28 de junio 2001 - 00:00

Cultivo de tomates Cherry: una actividad poco explotada y con buenas perspectivas

Cultivo de tomates Cherry: una actividad poco explotada y con buenas perspectivas
En este contexto y en el ámbito de las hortalizas, el liderazgo lo detenta el tomate cherry, antecesor del tomate cultivado que debido a su intenso sabor y color, su atractivo aspecto y su riqueza nutritiva tiene una importante demanda en restoranes y hoteles. Y al ser muy poco perecedero -es una variedad que por su rusticidad es menos propensa a ataques de hongos y a enfermedades que los tomates redondos- se adapta muy bien a los sistemas hortícolas que funcionan bajo invernadero.
Además de ser menos sensible a enfermedades del suelo, no es atacado en la misma magnitud que el tomate redondo por ciertas plagas endémicas que causan estragos en todas las zonas tomateras del país.

Por lo tanto, el tomate cherry -que se presenta en diversas formas -redondo, alargado, tipo pera o aceituna- y colores -amarillos, anaranjados y rojos- constituye un producto con gran potencial. Y esta premisa se ha traducido en un crecimiento exponencial tanto en la producción como en las ventas durante los últimos 5 años. Si en 1995 se comercializaban en el Mercado Central de Buenos Aires 22 toneladas, esta cifra se multiplicó por diez hacia 1998, y trepó vertiginosamente hasta alcanzar las 1.289 toneladas durante 2000.

Desarrollo
El tomate cherry es una alternativa de producción apta para cualquier zona del país dado que se cultiva en invernadero, un recinto cerrado donde se pueden controlar todos los factores climáticos; y se realiza como complemento de otras hortalizas tales como el «tomate larga vida», el pimiento, el pepino, la lechuga y la espinaca. Para cultivarlo son adecuadas todas las localidades donde se produce tomate redondo, como por ejemplo en los alrededores de la provincia de Buenos Aires, Corrientes, Salta o Jujuy.
La dimensión adecuada de un invernadero para comenzar este emprendimiento es de 1.000 metros cuadrados ($ 4.500 en concepto de alquiler). El ciclo de cultivo transcurre entre los meses de agosto y concluye en mayo. Y comienza cuando el productor lleva las semillas -son necesarias 3.000 ($ 300) para un recinto de estas dimensiones- a un almácigo. Se trata de un vivero de envergadura superior al primero donde se protege la planta que comenzará a desarrollarse a partir de este momento. Como es una infraestructura que necesita contar con un calefactor, se abastece de gasoil y posee dos láminas de plástico que protegen a la planta de las heladas -si el tomate sufre temperaturas menores a 1 grado se termina quemando-, su instalación puede resultar onerosa para un productor que recién comienza (entre $ 10 y $ 12 el metro cuadrado). Por lo tanto, es aconsejable encargar los plantines -bandejas de polietileno y telgopor que se rellenan con un sustrato especial de turbas y nutrientes donde se coloca la semilla para sembrarla- a empresas comerciales que ya estén funcionando. Cobran a razón de $ 0,12 la planta sembrada.
El lapso de tiempo que transcurre entre la siembra y la germinación es de entre 45 y 60 días. Una vez culminado este proceso, las plantas son trasplantadas en el invernadero propio del productor a una densidad de 2,5 por metro cuadrado. Esta operación se realiza levantando lomos en la tierra y colocando sobre ellos capas de polietileno para evitar que crezca la maleza, al tiempo que con un palo se cava un agujero de 25 centímetros donde será ubicada la planta una vez extraída de la bandeja del plantín.
A partir del momento en que se hubo realizado la plantación, a los 35 días comienza la etapa de la floración. Así como las variedades de tomate redondo normalmente producen racimos compuestos por entre 5 y 10 flores cada uno, el cherry posee entre 50 y 70 flores por racimo, que posteriormente se transforman en frutos.
La etapa de floración a su vez coincide con la labor de tutorado. Esta consiste en enroscar un hilo en sentido contrario a las agujas del reloj alrededor de la planta -una vez que tiene entre 15 y 20 centímetros de altura- para sostenerla e impedir que se caiga.
Este hilo debe llegar al alambre de sujeción de la planta, que está a dos metros de altura, y a partir de allí se orientan varios brotes con sus correspondientes racimos florales -esta conducción se repite a lo largo de todo su crecimiento-.
A continuación se realiza un nudo en la base y el hilo queda afirmado a una parrilla de alambre que está fijada en la parte superior de la planta. Junto a ello, comienzan a quitarse los brotes laterales dejando siempre el brote principal. Y se va realizando una poda apical que tiene por objeto cortar las yemas o los brotes terminales de los tallos guías con el fin de detener su crecimiento en el momento justo. Cuando se despunta la guía principal se potencia el crecimiento y la maduración de los racimos restantes.
Junto con esto, se realiza un deshojado para darle iluminación al primer racimo de tal manera de favorecer su maduración. Mientras que, a través de fertirriego, se inyectan los fertilizantes adicionados al agua que se utiliza para el riego, compuestos por nitrato de amonio, nitrato de potasio y ácido fosfórico.
El fósforo juega un papel importante en el desarrollo de la floración, mientras que al potasio se le adjudica una significativa incidencia sobre la firmeza de la piel del tomate y en su calidad.
Una vez que la planta tiene entre seis o siete racimos y cuaja, comienza la cosecha. En esta instancia también se cortan algunas hojas que están debajo de este primer racimo para quitar aquellas que estén enfermas o viejas y favorecer la ventilación dentro del cultivo. Esta operación conviene realizarla durante la mañana.
Asimismo, es importante y sobre todo en verano, evitar que los tomates reciban excesiva radiación para que no se quemen. Una posibilidad para graduar la luz solar que ingrese al invernadero es colocar mallas o tejidos en el techo del invernáculo. Mientras que en los días de mayor calor es recomendable pasarle al techo una capa de cal que luego se podrá quitar con agua.
El control de la iluminación también es relevante porque si es demasiado abundante y se combina con altos índices de humedad y bajas temperaturas, pueda causar una enfermedad denominada jaspeado que se manifiesta con la aparición de manchas marrones internas cuando el tomate está verde (pueden observarse cortando la zona afectada, en el tejido vascular interno) causando un color defectuoso.
Si estas condiciones climáticas se mantienen durante aproximadamente una semana, los daños pueden ser importantes. Para prevenirla, conviene entonces abrir los marcos del invernadero y las ventanas deben mantenerse diáfanas.

