Después de “La shikse”, Sebastián Kirszner estrena “Instrucciones para ser una idishe mame”, protagonizada por Silvia Kanter, donde se combina el humor judío y la pregunta por la tradición. Con funciones desde el sábado 18 en La Pausa Teatral, la obra busca rendir homenaje a todas las madres, sean idishes o no. Dialogamos con Kirzner.
Periodista: ¿Qué historia cuenta la obra y qué temas toca?
Sebastián Kirzner: Es la historia de Mirtha Goldstein, maestra de idishe mames. Es una clase magistral en la universidad donde las aspirantes aprenderán el folklore y la cultura de la madre judía: sus costumbres y condimentos. Habla de judaísmo pero también de los vínculos filiales más fuertes como madre-hijo. Obviamente al espectador judío puede tocarle una fibra particular por las costumbres, las comidas, la música, el idish, pero también al no judío, que tuvo una nona por ejemplo.
P.: ¿Cómo se diferencia de la docena de idishe mames que pasaron por los escenarios?
S.K.: La nuestra es la maestra de todas. Es necesario que toda mujer judía en edad fértil se acerque a esta clase para agudizar y afinar sus formas judías. Seguro sus hijos no están bien alimentados o abrigados o quizá no saben sentirse todo lo culpables que deben sentirse. Esta obra es un homenaje a todas las madres, sean idishes o no.
P.: ¿En quién se inspiró y cómo eran esas mujeres en la vida real?
S.K.: Es una mezcla de lenguajes, actuación, texto y puesta en escena. Tanto la actriz como yo crecimos en hogares judíos donde no sólo estaban las madres y abuelas sino tías y amigas de las madres, idishes mames por todos lados. Esa construcción cultural creció con nosotros y es parte nuestra, por eso escuchamos una melodía en idish y nos emocionamos, porque son los recuerdos de la infancia. Eso también es nuestro espectáculo. Tomamos vivencias que son multiplicadas por el acto creativo ya que esos recuerdos ya no son exactamente eso sino un nuevo relato.
P.: ¿Cuáles son esas vivencias?
S.K.: Uno de los momentos más emotivos de la obra es cuando Mirtha habla de los knishes de papa de su mamá con un detalle y una receta que eran los de mi abuela, con la base quemada, y el sabor único que tenía su comida. En ese momento cada uno conecta con su familia y sus antepasados. También cuando canta en idish recupera su historia, el idish no atravesó a mi generación sino a la de mis padres o abuelos y el público de esa edad ahí conecta de manera muy singular.
P.: ¿Por qué atrae tanto la idishe mame como personaje potente?
S.K.: Por la comida. Knishes de papa, guefile fish, varenikes. Como arquetipo tiene una forma exagerada de ser madre, ahí es donde puede generar identificación en cualquier hijo y en cualquier madre.
P.: ¿Tiene algo del humor judío de Moldavsky o de los símbolos del teatro judío?
S.K.: Hay lugares comunes que aparecen en el humor judío hasta David Rosenmayer, no solo las formas sino los temas, la pregunta por la identidad, cómo ser judío hoy, la carrera universitaria, la novia no judía. Hay un patrón cultural que se repite a lo largo de las obras y de los siglos.
P.: ¿Qué sigue? ¿La morá (maestra), el mohel (rabino que hace la circuncisión)?
S.K.: La del mohel no se me había ocurrido pero es una gran idea. Mi abuelo contaba que había un árbol en el fondo del patio de su casa donde estaban enterrados los prepucios de todos los nietos. Buena imagen disparadora para una obra de teatro.
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