4 de agosto 2006 - 00:00

Una excursión por lugares de leyenda

Las ruinas de San Ignacio Miní son las más visitadas. Allí se realizaron grandes trabajos de restauración, impulsados por un ilustre vecino de la zona: el escritor Horacio Quiroga.
Las ruinas de San Ignacio Miní son las más visitadas. Allí se realizaron grandes trabajos de restauración, impulsados por un ilustre vecino de la zona: el escritor Horacio Quiroga.
Acaso recuerden a Robert De Niro y a Jeremy Irons algunos de los que llegan a la provincia de Misiones atraídos por las Cataratas del Iguazú. El paisaje, la zona, tal vez le traiga a la memoria la película «La misión», donde De Niro interpretaba a Rodrigo Mendoza, un esclavista asesino que busca su redención ingresando a la misión jesuítica que conduce el padre Gabriel, protagonizado por Jeremy Irons.
Pero hay muchos otros viajeros que, sin necesidad de ese recuerdo, eligen hacer un recorrido por las huellas dejadas por los miembros de la Compañía de Jesús. Desperdigadas por diferentes regiones de Misiones, las ruinas de las ciudadelas jesuíticas construidas a principios del siglo XVII conforman un extraordinario circuito turístico.
Se llamaron misiones o reducciones jesuíticas a los pueblos fundados por la Compañía de Jesús, creada por San Ignacio de Loyola, que tenían como fin evangelizar a los nativos de la actual provincia de Misiones, el norte de Corrientes, el Paraguay y el sur del Brasil. Si bien extendieron su misión evangelizadora tambien a Bolivia, Perú, Ecuador, Canadá, India, Japón y China, tienen en la Argentina vestigios de su labor de fama mundial. Hay en la provincia de Misiones magníficos restos de las ciudadelas que diseñaban y en las que establecían templo, plaza, cabildo, escuela, imprenta, almacén, cementerio, viviendas, hospital y tambo. A la misión catequizadora sumaban la social y la cultural, impulsaban a las poblaciones tanto a realizar producciones agrícola-ganaderas como a aprender español, música, danzas y hasta a realizar representaciones teatrales.
Si bien las construcciones de San Ignacio Miní son las más visitadas, el territorio tiene una profusión de tesoros para mostrar como Santa Ana, Santa María, Nuestra Señora de Loreto y Santa María, que, aunque no han sido sometidas a los grandes trabajos de restauración que recibieron las de San Ignacio (que fueran impulsadas por el escritor Horacio Quiroga), también poseen el encanto de mostrar la arquitectura que los sacerdotes jesuitas trajeron a las tierras mesopotámicas.
El trazado urbanístico fue la primera tarea que tuvieron que enfrentar los jesuitas para comenzar la construcción de las misiones, su utopía evangelizadora. Al recorrerlas, se percibe en todas la misma disposición: una cuadrícula que tiene como centro a la iglesia, una construcción imponente frente a la plaza. Supieron aprovechar la habilidad artística de los indígenas.
En las misiones surgieron carpinteros, ebanistas, herreros, pintores, escultores y plateros que construyeron grandes templos y tallaron ángeles y flores en sus frentes, paredes, pilas bautismales y púlpitos.
Hitos para visitar
Iniciar el recorrido por la ciudad de Posadas es una forma habitual de empezar a conocer las misiones jesuíticas para continuar luego por la localidad de Santa Ana, donde se encuentran las ruinas del mismo nombre que fueron fundadas en 1660. A pesar del constante avance de la selva sobre lo que queda de las antiguas edificaciones, aún hoy se pueden apreciar lo que fueron las primeras y precarias viviendas, la iglesia y otras construcciones. A escasos 50 kilómetros de allí está la misión de Nuestra Señora de Loreto, uno de los pueblos jesuíticos más importantes por su producción de yerba mate y lienzos.
Pero en pleno centro de la localidad de San Ignacio, a 60 kilómetros de Posadas, por la Ruta Nacional 12, surgen las ruinas de San Ignacio de Miní, reducción fundada en 1610 por los padres José Cataldino y Simón Maceta, con sus gruesos muros de asperón rojo que, aún hoy, se conservan. En su época de esplendor, la misión contó con 3.300 habitantes que se mantenían en contacto con el resto de las reducciones a través de las aguas del río Paraná.
Tras la expulsión de los jesuitas, sus construcciones quedaron en el olvido, al igual que la ciudad. Recién en 1939, el Estado comenzó la recuperación de las ruinas que, en 1949, fueron declaradas Monumento Histórico Nacional y, en 1986, fueron reconocidas por la UNESCO como Patrimonio Cultural de la Humanidad.
Pero esta localidad tiene un atractivo adicional. Fue en San Ignacio donde Horacio Quiroga creó relatos como los de «Cuentos de la Selva» y «Cuentos de Amor, de Locura y de Muerte».
Sus herramientas, una vieja motocicleta y hasta la mesa y su máquina de escribir se encuentran aún muy cerca del peñón del Teyú Cuaré.
La última parte del recorrido turístico por las ruinas incluye a las Santa María, en el departamento Concepción, en el sur misionero, donde, además de los restos de la tradicional reducción, plazas, plazoletas y túneles, hay un hecho que si bien remite a lo ocurrido en otros lugares de América, como México, no deja de sorprender.
El pueblo fue construido sobre restos de reducciones, por lo tanto, en los alrededores de la plaza principal y hasta en los patios de algunas casas antiguas se conservan vestigios del paso de los jesuitas.

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