Una ciudad que tiene mucho de Fórmula 1

Secciones Especiales

Rodeados de una selva de rascacielos, porque tiene más de 15 edificios que superan los 190 metros, nadie diría que su nombre significa «confluencia fangosa» por la unión de los ríos Gombak y Klang. El clima no cambió desde que se fundó en 1857 y su temperamento tropical la envuelve en calores húmedos, lluvias que tan pronto llegan como desaparecen y tormentas que son un espectáculo aparte. Lo que no representa ningún obstáculo para su vertiginoso desarrollo ya recuperado luego de un ligero paréntesis.
Kuala Lumpur apuesta a la modernidad y a la tolerancia en un país de mayoría musulmana donde cualquiera se siente seguro y en paz. Lo comprobamos desde que llegamos al aeropuerto (KLIA), citado como uno de los mejores del mundo. Más de 40 compañías usan sus 4 pistas, las que reciben 25 millones de pasajeros por año. Está en medio de un bosque tropical de diez mil hectáreas cercano al autódromo de Sepang inaugurado en 1999 donde ganó dos veces Michael Schumacher. La ciudad, un poco más grande que nuestra Capital Federal, tiene unos 4 millones de habitantes, la quinta parte de la población total de Malasia.

JugueterIas para grandes

Algunos pasajeros están de paso para una conexión y no se van a aburrir porque parece un parque de diversiones último modelo. Por empezar, el tren que conecta la base con el edificio satélite que tiene a sólo 5 minutos de caminata un hotel de 5 estrellas de 441 habitaciones. Todo tipo de servicios están para servirlos, incluso masajes que son ideales para reponerse después de largos vuelos como los que llegan desde América del Sur atravesando Sudáfrica por Malasyan Airlines. Otro capítulo muy especial, como en general en todo Oriente, son las tiendas libres de impuesto, los duty free, equivalentes en seducción a una juguetería para grandes. Uno puede quedarse en el aeropuerto a esperar su conexión o hacerse una escapada al centro porque el sistema de retorno está asegurado y no hay riesgo de perder el vuelo. En sólo 28 minutos se llega con un tren de alta velocidad hasta el triángulo de oro de KL.

Junto a las Mellizas de Oro

En el KLCC (agregándole a la ciudad las iniciales de Commercial Center) nos encontramos con las Torres Gemelas que se ven desde todas partes. Nuestro compatriota César Pelli evocó en su diseño motivos tradicionales del arte islámico respetando la herencia musulmana de Malasia. La imagen forma parte de la iconografía popular y durante cinco años con sus 452 metros fue el rascacielos más alto del mundo. El edificio se terminó en 1998 y recién lo superó el Taipei 101 de Taiwán en 2003.
Las torres tienen 88 pisos y están unidas por una pasarela entre los pisos 41 y 42 que forma el llamado Skybridge, el puente del cielo. Es el punto más alto al que se puede acceder libremente porque los pisos superiores están limitados a los funcionarios de la empresa estatal Petroliam Nasional Berhad (abreviada en Petronas). No sólo se ocupan de gas y petróleo sino que una subsidiaria en ingeniería construye chasis para motores Ferrari y son los principales anunciantes de los grandes premios de Fórmula 1 en Malasia y China.

Para el que lo mira por TV

Uno puede llegar a ese observatorio que es gratuito, pero necesita un pase que sólo se extiende a 1.200 personas por día y hay que madrugar para conseguirlo. Un tip es guardar el pase y en lugar de las primeras colas que son las más abundantes irse hasta el shopping vecino que es espectacular. O, si lo prefiere, tomarse un taxi hasta el otro gran edificio, el Menara, donde está instalada la antena de televisión a 310 metros de altura para ver desde allí a las Petronas y sacarles una foto única. La distancia es corta pero no es fácil hacerlo caminando porque son círculos muy amplios entre jardines que nos hacen extrañar nuestras manzanas tan simétricas. Esta torre, que hace juego complementario con sus hermanas mayores. Tiene un observatorio del tipo Empire State con gráficos que permiten ubicar los puntos más importantes. O mejor aún reservar una mesa en el restorán giratorio para una visión en un ángulo de 360 grados y disfrutar de otro de los tesoros que es la comida.

