Durante la década del '70, el hallazgo por parte de YPF de Loma de La Lata y el posterior tendido de gasoductos troncales hacia el litoral fueron los fundamentos que ubicaron años después a la Cuenca Neuquina como la más importante productora de gas. El área del actual yacimiento Loma de La Lata, situada en lo que geológicamente se conoce como Centro de Cuenca, fue clásicamente desestimada o considerada de muy bajo potencial. De esa opinión participaban no sólo los geólogos de YPF, sino también los de algunas grandes empresas multinacionales. No obstante, tanto YPF como Esso perforaron algunos pozos que erraron por muy poco el objetivo. Pero -como recuerda Mateo Turic- se necesita un explorador creativo e imaginativo y, además, con suerte para descubrir un yacimiento gigante allí donde otros pasaron sin éxito.
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La idea del descubrimiento fue muy simple y extraída de la experiencia personal de Turic en la Cuenca Austral. En el ranking de los pozos aprobados para perforar durante 1977, Loma de La Lata ocupaba uno de los últimos lugares. Había un pozo perforado en la culminación de la estructura, donde el objetivo (la formación Sierras Blancas) mostraba muy baja porosidad y permeabilidad; y otro, a unos 40 km, pendiente abajo con excelentes parámetros de porosidad y permeabilidad. La propuesta, entonces, fue perforar un pozo en posición intermedia, el YPF LLL x-1, especulando con el entrampamiento estratigráfico.
La realidad superó muy ampliamente la expectativa, y el desarrollo comprobó que el yacimiento con más de 250.000 millones de metros cúbicos de gas originalmente recuperables, sería el único reservorio gasífero gigante en explotación en América del Sur. Además, fue el motor que aceleró la expansión del uso del gas en la ecuación energética de la Argentina.
El factor suerte al que se hizo mención se refiere al tamaño inesperadamente grande del descubrimiento y también a que se hubiera pasado por alto o demorado algunos años más si el operador de la compañía de servicios encargado de la toma de registros no hubiera advertido a tiempo que algo raro percibía en los perfiles del pozo.
Hoy se conoce al yacimiento en profundidad. Su geología difiere apreciablemente de la idea original que se tenía de ella. Pero lo que se debe rescatar es el enfoque positivo de la exploración, que dio lugar a un nuevo yacimiento en la Cuenca.
Antes de eso, las primeras manifestaciones de acumulaciones de gas y el avizoramiento de las posibilidades comerciales de este combustible ocurrieron en el país en la cuenca del Golfo San Jorge, casi paralelamente con los primeros descubrimientos petroleros. En 1937, en el entonces llamado Campamento Sur, la profundización de un pozo petrolero ya agotado, el 1296, que había sido perforado en 1932, sorprendió con una surgencia de 1.450.000 metro cúbico diario de gas natural, en 917 metros.
El episodio no fue olvidado por un ingeniero de YPF que, desde entonces, lo mencionó en reiterados proyectos: Julio V. Canessa. Siete años después de la profundización del 1296, Canessa citaba el hallazgo como el antecedente más importante para fundamentar su propuesta de un gasoducto entre Comodoro Rivadavia y Buenos Aires.