Cosecha
El cherry se cosecha cuando el tomate está rojo en la cima y el primer racimo que entra en este proceso es el más viejo.
Estas plantas tienen racimos de cincuenta frutas y su aspecto es el de un racimo de uva. El productor debe seleccionar los tomates colorados desgranándolos uno por uno y dejar intacto los verdes.
El rendimiento de este tipo de cultivo oscila entre 4 y 9 kilos por metro cuadrado dependiendo de la época en que se realice y el mes en el cual se haga la medición. Mientras que el costo por kilo oscila entre $ 0,25 y $ 0,30.
Para llevar a cabo la cosecha en un invernadero de 1.000 metros cuadrados -se realiza diariamente o si es posible seleccionando las jornadas de tiempo seco- basta con una persona, que debe colocar los tomates en canastas y luego depositarlas en un galpón de empaque donde se los acondiciona bajo dos modalidades principales.
La primera consiste en empaquetarlos a granel en cajas de cartón de cinco kilos. La otra alternativa es que en lugar de que sean colocados sueltos, se los distribuya en cubetitas de plástico. Cuando existe poca oferta, el kilo de tomate cherry se cotiza entre $ 2,5 y $ 3. En cambio, cuando hay superabundancia de tomates cosechados, este valor puede descender a $ 1,5. «Cuando se satura el mercado muchas veces baja el precio y a veces el producto es difícil de conseguir porque no es de compra masiva. Es un producto que está dentro de una gama especial como puede ser una endivia, que recién se están conociendo, pero que no tiene el mismo volumen de salida de los tomates redondos», explica el ingeniero agrónomo Claudio Baron.

Comercialización
Las formas de comercializar este producto son básicamente tres.
* Transportarlo hasta un canal de comercialización mayorista como el Mercado Central, para que luego los distribuidores se encarguen de su venta.
* Entregar el producto directamente a los supermercados.
* Conectarse con distribuidores que cargan el producto en la finca, cobran una comisión y luego entregan la mercadería en restaurantes, hoteles, etcétera.
Para comenzar en este agroemprendimiento es conveniente que el invernadero no sea superior a los «mil metros cuadrados, para determinar las posibilidades que existen de comercializar el producto de acuerdo a los canales que disponga el individuo, de tal manera que pueda ir experimentando y evaluando cómo se adapta a su estructura. En el caso de que funcione bien y tenga mucha demanda, el productor mismo regulará su cultivo y decidirá a qué extensión ampliarse», precisa Baron. Y otro punto clave a tener en cuenta es que «hay que buscar un vendedor de productos especiales que tenga clientela para un artículo como el tomate cherry. Porque si el agente que lo comercialice no sabe colocarlo, por más que el emprendimiento se realice con absoluta profesionalidad, estará destinado al fracaso. Por eso hay que empezar en forma cautelosa».
Esta arista del negocio es importante por el siguiente motivo. A pesar de que el cherry requiere de menos insumos para su cultivo debido a que se trata de una planta rústica, su talón de Aquiles es la cantidad de jornales o de horas hombre que se necesita para cosecharlo a partir de cierta cantidad de terreno.
Esto es así porque sus frutos se cosechan en forma individual como si fuera una uva, y el tiempo de trabajo que le insume a un operario recoger tomates cherry en una extensión de mil metros cuadrados, es el mismo que le demandará cosechar tomate redondo en un radio tres veces y medio más grande. Por lo tanto, la relación en el costo del jornal ($ 20 diarios) es superior, y antes de ampliar el invernadero es conveniente analizar si las posibilidades de comercializar mayor cantidad de cherry existen, como para que el aumento de la producción se justifique y sea redituable.
Mientras que los tomates redondos en general poseen valores de azúcar de entre 4,5% a 5,5% cuando están maduros, en el caso de algunas variedades de cherry este valor puede llegar hasta 9%. Por eso «es más dulce y mucho más sabroso -sostiene Baron-. La gente lo acepta cada vez más y su consumo se está empezando a hacer mucho más frecuente.
Pero no hay que olvidar que es un producto diferenciado y no un producto masivo: es una delicatessen. Y en algunos canales como restoranes, si se sabe hacer la publicidad adecuada se puede colocar muy bien».

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