La tercera vía, la opción científica para enfrentar al tabaquismo

La reducción de daños no es una ciencia nueva, es la respuesta que durante años se ha dado a diversos problemas de la salud y que busca poner al paciente en el centro de la cuestión.

De acuerdo a los datos del Ministerio de Salud de la Nación, en la Argentina mueren aproximadamente unas 48.000 personas por año por enfermedades relacionadas con el tabaco. Sin embargo, la única estrategia contra el tabaquismo que propone el Ministerio de Salud en su página web es dejar de fumar.

A pesar de décadas de esfuerzos del Control del Tabaco tanto en prevención como en cesación 1000 millones de personas morirán a causa del tabaquismo en el mundo durante este siglo. Estamos frente a la mayor causa de muerte evitable en el mundo.

Es necesario dar alternativas a todas aquellas personas que no consiguen dejar de fumar con los métodos disponibles o que, simplemente, no quieren dejar de fumar y contar con una “tercera vía” que es la reducción de daños.

La mejor opción para los fumadores es, desde ya, dejar de fumar. La mayoría tardan décadas en dejarlo, con recaídas más que habituales y acaban por abandonar. Otros, simplemente disfrutan esta conducta y asumen el riesgo de tener un 50% de probabilidades de desarrollar enfermedades graves ligadas a su tabaquismo.

Contrariamente a lo que muchas personas creen, no es la nicotina lo que hace daño en los cigarrillos. Las personas fuman por la nicotina, pero mueren por el humo.

La reducción del daño entonces está basada en la utilización de productos que contienen nicotina y no producen combustión, como los cigarrillos electrónicos, el tabaco calentado o el snus. Los chicles y parches son también herramientas de reducción de daños, sin embargo, a la vista está que no han alcanzado la efectividad deseada.

La reducción de daños no es una ciencia nueva, es la respuesta que durante años se ha dado a diversos problemas de la salud y que busca poner al paciente en el centro de la cuestión.

Una parte de la comunidad médica considera que no es aceptable que nadie, tomando decisiones informadas, decida voluntariamente consumir nicotina, a pesar de que esto no le cause enfermedad o muerte. Otros muchos pensamos que nuestra función es evitar las enfermedades y muertes derivadas del tabaquismo y no juzgar moralmente a las personas por consumir un alcaloide cuyo nivel de toxicidad, una vez separado del humo, es muy cercano al de la cafeína.

Fundamentalmente hay falta de rigor científico en la toma de muchas decisiones de políticas públicas en materia de salud. En Argentina los cigarrillos electrónicos están prohibidos por una Disposición emitida por ANMAT en mayo de 2011. Es una Disposición y no una ley, es decir, no fue un tema discutido en el Congreso de la Nación.

Parecería que esta medida fue tomada basada en el principio precautorio, ya que en el año 2011 se contaba con muy poca evidencia y apoyo a la reducción de daño en tabaco. Hoy en día la ciencia ha avanzado y hay países que han demostrado que adoptar políticas de reducción de daño en tabaco es una muy buena estrategia.

En el Reino Unido, el gobierno y el sistema sanitario ofrecen cigarrillos electrónicos como una de las mejores opciones para dejar de fumar. La prevalencia de fumar en este país bajó de 20.2% en 2011 a 14.1% en 2019. En Japón, la venta de cigarrillos ha disminuido alrededor de un 34% entre 2014 y 2019 y se debe a la comercialización de productos de tabaco para calentar. En Suecia, el uso de tabaco oral sin combustión (snus), permitió que la tasa de fumadores sea del 8%, con los niveles más bajos de enfermedades por tabaquismo de toda Europa y puede que del mundo. Similares resultados se han obtenido en países como Islandia, Francia y Nueva Zelanda.

En Argentina, sería ideal que se revisen las políticas a la luz de la nueva evidencia científica y se abra un debate libre de ideologías, basado en esta evidencia y sin recurrir al camino fácil, como es la equiparación de estos productos con el tabaco. La mejor estrategia para proteger a la población es la regulación eficiente y delicada de estas alternativas en lugar de directamente prohibirlas.

Cualquier herramienta que podamos poner a disposición de un paciente fumador que le permita reducir su exposición a los contaminantes y tóxicos que se generan al fumar es un avance en la lucha contra las enfermedades derivadas de ese hábito. El vapeo es una de esas herramientas, es efectivo para dejar de fumar y nos permite controlar qué se consume y su grado de toxicidad a la vez que regulamos la concentración del elemento que causa la dependencia, que es la nicotina.

Médico Cirujano (MN Nº 90514). Portavoz de ReldatLatam

Dejá tu comentario