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Los primeros pasos

En total, el equipo encontró 11 especímenes de al menos cinco individuos distintos en diferentes sitios, incluyendo el descubrimiento por parte de Haile Selassie, de la mandíbula inferior parcial con sus dientes respectivos, varios huesos de manos y pies, y restos de tres huesos de brazos y uno de clavícula. Por suerte, los fósiles estaban atrapados en sedimentos acoplados entre capas de ceniza volcánica, cuya edad se puede medir con precisión por una técnica conocida como datación de argón-argón (esta formación en capas aún es visible en lugares que no padecieron fuerte erosión, lo que permite a los científicos calcular la historia geológica de la zona). El veredicto, confirmado por un segundo método de cálculo de antigüedad y por los demás animales primitivos hallados con el homínido, se mantiene. La mayoría de los fósiles tienen entre 5,6 millones y 5,8 millones de años, aunque un hueso de un dedo del pie es algunos cientos de miles de años más joven.
Fue la detallada anatomía de estos fósiles fragmentarios, sobre todo los dientes, los que convencieron a Haile Selassie de haber descubierto un nuevo ancestro humano. Aunque de características similares a los simios, los caninos inferiores y los premolares superiores, en particular, revelan ciertos rasgos hallados sólo en los dientes de posteriores homínidos, el término que utilizan los científicos para definirnos a nosotros y a nuestros ancestros que no pertenecen a la familia de los simios. También se distinguen del tamaño de los dientes de todos los simios actuales y fósiles conocidos. Incluso la forma en que se desgastaron los dientes fue reveladora. El asesor de la tesis de Haile Selassie, el paleontólogo de Berkeley Tim White, explica: Todos los simios afilan sus caninos superiores al masticar, pero los homínidos no lo hacen . Los dientes traseros de la nueva especie también son más grandes que los del chimpancé, y sus dientes delanteros son de mayor tamaño, lo cual sugiere que su dieta incluía distintos alimentos fibrosos, en lugar de las frutas y hojas blandas que prefieren los chimpancés.
Cuando Haile Selassie comparó los huesos y dientes recién descubiertos con los del Ardipithecus r midus, un homínido de 4,4 millones de años encontrado en Medio Awash a principios de los años 90 que ostentaba el anterior récord de antigüedad, se dio cuenta de que los dos seres eran muy similares. Pero los dientes del más antiguo, aunque eran distintos a los de un simio, tienen varias características propias de los simios que las del homínido más tardío.
Sobre la base de estas diferencias menores, pero distintivas, Haile Selassie decidió clasificar el nuevo ancestro humano como una subespecie, o variación, de ramidus, y le ha dado el nombre Ardipithecus r midus kadabba.
El nombre se inspira en el idioma afar que se habla en ese lugar. Ardi significa tierra o piso, r mid quiere decir raíz, y kaddaba significa ancestro familiar básico. Conforme a la nomenclatura un tanto extraña de la ciencia, al ser más joven se le cambió el nombre a Ardipithecus ramidus ramidus.
Haile Selassie y sus colegas no reunieron aún suficientes huesos para poder reconstruir con gran precisión cómo se veía kadabba. Sí saben que tenía el tamaño aproximado de un chimpancé común actual, que al erguirse se eleva un promedio de 122 cm. Eso hace que tenga un tamaño similar al de su pariente cercano A. ramidus r midus y que sea aproximadamente un 20% más alto que Lucy, la famosa ante-pasada de 3,2 millones de años descubierta en 1974 a 80 kilómetros de distancia, más evolucionada. El tamaño del cerebro de kadabba y la proporción relativa de sus brazos y piernas también eran probablemente similares a los del chimpancé.
Pero a diferencia de los chimpancés o de los demás simios modernos que se desplazan sobre cuatro patas, es casi seguro que kadabba caminaba erguido la mayor parte del tiempo. Eso es claro por los 2,5 cm del hueso del dedo del pie. Los primates de dos piernas (incluidos los humanos actuales) se trasladan hacia delante pisando con la parte delantera del pie y levantando el talón. Este movimiento hace que los huesos del medio del pie tengan una forma particular, una forma que se se puede observar en el viejo hueso del dedo del pie descubierto. Si se comparan los huesos del pie de un chimpancé con los de sus manos, parecen iguales porque tienen la misma misión , o sea para agarrar las cosas, explica Haile Selassie. Los dedos de las manos y los pies de los homínidos son diferentes .
