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Coleccionar cervezas y gaseosas: un hobbie caro, pero atrapante
Los fanáticos de la colección tuvieron su convención este año en Buenos Aires. Allí expusieron sus objetos y sus historias rodeadas de fetichismo.
Los grandes coleccionistas del género pelean con sus sentimientos al ser consultados por el precio de ciertos artículos mimados de su compilación. Sorprende saber que hay carteles publicitarios antiguos que llegan a cotizar en u$s 5 mil, que chapitas de cerveza (tapa tipo corona) se comercializan en E-bay por u$s 200, que almanaques antiguos de Coca-Cola llegan a los u$s 42.000 y botellas de esta misma gaseosa se valúan en u$s 6.000. Claramente, el hobbie no es para cualquiera.
Valor final
La antigüedad, la rareza del producto o la historia que esconde detrás son en general los factores que determinan el valor final. Se llega así a casos extremos en que los propietarios se niegan rotundamente a vender. Tal es el caso de un cartel muy especial que atesora el coleccionista Matías DAgostino.
«Yo hace 11 años que empecé a coleccionar artículos de Coca-Cola y ya tengo más de 10.000, pero sin duda lo que jamás cambiaría o vendería es un letrero publicitario de la época de la Segunda Guerra Mundial».
«Martes día de descanso» (foto): versa el letrero escrito en alemán
-auspiciado por la gaseosa norteamericana- y que allá por 1942 colgaba en la puerta de una fiambrería germana. Escapando de la guerra, el matrimonio alemán dueño del comercio sólo trajo consigo este anuncio, hecho en vidrio biselado, a modo de recuerdo de la vida que dejaban atrás.
«Es la historia, en este caso, lo que le da valor. Además, con el conflicto bélico, todo se rompió. Es muy raro que este cartel haya llegado intacto a la Argentina», sostiene DAgostino que tiene al afiche dentro de sus bienes más preciados, junto a un destapador de 1902.
Pero este chico no es el único que entró en la pasión de acopiar merchandising de la gaseosa más popular. Javier Petra cuenta con orgullo que el año pasado gastó más de u$s 10.000 en el rastreo y la compra de artículos que engrosaran aún más la colección de 8 mil objetos que posee. Dentro de los highlights de los que se jacta, se encuentran botellas del año 1900, de las cuales se hicieron sólo 200 ejemplares; cheques originales de 1912 que hizo la multinacional de gaseosas e incluso un traje completo de la marca, compuesto por saco rojo, camisa, corbata y sombrero, que utiliza sólo en ocasiones especiales (ferias, eventos y muestras en museos).
«Es una enfermedad esto. Yo me divorcié y en mi nuevo departamento tapicé las paredes con carteles y afiches. Una vez vino una pareja amiga a mi casa. El marido estaba empezando a coleccionar, pero cuando la esposa entró y conoció dónde vivo, le dijo: Si vos hacés un 10% de lo que hizo éste, yo te dejo», cuenta entre risas Petra.
Sea de una marca o un artículo en general, este tipo de coleccionismo exige viajar mucho o crear una sofisticada red a través de internet, vía Facebook, Mercado Libre, E-bay y otros servicios, que permitan alcanzar aquellos objetos que sólo se produjeron en otros lugares del globo. Muchos les dedican sus vacaciones a estas giras.



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