16 de noviembre 2007 - 00:00

París y un intendente que anda sobre ruedas

París y un intendente que anda sobre ruedas
Escribe Martín Garrido

No hay nada mejor que un intendente afrancesado, a juzgar por el éxito de Bertrand Delanoë como maire de París. Para que se respirara mejor, multiplicó los senderos exclusivos para los ómnibus públicos, marginando los autos particulares, y cerró muchas calles los domingos
y feriados, para reservarlas para peatones, ciclistas y patinadores (roller). Dentro de esa política para reducir la emisión de gases y preservar el medio ambiente, incorporó un sistema para residentes y turistas de bicicletas, el Velolib (liberación vía bicicleta). En los principales lugares, uno puede tomarlas de manera automática con sólo introducir una tarjeta de crédito. Por media hora no paga nada y a partir de ese momento, la escala de precios va de un euro por día a cinco euros por semana. Nada más. El sistema se financia con publicidad y su finalidad es aliviar el tránsito y el bolsillo, porque un boleto de métro cuesta 1,5 euro.

El tranway verde

Actualmente hay 314 kilómetros de senderos para bicis y otros 24 en el Bois de Boulogne y Bois de Vincennes, los bosques de los reyes que rematan los extremos de París. La pasión por ampliar los espacios verdes suma 30 hectáreas por año en los distintos distritos para agregarlas a los 450 parques, plazas y jardines que ocupan la tercera parte de la superficie total.
La novedad más reciente es el Promenade des Plantes, que comienza detrás de la Opera de la Bastilla y transformó en un paseo de árboles y plantas de 45 cuadras lo que era un ramal ferroviario abandonado. Se parece a los puentes de ladrillos de los bosques de Palermo que están en uso. Con esa operación se creó una zona de tiempo libre y se multiplicó el valor del vecindario en torno al Viaducto de las Artes, donde los artesanos tienen sus locales.
Con similar propósito se restablecieron 70 años después los tranvías que se habían abandonado por obsoletos en 1937 y que están de moda en Europa y ahora en Puerto Madero. La línea T3 circula desde las puertas de Sèvres a Ivry en la zona sur, que, como aseguran la canción de Joan Manuel Serrat y todos los intendentes, también existe. Lleva el doble de pasajeros por día que el ómnibus, tiene prioridad de paso y corre entre el césped, por lo que lo llaman el tranway verde. Están en marcha más proyectos con vehículos de un diseño ultramoderno y cómodo que los hace parientes del TGV, el tren de alta velocidad que es el orgullo ferroviario francés, con sus 300 kilómetros por hora.
Ninguna de estas innovaciones se olvidó del subterráneo, cuya línea totalmente automática, el Métro, ya llega desde la gare St. Lazare hasta la Biblioteca Mitterrand. También apuesta a las comunicaciones inalámbricas proponiendo que toda la ciudad tenga banda ancha gratuita y ya este año se contó con esa posibilidad desde cualquier parque para conectar la computadora o la Palm.

¿Solo para bo-bos?

También para divertirse establecieron las Noches Blancas (Nuit Blanche), donde el 6 y el 7 de octubre todas las instituciones públicas estuvieron abiertas e iluminadas. En Buenos Aires tenemos la Noche de los Museos, otra excelente idea que está vinculada a París. Incluso el lamentable incidente de 2002, cuando el intendente fue atacado y herido, no alteró la fiesta porque desde el hospital donde lo atendían pidió que todo siguiera igual.
A propósito del Hotel De Ville, el deslumbrante palacio municipal de 1882, ahora se puede recorrer por Internet o visitarlo hasta el despacho de su jefe. Y fue el escenario de la megaexposición
gratuita dedicada a Dalida (1933-1954), la cantante francesa nacida en El Cairo que sigue siendo un ídolo para los franceses. Sus críticos dicen que con estas iniciativas lo que se consigue es transformar París en una «ville de bobos», juego de palabras para sintetizar bohemios y burgueses.
La respuesta concreta es que Delanoë ya anunció que se presentará el año próximo para un nuevo mandato. Se considera que es un intendente 100 por 100 y quiere seguirlo siendo. Lo singular es que no sólo no fue alcanzado por la caída del socialismo en las últimas elecciones, sino que se habla incluso de que puede ser un serio rival para enfrentar a Ségolène Royal en la conducción de su partido. Con un dato lateral significativo: que su management ha sido calificado con una triple A por las consultoras Standard & Poor, Moody's y Fitch Rating, lo que ubica a la ciudad en el mismo alto nivel de eficiencia de Otawa, Estocolmo y Viena.

Un Sarkozy del PS

Al asumir su primer mandato en 2001 prometió movilizar la ciudad. Una actitud precursora porque apostó a la modernización, como lo hace ahora el nuevo presidente Sarkozy, también hijo de inmigrantes. Porque Bertrand nació en 1950 en Túnez y con su familia se trasladó a Francia, donde hizo carrera en el Partido Socialista hasta llegar a ser senador. Dejó la banca por su cargo ejecutivo y, en una elección muy reñida, le ganó a la derecha, que era siempre la favorita. Se recuerda la llamada cohabitación en los tiempos en que Mitterrand era presidente y Jacques Chirac el maire de París.
Su llegada no sólo fue ajustada, sino intensamente polémica ya que, un par de años antes, en una entrevista televisada en 1999, reconoció públicamente que era homosexual. Un hecho inédito entre los políticos franceses, aunque ya dejó de ser novedad. Sus preferencias sexuales no son las que preocupan a los parisinos, sino la dinámica que le dio a una ciudad que anda sobre ruedas.
Quizá la clave es que tampoco se habla demasiado de política, sino de gestión y que está más atento a las inquietudes más vitales de la gente. Lo vote o no. Por eso le interesa más levantar una estatua de Edith Piaf en su barrio natal, el periférico Belleville, que salir en los chimentos partidarios. A su manera, es otro revolucionario al estilo Sarkozy y no parece tener problemas de convivencia con alguien de derecha.

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