14 de diciembre 2007 - 00:00

Educar es la clave para un ámbito más equitativo

Los resultados a los que se llega en los proyectos sociales son excelentes. Sin dudas, cada uno de nosotros pone lo mejor de sí mismo para llevarlos a cabo. Las empresas tienen mucho que decir y hacer al res-pecto, afirma Pablo Pérez Marexiano.
Los resultados a los que se llega en los proyectos sociales son excelentes. Sin dudas, cada uno de nosotros pone lo mejor de sí mismo para llevarlos a cabo. Las empresas tienen mucho que decir y hacer al res- pecto, afirma Pablo Pérez Marexiano.
La entrevista se desarrolla en el corazón de las oficinas del Standard Bank, en Puerto Madero. El procedimiento de ingreso es similar al de cualquier empresa de primer nivel u organismo de Estado: personal de seguridad, detector de metales, pases de identificación. La vista, desde el piso quince, resulta casi embriagadora: la reserva ecológica, el puerto, la zona de los diques; todo ese vasto panorama está frente a nuestros ojos. Sin embargo, el motivo del encuentro es hablar acerca de las actividades de la fundación del citado banco, que se encuentra en otro lugar de la Ciudad, en Riobamba al 1200. Pero nuestro anfitrión cumple una doble función, tanto en el banco como en la fundación. En una primera mirada, el lugar pactado tiene más que ver con circuitos de capital, buscando las mejores inversiones que con la implementación de políticas empresariales de responsabilidad social. Pero, al comenzar la conversación, descubrimos que las diferencias sólo son aparentes, ya que la insti-tución bancaria posee una fuerte e histórica decisión de trabajar, más allá de las funciones inherentes a su negocio, por el bien de la comunidad.
«Estamos atravesando una época del año en la que los balances, de todo tipo, se encuentran al orden del día. Podríamos decir que 2007 aportó tres momentos claves a nuestro grupo: la presentación en sociedad de la nueva marca Fundación Standard Bank, la celebración de los 20 años de la 'Carrera de Comercio Exterior' y la inauguración del Centro de Negocios para el Programa de Formación de Consorcios de Exportación. De hecho, la Fundación es más antigua en la Argentina que el propio banco, ya que es anterior a la transferencia en nuestro país de la operación comercial del Bank Boston al Standard Bank. Nuestra fundación tiene más de treinta años de vida activa. Es la primera perteneciente a una entidad financiera argentina. Y, por suerte, los dirigentes del grupo eligieron continuar con la actividad de la misma. Y, a mi criterio, fue una elección más que acertada, ya que nos especializamos en la educación, en la preparación específica de ciertos actores, para volver de ese modo, más competitiva al área de comercio exterior de nuestro país. Y esa actividad la realizamos en gran medida a través del Instituto de Comercio Internacional».
Entusiasmado, el entrevistado continúa: «El citado Instituto ha sido creado por la Fundación Standard Bank, a fin de continuar y de profundizar las actividades docentes en el campo del comercio exterior, iniciadas hace años, primero con la creación de la Escuela Argentina de la Exportación y luego con la de la Escuela de Comercio Exterior. No es por lo tanto una nueva institución. Es un nuevo marco institucional que permite potenciar una trayectoria, una tradición, un equipo y una marca acreditada en el mercado. Sus objetivos son contribuir al desarrollo del Comercio Exterior argentino, y a la proyección al mundo de la capacidad argentina de producir bienes y de prestar servicios, competitivos y de calidad. 'Ayúdenos a llenar el mundo con banderas argentinas. Exporte', el viejo lema de la Fundación, sigue siendo el norte que oriente las acciones del Instituto de Comercio Internacional».

