Sin embargo, sobre este ámbito opinó que "el perfil exportador argentino, desde la devaluación, se ha 'primarizado'. Han perdido peso las manufacturas de origen industrial, que fueron la vedette de los '90 en materia de tasas de crecimiento, para volver al paradigma anterior de la convertibilidad, donde las exportaciones están primordialmente ligadas a las materias primas y el agro".
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Al respecto, señaló que "los recientes acuerdos con China, en el marco de un gobierno industrialista, resultaron muy difíciles de comprender para los empresarios. Basar la suerte exportadora en tipos de cambio fuera del equilibrio, como los actuales, tampoco es una verdadera política de largo plazo, sino sólo un paliativo que puede terminarse en cuanto la Argentina se normalice internacionalmente".
Por otra parte, subrayó: "Estamos viviendo un momento de depreciación inusitada de nuestra moneda. El peso de diciembre de 2001 equivale a 4,8 pesos actuales, en términos estables (oro), y a 3,14 pesos actuales deflactados por IPC.
ESCENARIO
• Esto se debe al doble efecto de una gran depreciación del dólar y una fijación cambiaria de facto con esa moneda depreciada. El dólar deberá subir más temprano que tarde y las ganancias competitivas de la devaluación se irán perdiendo, a menos que se intente dejar que el dólar suba en pesos. Cualquiera de las dos alternativas serán complicadas para el actual modelo, que se viene beneficiando de una coyuntura singular". Según manifestó el economista a modo de cierre, "se esperan exportaciones estables o creciendo levemente, e importaciones creciendo más rápidamente que las exportaciones, producto de una consistente, aunque leve, mejora de la confianza. Y no se esperan cambios en el patrón exportador".
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