11 de julio 2008 - 00:00

Lo primero es honrar al huesped

Honrar al huésped es una ilustre tradición que ha ganado en profesionalidad. Desde siempre los viajeros supieron que era lo más importante de sus andanzas. En la Edad Media, cuando se habían expandido las labores de hospitalidad, de asistencia a los peregrinos, de la atención de momentáneos huéspedes, se alcanzó una síntesis perdurable de lo esencial en un buen viaje. Se decía: «Debe ser bueno el arribo, el yantar, el yacer, y el tornar». Han pasado siglos tras siglos y sigue siendo lo mismo. Importan el viaje, la comida, la bebida y el descanso, y «todo lo demás por lo que se haya ido». Cada uno de esos aspectos, con el auge mundial del turismo, no ha dejado de progresar y ganar en una calidad que la globalización ha hecho prácticamente homogénea en las grandes capitales del mundo. Para conocer este fenómeno, Ambito del Placer entrevistó al directivo de un gran hotel, a un empresario gastronómico viajero, a chefs, bodegeros y personalidades del mundo gourmet.

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