La forma exacta de caminar de este homínido sigue siendo un misterio, aunque su andar habría sido distinto al nuestro, debido a la diferente configuración del esqueleto. Los detalles del estilo de vida de kadabba son objeto de especulación, pero gran parte de su conducta sin duda era semejante a la del chimpancé actual. Probablemente pasaba algún tiempo subido a los árboles, vivía en grupos de ambos sexos, y en lugar de competir entre sí por las hembras, los machos seguramente se aliaban para defender al grupo contra sus depredadores, buscar forraje e incluso cazar.
Que kadabba caminara erguido es de una importancia inmensa. Los paleontólogos sospechan desde hace casi 200 años que el bipedalismo es probablemente el eslabón evolutivo clave que separó la línea de los humanos de la de los simios, y esa idea es reforzada por los hallazgos de fósiles que se remontan hasta el hombre de Java en la década de 1890. El esqueleto de Lucy, asombrosamente completo, con un cráneo de simio, pero de postura erguida, cementó esa idea hace 25 años.
Mucho más compleja es la respuesta al por qué los homínidos se erguían sobre dos piernas. La idea convencional se concentra en el hecho de que Africa oriental se tornó significativamente más árida al comenzar la evolución de la especie humana. El cambio habría favorecido a las praderas frente a los bosques y, según la teoría, nuestros antepasados evolucionaron para aprovechar la nueva situación. Aprendimos a caminar erguidos para poder ver por encima de los pastos altos y avistar a nuestros depredadores. Asimismo, con una postura erguida disminuye el calor despiadado del sol en las grandes extensiones de tierra, y aumenta para la brisa refrescante.
El único problema es que esta teoría es errónea. Al parecer, los primeros humanos no vivían en praderas. Con o sin clima árido, otro artículo publicado por Nature la se-mana pasada revela, basándose en los demás fósiles de la flora y la fauna, y de los elementos químicos de la tierra antigua, que Ardipithecus ramidus kadabba vivía en un entorno boscoso. Ese también es el caso de otros homínidos sumamente anti-guos hallados en los últimos años, incluso el de Ardipithecus ramidus ramidus y una especie llamada Orrorin tugenensis, según dijeron en diciembre pasado investigadores de Francia y Kenia. Y mientras la capacidad de caminar sobre dos piernas probablemente comenzó como una conducta adoptada cada vez con más frecuencia, la evolución exige una explicación de por qué persistió. A primera vista, el bipedalismo no tiene mucho sentido. Para nuestros prime-ros antepasados, habría sido más lento que caminar sobre las cuatro extremidades, mientras exigía la misma cantidad de energía.
Es antinatural. Es extraño , dice sin rodeos Lovejoy.
Pero las ventajas de caminar erguido habrían sido tantas que la conducta se mantuvo por miles de generaciones. La anatomía de nuestros ancestros se sometió a todo tipo de cambios básicos para adaptarse a esta nueva manera de caminar. Muchos de los cambios ayudan al cuerpo a mantener el equilibrio al estabilizar a las piernas, que soportan el peso, y a mantener al torso superior centrado sobre los pies. Lovejoy, que estudia la anatomía y biomecánica de la locomoción, cree que los cambios también podrían haber mejorado la coordinación. Para caminar erguido en forma habitual hay que hacerlo de forma sincronizada , explica. Si los ligamentos y músculos no están sincronizados se producirán lesiones. Y entonces podrían devorarlo a uno los leones . Los cambios fundamentales, con mucho, según Lovejoy, se produjeron en la columna. La distancia entre el pecho y la pelvis es mayor en los humanos que en los simios, y así se puede doblar la espina dorsal inferior, situando la parte superior del cuerpo por encima de la pelvis para mantener mejor el equilibrio. Mientras, la pelvis se fue haciendo más ancha, y los humanos desarrollaron una articulación en la cadera y músculos conexos que estabilizan la pelvis. Lovejoy explica: Por eso los chimpancés se balancean de un lado a otro cuando caminan erguidos y los humanos no .
También tenían que suceder cambios en el fémur. Por ejemplo, el cuello femoral la parte curvada en la parte superior del hueso es más ancha en los humanos que en los simios, lo cual mejora el equilibrio. La rodilla humana también está hecha para que caminemos erguidos. Para compensar que el fémur esté en ángulo existe un bulto o surco al final del hueso que impide que la rótula se desplace de los ligamentos. Los chimpancés no tienen este surco porque no existe ángulo entre la cadera y la rodilla , dice Lovejoy. Ese cambio indica que uno es un bípedo.
