26 de agosto 2002 - 00:00

Más potencia para trabajar y disfrutar

Más potencia para trabajar y disfrutar
 Con ello se consiguieron unos saludables 94 CV, que le brindan la potencia necesaria para encarar con soltura cualquier tipo de actividad laboral y de esparcimiento. En nuestro caso fueron 1.600 km de tránsito por diversas alternativas de caminos: asfalto, ripio liviano y barro flojo, sin carga y a media carga (unos 400 kg). En todos los casos, el comportamiento se mantuvo. O sea que no hubo grandes diferencias de actitud por terreno y carga; sólo se acentuaron aspectos distintivos. La Mazda B2900 se mostró muy estable sobre cualquier piso, aunque bastante afectada por vientos laterales a raíz de su generoso perfil.
Tiene buen reparto de tracción en función 4x4, con un impecable acceso al comando respectivo. Buena posición de manejo y habitabilidad en un interior bien terminado y con un equipamiento digno de cualquier berlina moderna, aunque no nos gustó que el buen equipo de sonido tenga teclas muy pequeñas y simbología confusa (andando a los saltos, no es sencillo operarlo). El motor de tres válvulas por cilindro (dos de admisión y una de escape) es muy silencioso, lo que, sumado a una gran aislación del hábitat y las bien adaptadas gomas Pirelli Scorpion, la hace ideal para viajes largos. En ruta a 140 km/h el motor gira a 4.000 rpm, lo que avala esta característica. Tiene un buen acceso al interior, y conductor y acompañante viajan muy cómodos, no así los pasajeros: el espacio trasero es aceptable, pero no muy amplio.

El consumo resultó algo elevado, pero la autonomía fue lógica a partir de su tanque de combustible de 70 litros. Lo que se da de patadas con la oportuna frase del lugareño es el precio. Con más de 64.000 pesos de costo ($ 64.267), esta Mazda B2900 no es todo lo «gauchita» que pinta. Aunque en un mercado tan cambiante, extraño y alocado como el nuestro, podríamos decir que éste no es un tema que afecte su apodo campero.
R.D.

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