Conociendo mas a la Fundación

Periodista: ¿En qué consiste la actividad precisamente del Instituto?
Pablo Pérez Marexiano: Realizamos la carrera específica de Técnico Superior de Comercio Exterior, que dura tres años. Además, dictamos cursos y seminarios, como una herramienta imprescindible para profesionales que quieran estar actualizados. Presentamos también un programa de capacitación que
llamamos de «In Company», que consiste en organizar y desarrollar actividades de análisis y capacitación sobre cuestiones relevantes del comercio exterior a medida para las empresas que lo solicitan. Estamos implementando cursos de e-learnig. Todo esfuerzo es poco cuando se busca la excelencia académica para ponerla al servicio del desarrollo de la sociedad. Nuestro país tiene un potencial inmenso. Es cuestión de sistematizar los conocimientos y los procedimientos necesarios para optimizar los resultados.
P.: Pareciera que en plena era de la información y de la globalización se necesita más que nunca ser operativo con el mundo. La gran aldea, teorizada hace tiempo por Marshall Maculan, se convirtió en una realidad incuestionable. Pero, además, ¿la Fundación realiza otro tipo de actividades?
P.P.M.: Para tener una visión de conjunto, podemos decir que la Fundación Standard Bank canaliza la responsabilidad social empresarial del propio banco, promoviendo emprendimientos asociativos con otras fundaciones empresarias, organizaciones del tercer sector y entidades de bien público. De manera conjunta con la Fundación Export.Ar, estamos desarrollando un programa tendiente a formar grupos de empresas pymes, que se unen para aumentar sus posibilidades de ingresar con sus productos a
los mercados externos. Le brindamos orientación y capacitación para que puedan alcanzar sus objetivos. A esta acción la denominamos Instituto para el desarrollo de Consorcios de Exportación. En la actualidad, integran el programa un total de 49 grupos, compuestos por más de 400 empresas. Disponemos, además, de un Centro Integral de Cultura, en la propia Fundación, que cuenta con una Galería de Arte, para promocionar las artes plásticas, dando a conocer los trabajos de nuevos artistas, y el Auditorio, cuyo fin es facilitar la presentación de nuevas publicaciones, como contribución a un aspecto primordial de nuestra cultura. Tenemos asignado un presupuesto para colaborar directamente con otras instituciones de la sociedad civil. De hecho somos donantes de varias parroquias, escuelas e institutos de educación; ONGs de la trayectoria de ALPI y ADEA. En fin, la urgencia por hacer supera nuestras posibilidades.

Origen de
los fondos
P.: ¿A cuánto asciende el fondo que disponen para llevar adelante sus distintos programas de responsabilidad empresarial?
P.P.M.: Supera los tres millones de pesos. Nuestra única institución donante es el propio banco; pero además, recibimos el dinero proveniente de las inscripciones a los distintos cursos que impartimos. El banco es de origen sudafricano y se encuentra en un excelente momento, podríamos decir en plena expansión. Tenemos 87 sucursales en todo el país. Y seguimos creciendo. Somos la quinta entidad bancaria en préstamos al sector privado. Estamos entrando al negocio del crédito al consumo a través de la adquisición de Argencard. Por el momento, no se puede pedir más.
P.: Y en lo personal, ¿cuál ha sido su aporte a la constitución de la política de responsabilidad empresarial que maneja el grupo?
P.P.M.: Vengo de áreas de negocios del banco: comerciales y de producto. Luego pasé a la de relaciones institucionales y ahora también me incorporé a la Fundación. Soy egresado de la Carrera de Ciencias Económicas de la Universidad Católica Argentina y realicé un Master sobre Dirección Bancaria en la CESMA, Escuela de Negocios. Creo tener una vasta experiencia y una racionalidad formada en la transdisciplina, lo que ayuda enormemente a plantear temas, encontrar posibles soluciones, manejar equipos y desarrollar distintos modos de gestión.

Viajes y tiempo libre
P.: ¿Viaja mucho por formar parte de un grupo transnacional?
P.P.M.: Sólo lo imprescindible por negocios. De todos modos, creo que es una de las asignaturas pendientes, ya que me encanta conocer lugares nuevos y relacionarme con otras culturas y costumbres. Con mi mujer tenemos una familia maravillosa formada por cuatro hijos y el quinto viene en camino. Son todavía chicos; el mayor tiene nueve años. De todos modos, ya llegará el momento de hacerlo. Por ahora, hemos construido una casa, entre las dunas, junto al mar, al sur de la provincia de Buenos Aires. Nos encanta pasar allí nuestro tiempo libre, en contacto con la naturaleza. Uno de los pocos instrumentos que tenemos es un modesto telescopio para mirar las estrellas. Un dato: Internet, los teléfonos celulares y la TV satelital están terminantemente prohibidos. Es nuestra manera de recargar las pilas. Me gusta también leer, sobretodo ficción de autores latinoamericanos.
P.: ¿Piensa que su trabajo colabora de alguna manera en la construcción de un mundo mejor?
P.P.M.: Si no lo creyera, no podría hacerlo con tanta pasión. Los resultados a los que se llega en los proyectos sociales son excelentes. Sin dudas, cada uno de nosotros pone lo mejor de sí mismo para llevarlos a cabo. Las empresas tienen mucho que decir y hacer al respecto. Sus programas de inversión social son verdaderos catalizadores sociales y sirven no sólo para apagar incendios, sino también para fomentar el crecimiento, que en última instancia es una colaboración directa en la construcción de un mundo mejor.

Entrevista de E.G.

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