfín y lo cortamos por el medio, y cada una se lleva una mitad.

    La primera de las mujeres dice:

    - Está bien... Me parece justo.

    La segunda, horrorizada, grita:

    - ¡Pero rab! ¿Cómo se le ocurre? ¡De ninguna manera: déjelo que se case con la hija de Rivka..!

    El rabino, mirando al joven, le dice:

    - Decidido entonces: te casás con la hija de Rivka.

    Sara exclama:

    - ¡Pero ella quería partirlo por la mitad!

    - ¿Viste? Eso demuestra que Rivka es la verdadera suegra...
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