21 de marzo 2002 - 00:00

La guerra de los Oscar

La guerra de los Oscar
Por RICHARD CORLISS

(TIME) -- Esta carrera hacia los Oscar debería ser menos frenética que de costumbre. Tras el 11 de septiembre, está claro que Hollywood y los miembros de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas deben dar muestras de dignidad.
A los estudios cinematográficos les encanta la sana competencia, y la sucia también. Pero ahora las batallas por el Oscar son más feroces que nunca y se libran desde las trincheras, usando cualquier tipo de artilugio. Entre las tácticas favoritas figuran las operaciones encubiertas, la propaganda política y la información y desinformación transmitida en secreto a los medios. Hay suficiente mala intención como para abastecer a toda una campaña para el Senado. Y también hay mucho dinero: se han invertido aproximadamente 15 millones de dólares para que gane A Beautiful Mind (Una mente maravillosa) —lrededor de 2.600 para cada uno de los 5.739 miembros de la Academia—

" Siempre se ha competido ferozmente, pero no recuerdo haber visto semejante cantidad de golpes bajos y difamaciones como este año", dice Robert Osborne, el columnista de Hollywood Reporter y autor de 70 Years of the Oscar: The Official History of the Academy Awards (70 años del Oscar: la historia oficial de los Premios de la Academia). Asegura haber recibido innumerables notas anónimas y correos electrónicos que hablan mal de tal o cual candidato. Han quedado en la historia aquellos inocentes días en que los estudios simplemente ponían más dinero para promocionar a sus películas y estrellas y trataban de ganar la batalla a fuerza de billetes. Ahora se trata de derrotar al enemigo.

A algunos promotores de Denzel Washington (Training Day), Will Smith (Alí) y Halle Berry (Monster's Ball) se los acusa de jugar con una carta debajo de la manga: levantando rumores de que si un actor de color no gana, quedará comprobado que Hollywood es racista. Quienes desean que fracase el filme A Beautiful Mind sobre la vida del matemático esquizofrénico John Nash y con la actuación estelar del fornido y pendenciero Crowe, alegan que el libro en que se basó la película incluye exalta el antisemitismo y contiene escenas tórridas sobre relaciones homosexuales; ellos apuestan por la carta judía y la homosexual. (Recuerde que Hollywood maneja barajas muy coloridas...).

Al rojo vivo

El arte de congraciarse con los miembros de la Academia se remonta a 1930, cuando Mary Pickford, una de las fundadoras de la misma, ganó el premio a la mejor actriz tras haber agasajado a los votantes con suntuosas fiestas en su mansión de Pickfair. Pero la era de los ataques a la yugular comenzó hace tres años con la irrupción de DreamWorks, de Steven Spielberg, y Miramax Films, de Harvey Weinstein, quienes se caracterizan por luchar a brazo partido por la estatuilla a la mejor película.
Esta vez puede que no suceda lo mismo. Todos consideran que In the Bedroom, de Miramax, tiene pocas posibilidades. Y aunque DreamWorks ayudó a financiar A Beautiful Mind, será Universal Studios quien se lleve la gloria en caso de que triunfe.
Ahora otros estudios aprendieron a jugar el juego. Contratan estrategas para organizar sus campañas y hasta hacen que los nominados visiten a grupos importantes de votantes. Como candidatos presidenciales que acuden a los hogares de jubilados a cazar votos, los candidatos al Oscar visitan las residencias de ancianos donde viven los jubilados de la industria.
"Todos han tomado nota de lo que hacen Harvey y Bob y los imitan", dice un consultor que trabaja para Fox y su Moulin Rouge. Fox contrató un grupo de publicistas para que "den la mano y sonrían" a los miembros votantes de la Academia de varias edades que desempeñen distintos trabajos. Un rival también acusa al estudio de tener un documento de Miramax que detallaba las estrategias de Weinstein para conseguir el Oscar.

