20 de abril 2007 - 00:00

''La delicadeza femenina puede cambiar un plato''

La chef Romina Romeo prefiere las cosas simples, como decía la amiga de Mafalda, Libertad. Es por eso que en su cocina todo es gourmet, pero en su casa prefiere volver a las fuentes.
La chef Romina Romeo prefiere las cosas simples, como decía la amiga de Mafalda, Libertad. Es por eso que en su cocina todo es gourmet, pero en su casa prefiere volver a las fuentes.
Escribe Andrea Fernández

Hablar de cocina siempre recuerda a una mujer. No en referencia a las múltiples bromas que circulan sobre el sexo femenino, sino porque a quien se le pregunte sobre su plato favorito casi sin darse cuenta hablará de las delicias de la abuela o del sabor que su madre les daba a los almuerzos familiares. Pero si bien el primer contacto que la mayoría tuvo con la comida fue a través de una mujer, han tenido que «pelear» sus lugares entre los grandes cuando de ser chef se trata. Sólo cuatro en el mundo son poseedoras de las tres estrellas Michelin, esa especie de «galardón» otorgado por una de las guías más antiguas y tradicionales de Europa. Sin ir más lejos, las cocinas de los cinco estrellas de Buenos Aires aún son mayoritariamente dirigidas por hombres. «Se la considera una carrera masculina. Ahora el espectro está mucho más abierto, pero cuando yo comencé en este ambiente, hace siete años, no era así. A veces para las mujeres las cosas son más difíciles, pero de todas formas sobrepasé la tirantez y hoy todo funciona a la perfección», afirma Romina Paola Romeo, quien con sus 26 años dirige la cocina del Crystal Garden, el restorán del hotel Park Tower, donde esta joven comenzó su carrera y en donde ahora, paradójicamente, tiene bajo su mando a cinco hombres.
«Los hombres dicen que las mujeres son contratadas por el tema de los detalles, que cuando el sexo femenino puso la mano en un plato todos se dan cuenta porque se nota el toque en los detalles. Esto no quita que un hombre no pueda tener esa delicadeza, pero la mujer lo tiene incorporado», comenta esta chica que físicamente aún parece tener los 19 años con los que entró a la empresa Star con una pasantía en la oficina de costos, ya que estudiaba administración hotelera.
Pero, como suele pasar con las grandes vocaciones, desde antes de salir del secundario sabía que la cocina era lo suyo. En el momento en que le preguntaron qué quería estudiar, la respuesta, gastronomía, no sonó muy convincente para los padres de Romina, que con el tiempo fueron aceptando que podía llegar a existir una «salida laboral» en esta carrera. Fue así que con entereza se acercó al chef del hotel para decirle que quería estar en la cocina y lo consiguió. Primero pasó por la cocina central, con la pastelería y los banquetes hasta que surgió la posibilidad de estar en el Crystal Garden, donde fue nombrada chef de partida hace ya un año y medio. «Por más que haya comenzado aquí de chica, estar a cargo de un sector es diferente. De todas formas -asegura- aunque parezca raro el promedio de edad de quienes trabajan aquí es el mismo que el mío (el mayor tiene 32 años), por lo tanto nos entendemos bien.»

Sorpresas

Simple, delicada, hablando con rapidez pero con ideas claras, esta mujer que se convirtió en una pequeña líder en un mundo de hombres, idea sus platos y, sobre la marcha, con la opinión de todos, va cambiando las salsas, las carnes -el producto que más le gusta trabajar- o las guarniciones. «A los platos básicos se les puede agregar un toque dulce o agridulce, y se podrá degustar algo totalmente diferente», comenta Romina Romeo, quien renueva su carta cada tres o cuatro meses, dependiendo del éxito de los platos. «Siempre dejamos algunos de los que resultaron favoritos y otros los cambiamos sobre todo porque quizás se usan productos que no son de estación. Ultimamente me gusta mezclar los condimentos. Ahora ofrecemos un conejo al curry y la gente lo pide, pero cuando lo pusimos en la carta nos pareció que no iba a sonar bien. Es un gusto diferente, es una carne magra que no muchos la piden. Esas son las cosas que logran sorprenderme, como cuando salgo al salón a mirar el buffet y la gente me habla. El domingo de Pascua un hombre quiso conversar conmigo para saber cuál es la receta de los tomates confitados. Yo no quería molestar, pero finalmente me quedé hablando un buen rato. Esos hechos me ponen contenta, porque 'gracias' es una palabra simple, pero que es bueno que te la digan.»
Quienes se dedican a la cocina, saben que tendrán horarios complicados, días de trabajo que serán difíciles de comprender para la familia y amigos.
Hay quienes estudian después de haber conseguido experiencia («A veces nos reímos porque mis colaboradores en las clases cocinan pollo a la portuguesa, algo que ya habrán hecho mil veces») y para otros es lo mismo dedicarse a ésta o a otra profesión. «Pero esto te tiene que gustar 100 por ciento, porque es muy sacrificado. Pero si tu familia y tus amigos te respaldan, no te va a importar», comenta Romina, quien fuera de su trabajo sólo cocina si sus amigas, después de una larga charla, mate de por medio, se lo piden, después o antes de encontrarse con su novio o ver a su sobrino de once años, o a su familia.
Son todos los «amores» a los que vuelve cuando llega la hora de «bajar los decibeles». Es allí donde se reencuentra con las cosas simples, con la milanesa con puré o el bife con ensalada, y se dedica a leer. Cuando llegan las vacaciones, la playa, el lugar que le encanta, la espera.


OJO CRITICO

Y si no es el mar, pueden ser las sierras, pero no importa el paisaje, sólo sabe que tiene que irse y distenderse, aunque no lo logre cuando va a comer a otro restorán. «Soy muy detallista, pero no se puede estar con el ojo crítico todo el día. Ahora me relajo más, porque si no uno sale y tampoco lo disfrutan los demás. Es bueno mirar afuera para comparar en qué escalón se está, para estar actualizado.»
Tranquila, aunque con carácter fuerte, según su propia definición, esta chef a la que también la atrae la psicología, asegura que estas características la ayudan no sólo con su entorno (porque le gusta escuchar y hacerla sentir tranquila) sino con su trabajo: «En esta profesión estar serena es importante, hay mucha gente que depende de vos y a su vez vos dependés de ellos. Quizás el día de mañana pueda seguir creciendo. Hay cosas que no me desesperan, sé que todo se va dando con el tiempo. Y si todo sale bien los premios vienen solos».

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