19 de julio 2001 - 00:00

Se jerarquiza el oficio de los productores musicales

Se jerarquiza el oficio de los productores musicales
Escribe Esteban Carvajal

Desde sus comienzos, la profesión de músico, sobre todo de rock and roll, guardó un halo bohemio y rebelde, que supo mantener a lo largo de su larga y sinuosa historia. Sin embargo, a pesar de su perdurabilidad, esta característica no se mantuvo incólume a los avatares del tiempo, ni mucho menos. A comienzos del siglo XXI, la música, como tantas otras formas de arte, también sucumbió, al menos en parte, a los dictados del negocio, que, entre sus premisas fundamentales, postula que nada debe quedar librado al azar. Hoy en día prácticamente ninguna conducta -convencional o rebelde-, letra, ritmo o nombre que adopta un músico o una banda profesionales deriva de la mera voluntad de los mismos. Por el contrario, en un mercado híper competitivo, que mueve cuantiosas sumas de dinero, casi todas las decisiones son complementos de una estrategia meticulosamente planeada, dirigida a que el o los artistas en cuestión trasciendan el anonimato y alcancen las supuestamente dulces mieles de la fama. Desde ya que pueden encontrarse honrosas excepciones, pero, como se sabe, éstas no cumplen otra función que confirmar la regla.

Demás está decir que este fenómeno introdujo notorios cambios en el ambiente de la música. Uno de ellos es la renovada tarea que deben cumplir los productores, oficio que hasta hace algunos años quedaba en manos de personas sin conocimientos específicos en la materia y que, por ende, se hacían camino al andar.

Funciones

Hoy en día, el productor cumple una tarea fundamental y diversificada, que va desde detectar y explotar los atributos técnicos de la banda que esté a su cargo, hasta decidir hacia cuál de los múltiples circuitos musicales que existen conviene apuntar la promoción del grupo, pasando por realizar los contactos pertinentes para que los discos o los demos del mismo caigan en los medios de difusión indicados. Todas estas tareas no le son ajenas al productor que se precie de tal, convertido de esta manera en algo así como el director técnico de una banda de música. "Hoy en día el proceso que atraviesa un grupo o una banda para convertirse en profesional es muy largo y está compuesto por muchas aristas. Y dentro de ese proceso se incluye desde la decisión de quiénes integrarán la banda hasta qué instrumentos se van a utilizar, qué canciones se van a grabar, dónde, con qué aparatos, en qué estudios de grabación, etc.", dice Vasken Eduardo Bezazian, rector de la Escuela de Música de Buenos Aires (EMBA), fundada en 1986, incorporada a la enseñanza oficial en 1992 y que dicta la carrera de productor profesional de música. De esta manera, queda claro que los buenos viejos tiempos en los cuales las bandas de música podían vanagloriarse genuinamente de su relativa independencia a la hora de tomar sus decisiones quedaron definitivamente en el olvido. Esto es porque, como bien señala Bezazian, la música también se convirtió en un producto, que incluye discos, videos, artículos de promoción, etc. "Por eso, la música no se termina en el cantante o el intérprete. También incluye a muchos otros profesionales (sonidistas, técnicos, etc.), entre los cuales el productor cumple un papel fundamental. Por los conocimientos que tiene, éste último es el que controla todo el proceso y está en condiciones de dirigirlo, siempre con un ojo puesto en el aspecto comercial pero respetando el costado artístico de la banda. En la música siempre hay un aspecto técnico, artístico y uno comercial. El productor tiene que conocer sobre los tres y a la vez saber combinarlos", explica Bezazian.

Saber escuchar

Pero, fundamentalmente, el productor tiene que saber escuchar. "Es lo más importante, porque es lo que le va a permitir distinguir cuáles son las potencialidades de la banda o del músico con el cual trabaja y en función de eso, poder explotarlas".

Según Bezazian, la carrera de productor profesional de música tuvo desde sus comienzos una buena acogida entre los jóvenes, que se volcaron sin hesitar al estudio de la profesión, con la intención de aprender y sobresalir en un medio laboral que hasta no hace mucho se caracterizó por ser absolutamente autodidacta. Asimismo, Bezazian destacó que EMBA tiene convenios de pasantías firmados con estudios de grabación, con radios y otros medios de comunicación, que les permiten a los alumnos entrar en contacto con el ambiente en el cual se desempeñarán una vez egresados.

Bezazian aprovecha para remarcar la diferencia que existe entre el manager y el productor; mientras el primero tiene como función primordial defender los intereses comerciales del artista, el segundo, más allá de que también puede dedicarse a esto último, está capacitado para cumplir una función más amplia y tecnificada, más relacionada con la música en sí. Aunque el rector de EMBA reconoce que esa línea imaginaria que separa ambas profesiones no es estática ni hermética, sobre todo en medios musicales incipientes como el argentino, en el cual, por lo general, una sola persona termina encargándose de múltiples tareas a la vez.
Teoría y práctica
El dictado de la carrera combina la teoría con la práctica. Para ello, la escuela dispone de aulas especialmente equipadas, de manera que los alumnos pueden plasmar en la práctica los conocimientos que van adquiriendo mediante las clases teóricas. Por ejemplo, una de las aulas contiene una consola analógica de 24 canales, una consola digital de 16 canales y 2 grabadores de ADAT. Por su parte, otra de las aulas, utilizada para mezclar grabaciones, contiene una grabadora de CD y diversos procesadores. La escuela también dispone de un estudio de grabación, en el cual se llevan a cabo las clases de producción, equipada con una consola digital de 24 canales, grabadoras ADAT, 2 monitores y videocaseteras, entre otros equipos.
© Copyright SU DINERO Personal, 2001