Un embrollo maravilloso

A Beautiful Mind es por muchos motivos una de las favoritas para mejor película: trata de una aventura sobre la vida real acerca de un héroe atormentado y su hermosa esposa. Y Crowe es un actor apasionado y sutil a la vez —uando no amenaza a los productores de televisión o despliega su aparentemente incontrolable descaro. Pero A Beautiful Mind tiene otras "cosas". Comprender qué hay detrás de toda esta campaña de rumores contra A Beautiful Mind no es fácil, porque a estas altura s del año nadie habla abiertamente sobre nada en Hollywood. Y en Hollywood, en cualquier momento del año, todos mienten. Pero la historia viene a ser algo así:

Después de que Howard y el productor Brian Grazer le compraran a Sylvia Nasar los derechos para llevar a la pantalla su biografía no autorizada de John Forbes Nash y su esposa Alicia, también tuvieron que pagarle a Nash por los derechos de representar "su vida". El matemático, que había sufrido delirios esquizofrénicos durante mucho tiempo, negoció un contrato que contenía una cláusula de lo que "no se puede incluir sin consentimiento" e insistió en que no se lo presentara como un homosexual porque no era cierto". No pidió que se omitieran sus delirios antisemitas, o su relación de seis años con otra mujer con quien tuvo un hijo. A Howard simplemente no le interesó concentrarse en esos temas, que le parecieron que solo complicarían la relación entre John y Alicia, la principal historia de la película.

Pero aunque a los artífices del filme no les interesaran estos incidentes, a Matt Drudge, un experto en sacar los trapos sucios en Internet, por cierto que sí. Cuando se estrenó la película, publicó una nota en la que la acusaba de "haber censurado" todas las escenas homosexuales del libro de Nasar. La fuente de la información parece haber estado en Miramax, pero Drudge no dice quién le pasó el dato sino que comenta, con una sonrisa: "unos pajaritos han estado cantando en mi ventana". Luego, el mes pasado, surgió la cuestión del antisemitismo. Se intentó vincular a Fox con esta nueva crítica, pero Drudge dice que lo encontró él mismo cuando leyó el libro "y la cuestión judía fue muy evidente".

Para los detractores de la película, estas omisiones son cruciales. Les parece que equivalen a los episodios autobiográficos de "Yo no fumé eso", Paula Jones y el cigarro habano de Bill y Hillary Clinton. Pero la producción de películas es casi tanto un arte de borrar como de visualizar. Como Iris, por que Judi Dench y Jim Broadbent están nominados este año, A Beautiful Mind es una biografía simplificada, o elevada: fue convertida en una parábola sobre la pérdida de la razón que no es sinónimo de pérdida de amor. De todas maneras, esa es la película que hizo Howard, y que probablemente se consagre como mejor película la semana que viene. Ahora que ha sido castigada, es una candidata oficial a los votos compasivos.

¿Cansado de los anillos?

Estos juegos de A Beautiful Mind deberían haber aumentado las posibilidades de El señor de los anillos. Obtuvo más nominaciones que ninguna otra película, y en 16 de los últimos 17 años la película con más nominaciones ganó el premio mayor. Pero sus rivales dicen que New Line Cinema, la distribuidora del filme, no ha sabido aprovechar las circunstancias. "No siento su presión", observó un estratega de otro estudio. "No parece que tengan su maquinaria publicitaria a toda máquina".
Russell Schwartz, un ejecutivo de New Line, tiene su propia visión, con un leve toque del 11 de septiembre: "Aunque la película ocurra en un mundo imaginario, el tema del bien contra el mal es más relevante que el de cualquier otra película que compite con ella". (Traducción: si usted no vota por El señor de los anillos, ganan los terroristas.)
Hasta ahora, la película ha estado a salvo de los Snidelys del séptimo arte: no se ha escuchado una palabra anti-Hobbit. Pero los analistas dicen que The Lord of the Rings pierde ante A Beautiful Mind. Tal vez New Line intente iniciar unos rumores en contra de su propia película para generar la caridad comprensiva de los votantes. —on informe de Jeffrey Ressner/Los Angeles.

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