Vuelta a Oriente plato tras plato

A propósito de la gastronomía, KL despliega una suerte de smorgasbord (con permiso de los escandinavos) con sus sabores, estilos, especias, gustos. En la cocina malaya predominan los ingredientes naturales y cultivados en casa: cocos, ajíes, hojas de lima, dados de arroz hervidos en hojas de palmera, etcétera, que se suman a las especialidades de China y la India. La cocina local es un producto turístico que ayuda a diversificar la experiencia del visitante y es difícil encontrar una preparación que no integre las corrientes que participan de esta sociedad donde el multiculturalismo no es un slogan, no sólo con vertientes de los países vecinos sino también europeos (Italia o Francia). Esta nueva Malasia es un mosaico del que participan Oriente y Occidente y no tiene pudor de abrir las puertas al capitalismo y presentar sus expresiones más altas en shopping y hoteles cinco estrellas.

Suria, ¿KL o Rodeo Drive?

Al lado está Suria KLCC, un enorme mall con la aristocracia de las marcas mundiales en una zona que se gana el adjetivo de Triángulo de Oro. Los entendidos aseguran que sólo puede compararse con sus pares en Dubai, convertido hoy en un paraíso de compras. Tiene 6 pisos con un subsuelo donde se puede comer y bien, no es un «patio de comidas», y otro piso reservado para restoranes exclusivos. Parecido al Time Warner en Columbus Circle en Nueva York. Y de la misma forma tiene un gran teatro, cines, etcétera. Hay locales para todos los gustos y programas de promociones continuos. Es un show en continuado donde «siempre hay algo nuevo» desde las 10 de la mañana a las 22 los siete días de la semana. En un sector desfilan ropas de Donna Karan y un poco más allá hacen lo mismo Dior y Givenchy, mientras Sony y Nokia muestran equipos en alta tecnología y L'Oreal de París presenta sus novedades lo mismo que Shiseido en maquillaje. Es una versión con aumento de Rodeo Drive. Aquí no hay ningún artículo de primera necesidad, todo es fantasía. Parece una performance del Cirque du Soleil sobre un escenario gigantesco y diverso. Incluso el árbol de Navidad que atraviesa toda la estructura y confirma la cualidad cosmopolita que la hace tan cordial para visitantes de cualquier parte del mundo.

Dormir es un sueño

KL es una de las ciudades preferidas de los nuevos nómades, los que buscan niveles mayores de satisfacción a la hora de dormir. Aunque no piensen en dormir porque hay cada vez más discos y la música tienen una omnipresencia comparable a cualquier lugar de Europa o América. Al lado también están el Mandarin junto a fuentes y plantas y cerca el J.W. Marriott, el Four Season y el Ritz Carlton. El término refinamiento oriental se aplica en estilos donde cada pasajero puede tener no sólo su mayordomo sino también un cocinero a la orden (chef on call). La nómina es amplia, con abundancia en hoteles que pueden considerarse palacios. Y como nota muy singular, sobre una colina a 20 minutos de auto del centro, incluye el «Carcosa Seri Negara». Son dos residencias unidas que sirvieron como sede hace más de cien años del primer gobernador inglés de los estados malayos. Tiene sólo 13 habitaciones en suite y pertenece a la élite de hoteles que maneja Adrián Zecha, el responsable de Amanresorts de Singapur que acaba de inaugurar el Setai de Miami. Con un agregado que prometo no perderme la próxima vez que pase por KL, el servicio de té inglés que se considera el más espléndido del sudeste asiático. Un poco más lejos, pero bien ubicado para los viajeros, está el Hilton en la Central Station desde donde sale el tren al aeropuerto. El estándar es similar en calidad, sin mayordomo pero con pantallas de plasma de 42 pulgadas en cada habitación. Y tiene para mí una amenidad muy grata. Desde su piscina uno se puede retratar con las Petronas de fondo, cosa que no es fácil para encuadrar un primer plano con un rascacielos. No es poco mérito disfrutar de un buen chapuzón para luego mostrarles la foto a los amigos.

Un museo, uno solo

Hay muchas cosas para ver al margen de edificios modernos, centros comerciales, restoranes y hoteles. Por ejemplo, el barrio de Chinatown con sus comidas callejeras y la picaresca agregada de las mercaderías falsificadas que se ofrecen por las calles. Con imitaciones tan bien hechas que hasta sorprenden a los que poseen una cartera Vuitton auténtica. Si quiere comprar algo muy especial, de esas cosas que no se encuentran en un shopping, una sugerencia sería visitar el bello Museo de Arte Islámico que tiene una boutique con piezas que parecen irrepetibles porque son obras de arte popular genuino. Con el endoso de un museo que nos puede enseñar mucho y donde se come, y muy bien, en su restorán de Medio Oriente. Como despedida de este viaje de papel le propongo que visite su sitio en Internet (www.iamm.org.my), le va a resultar muy interesante aunque no conozca Kuala Lumpur ni tenga pensado visitarla por ahora.

Dejá tu comentario