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''Nunca ha sido lo mío la desesperación del turista''
Para Barney Finn los hitos del viajero no son los clásicos del turista común, y menos en su caso que siempre mira con ojos de cineasta.
«Un lugar al que he ido una diez veces y sigue con todo el encanto de la época en que Napoleón III se lo regaló a la emperatriz Eugenia de Montijo, es para mí el Hotel du Palais. En ese lugar se hace el Festival de Cine de Biarritz, ahí he ido prácticamente con todas mis películas, allí ganamos el premio de televisión en 1987. Cuando paseo por sus calles recuerdo a aquellos argentinos que tenían su lugar en esa ciudad tan imitada.»
Los hitos del viajero para Barney Finn no son los clásicamente turísticos: «Viviendo en París nunca subí al Arco de Triunfo. No se me ocurrió porque lo integré de otro modo y me interesaba más ir a ver una obra de teatro o a conocer gente. En cambio cuando estuve becado en los Estados Unidos, quise llegar al Misisipí porque signó mi infancia a través de las páginas de Mark Twain. Si para mí fue importante como turista haber estado en un lugar como Delfos, el que me importa más desde los afectos es Honfleur, una villa que tiene casas de 1600 y cuyas callejuelas recorrí en bicicleta. Yo estaba en París, en la ciudad universitaria, y me habían invitado a la fundación de Madame Archauski en Hon-fleur, allí fui. Es la zona de La-Riviere-Saint-Sauver, Honfleur es como un puertito donde amarran grandes barcos, con galerías de cuadros y con un museo de un pintor que a mí me gusta mucho: Eugène Boudin. Y tanto me gusta que acá un amigo mío, Abel Zubizarreta, tiene un Boudin y cada vez que lo veo me traslado a Honfleur, a Calvados, a la Baja Normandía. Recuerdo que en aquel lugar donde nació Erik Satie, en un teatrito, Jean-Claude Drovot, el protagonista de «La Felicidad» de Agnes Varda, estaba haciendo un Moliere. Y al lado, en un cine, estaban dando «Les filles de joie», que era la película de Mirtha y Silvia Legrand «Bajo un mismo rostro» que dirigió (Daniel) Tinayre sobre un libro de Guy des Cars adaptado por Silvina Bullrich. Era aquella película donde una hacía de monja y otra de prostituta, y que filmaron en el asilo que hoy es el Centro Cultural Recoleta».
Hay un encuentro con el propio «destino sudamericano», que Borges observó en el fin de la vida de Francisco Narciso de Laprida, que pareciera que muchos creadores encuentran como una etapa de su intensa labor. Barney comenta que recorrió mucho el país pero en función de trabajo, del cine y el teatro. «Fui a Misiones para filmar 'Más allá de la aventura', película horrenda, pero que filmé. Por 'La balada del regreso' fui a Salta y conocí la Quebrada, Cafayate, Güemes, Campo Santo. Con 'Momentos robados' tuve que recorrer la Patagonia. Y me tuve que instalar en Viedma para hacer 'Contar hasta diez'. Lo mismo podría decir de los países cercanos, Uruguay, Bolivia, Chile o Perú, donde estuve a punto de ambientar 'Comedia rota'. Me pasé recorriendo el Puente de los Suspiros y allí un productor me contó que había estado Carlos Thompson con Lily Palmer. Y si no era que iba para filmar, el cine me llevaba a participar en festivales».
Y de inmediato surge una emotiva anécdota: «Fui a Chile, que me encanta, porque había un festival en su Cartagena, lugar que conocía por la literatura, porque está la tumba de Vicente Huidobro y la casa del pintor, novelista y aristócrata Adolfo Couve, al que hacía mucho que quería conocer. Gracias a los libros de Couve, un escritor con el que tengo tanto que ver, tantos puntos de contacto, le tomé gustó esa ciudad balnearia tipo 'belle epoque' pero venida muy a menos. Apenas llegué fui a su casa, pero llegué tarde, hacía una mes que se había suicidado».
Rememora: «Estuve en Ascochinga, siempre tan interesante, con esa estancia que fue de Roca y esa iglesia donde dicen que rezó Jacqueline Kennedy cuando fue a la estancia de los Cárcano. Pasé por Santa Catalina, donde Raúl de la Torre filmó «La Revolución». Es una pena que la hayan remozado, sacándole esa maravilla de la carga de los años. Córdoba tiene cosas muy interesantes que a veces no se conocen tanto, siempre están flotando sombras del pasado, siempre uno se va a encontrar con algún castillito en el que dicen que vivió algún alemán de pasado oscuro. En esos lugares se combinan el descanso, el reencuentro con amigos y el conocimiento, la mezcla con lo histórico, y de pronto en un pueblito de Traslasierra, uno se encuentra con un restaurante que parece europeo, o en Yacanto uno se enfrenta a ese gran hotel que aún habla de los pasados esplendores de los ingleses que estuvieron en la zona».
San Luis a Barney Finn «realmente» lo sorprendió. «Merlo es un emprendimiento muy atractivo, que espero que no lo transformen como a Carlos Paz. que está como fuera del tiempo, me encantó. Uno mira con cierta deformación profesional, en mi caso como si mirara por una cámara para filmar. Cuando vi la mina Los Cóndores, a mitad de un camino muy aislado, tomé una pequeña filmación y fotos, y le dije a (Emilio) Basaldúa y a (Héctor) Olivera que ése es un enclave perfecto para la historia de una bandida inglesa que quieren filmar».


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