Finalmente, está el pie. Lo importante es el arco , señala Lovejoy. Es muy importante para absorber los golpes. Es como tener puestos un buen par de zapatos deportivos . Para crear ese arco, el pulgar del chimpancé se alineó con los demás dedos del pie, y los músculos y ligamentos del pulgar, que se utilizaban para asir y treparse, se reubicaron debajo del pie. La forma del pulgar del pie lo indica. Se puede ver en la especie de Lucy, dice Lovejoy, pero no en el hueso hallado por Haile Selassie, porque es de un pulgar distinto. Lo que podemos ver [en el pie del nuevo hallazgo] es que la base del hueso adyacente al nudillo tiene un ángulo distinto. Demuestra que la criatura caminó dando pasos con el talón levantado del piso, usando la parte delantera del pie como plataforma.
Los paleontólogos no se ponen de acuerdo sobre la evolución del bipedalismo, pero discrepan aun más sobre la organización del árbol genealógico de la humanidad. Según Haile Selassie y sus colegas, la historia de los últimos 5,8 millones de años es bastante clara y directa. Primero está Ardipithecus ramidus kadabba, el hallazgo más reciente. Luego, más de un millón de años después, aparece su descendiente, Ardipithecus ramidus ramidus. Después surge un nuevo género, llamado Australopithecus (al que pertenece Lucy), y finalmente, hace aproximadamente dos millones de años, los primeros integrantes del género humano Homo.
Pero no todos creen que sea así. El equipo francés y keniata que presentó el fósil de seis millones de años Orrorin tugenensis (conocido informalmente como el Hombre del Milenio, porque fue anunciado en el 2000) insiste que el suyo es el verdadero ancestro humano. Incluso descartan a Lucy y sus parientes, los más cercanos al linaje humano, porque son callejones sin salida de la evolución que no dejaron descendientes vivos.
Nadie discute que este antepasado competidor tenga seis millones de años y, por tanto, que sea más antiguo que Ardipithecus. Pero aún queda por demostrar que sea un homínido. Leakey dice: Si se lee su trabajo, casi todo lo que dicen sobre los dientes sugiere que es más parecido a un simio . Y cuando se llega al fémur no hay indicios de que la criatura no caminara sobre sus cuatro extremidades, asegura. Pero Brigitte Senut, del Museo Nacional de Historia Natural de París, y Martin Pickford, presidente de paleoantropología y prehistoria del Collège de France, directores del equipo que descubrió a Orrorin, rechazan las críticas. Fósiles adicionales hallados en marzo pasado, aseguran los franceses, junto con el análisis más detallado del que disponen ahora sobre los huesos anteriores, confirmarán la teoría. Estamos absolutamente encantados al respecto , dice Senut. Tuvimos la oportunidad de mostrar la evidencia a colegas en Sudáfrica recientemente y, sólo tras mirar la forma, exclamaron ¡Fantástico, es un bípedo! ¡Y un bípedo mejor configurado que Lucy! ..
Aunque tuvieran razón, determinar el camino exacto de la descendencia humana podría ser muy arduo. Durante gran parte de los últimos seis millones de años, numerosas especies de homínidos vivían en la tierra incluso hace apenas 30.000 años, cuando aún coexistían los humanos actuales y los Neanderthales. Todavía no hemos descubierto la relación exacta de los Neanderthales con la familia hu-mana. Es más difícil aun saber la pertenencia de las especies descubiertas últimamente, con muchos menos fósiles para estudiar. Si Orrorin resulta ser un homínido, las mismas dudas se plantearán en cualquier hipótesis que apunte a su posición estratégica en el árbol genealógico. Para el paleontólogo de la Universidad de Tokio Gen Suwa, uno de los descubridores del Ardipithecus ramidus ramidus, de 4,4 millones de años, Orrorin podría ser el antepasado de los nuevos restos de Ardipithecus, y no al revés. No hay nada en los fósiles que excluyan tal situación. Pero sólo con más análisis y nuevos descubrimientos se podrá determinar en qué lado de la división entre chimpancés y homínidos está Orrorin . De hecho, sugiere Haile Selassie, aunque Orrorin quizá sea uno de los primeros chimpancés o un simio que se extinguió, también podría ser el último antepasado en común de humanos y chimpancés, una criatura que los paleontólogos sueñan con encontrar desde hace décadas.
No hace tanto, los paleontólogos estaban seguros de que habíamos comenzado a ser humanos al erguirnos sobre los pastos de las sabanas. Ahora que la ciencia nos proporciona evidencia concreta, la historia es cada vez más complicada, y más interesante. Evidentemente, aún quedan muchas preguntas por hacer, y montones de futuras sorpresas en los antiquísimos sedimentos de Africa oriental.
-Informe de Simon Robinson/Nairobi


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