6 de junio 2017 - 22:35

Gobierno trabado con la reforma tributaria

• PRESENTARÁ EL PROYECTO PERO ESPERARÁ A ELECCIONES DE OCTUBRE
La realidad de los ingresos tributarios y el alto nivel de déficit le impiden hoy al gobierno pensar en una reforma ambiciosa. Se aguardará a tener una mejor relación de fuerzas en el Congreso para frenar a la oposición.

PROYECTO. Nicolás Dujovne entregará al Presidente la reforma en julio.
PROYECTO. Nicolás Dujovne entregará al Presidente la reforma en julio.
El tratamiento en el Congreso de la reforma impositiva pasará a después de las elecciones legislativas de octubre. El combo déficit fiscal de 7%, la recaudación empatada o levemente superior a la inflación y la oposición presionando por una reforma que reduzca drásticamente la presión impositiva ya desde el 2018 (algo que el oficialismo quiere pero fiscalmente no puede implementar); provocan que el eventual tratamiento serio del proyecto se demore hasta conocer los resultados de las próximas elecciones legislativas de medio término. Antes el ministerio de hacienda de Nicolás Dujovne cumplirá su promesa y terminará de elaborar un primer texto original para la reforma del sistema tributario argentino; basado en su mayoría en la reducción de algunos impuestos, pero el aumento de otros. La idea es desburocratizar algunos puntos del esquema tributario, pero sin perder recaudación; algo imposible de pensar en tiempos donde el mes pasado el desequilibrio entre ingresos y gastos trepó al record de los 40.000 millones de pesos. Esto junto con una recaudación tributaria que navegó en el 21% de crecimiento; un nivel similar a la inflación anualizada actual, según las estimaciones del propio oficialismo; y con una proyección hacia fin de año de abrir una brecha de no más de cuatro o cinco puntos porcentuales de incremento contra los datos del alza de los precios definitivos que se espera para este año. Según las proyecciones de Hacienda, compartidas por el Banco Central, la recaudación subiría un 25% mientras que la inflación debería ubicarse entre 20 y 25%.

El panorama de la recaudación le trae al gobierno una dura realidad al momento de soñar con una rebaja importante y sustancial en el sistema tributario argentino, al menos para el año próximo.

El tributo que más se piensa en reducir, o directamente eliminar el es impuesto al cheque, una fuente de ingresos que desde que comenzó este año sólo le trae satisfacciones al gobierno aportando el mes pasado unos 13.338 millones de pesos (30% más que mayo del año pasado) y proyectando para todo el año unos $156.000 millones (28% más que el 2016). El otro tributo sobre el que se piensa trabajar para reducir su presión en la reforma impositiva, es el Impuesto al Valor Agregado (IVA), por el que el mes pasado se obtuvo un 30% más que un año antes y por el que se obtuvieron unos 59.735 millones de pesos. En el año se espera que esta fuente aporte más de 730.000 millones, lo que implicaría un alza mayor a 25%. Como contrapartida, Ganancias, Ganancia Mínima Presunta, IVA Aduana, Retenciones a las exportaciones y el resto de las fuentes de financiamiento del estado a nivel tributario traerían niveles inferiores a la inflación anualizada de 20% o simplemente le empatarían al alza de precio final. En el caso de Ganancias, el gobierno señala a la reforma que se tuvo que aplicar desde este año a partir de la ley que se aprobó en diciembre del 2016 y que el oficialismo tuvo que aceptar luego que la oposición aprobara en Diputados una modificación radicalizada y que el Senado estuviera a 48 horas de obligar a Mauricio Macri a vetarla. Por este impuesto, los ingresos están subiendo desde comienzo de año menos que la inflación (18% en mayo), y se estima que los resultados finales de este 2018 estarán cerca del 20% de alza. Peor es el panorama en las retenciones a las exportaciones, fuente de ingresos que sufren hoy el cóctel negativo de una soja con un promedio de 338 dólares la tonelada y un dólar retrasado a 16,30 impide que los exportadores de productos primarios (especialmente los sojeros) tengan expectativas favorables para acelerar la liquidación de divisas a la espera de mejores condiciones cambiarias. Por esta vía entraron el mes pasado unos $6.790 millones, 14% menos que en mayo del 2016.

Ante estos datos el panorama para las expectativas del gobierno de reducir de manera importante la recaudación impositiva están complicadas. Los impuestos sobre los que se quiere trabajar en la reducción de la presión son el IVA, el tributo a los Débitos y Créditos Bancarios y los ingresos al consumo provinciales y municipales. Como contrapartida, se quiere mantener con el nivel actual la carga sobre las retenciones a las exportaciones y los derechos de importación; así como, se sabe en el oficialismo, sólo se puede trabajar en Ganancias hacia abajo y nunca hacia arriba. Pensar en recaudar, sin más, menos IVA y el impuesto al cheque, sin contrapartida de ingresos por otra vía (que obviamente no sea aumentar en endeudamiento) es una utopía fiscal.

La solución al dilema es ganar tiempo. Cree el gobierno que con los meses, los ingresos por el IVA Impuestos (que miden además la marcha de la actividad interna), mejorarán sustancialmente y se mantendrán cerca del 25% de incremento anual; mientras que habrá una necesaria mejora en la liquidación de los exportadores de soja y la consecuente recaudación de los derechos de exportación. Y que además, luego de las elecciones, comenzará a notarse una baja importante en el nivel de gasto nacional; fruto de la reducción de los subsidios a los servicios y el aumento en la producción local de energía, mas una baja en los gastos corrientes. Hasta ese momento, pensar en aplicar una reforma radicalizada pasará a formar parte de los proyectos a cajonearse.

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