El dólar bajo que hoy sufren algunos sectores exportadores, por la pérdida de competitividad cambiaria y la caída de la rentabilidad, se convirtió durante esta primera mitad del año en una buena fuente de financiamiento adicional para el Gobierno.
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Esto sucede porque, en el Presupuesto Nacional que aprobó el Congreso el año pasado para el 2017, el Tesoro nacional fue autorizado a endeudarse por un total de $1.727.237 millones en el exterior (tanto para refinanciar o pagar vencimientos, como para afrontar gastos corrientes). Pero, a la vez, este mismo texto aprobado por los legisladores consideró un tipo de cambio promedio de $17,92 para todo el año, que quedó por encima del actual.
Como las cifras del Presupuesto nacional están expresadas en pesos, la sobreestimación del valor del dólar terminó alterando los límites de financiamiento en moneda extranjera. Eran $1.727.237 millones autorizados, que con un tipo de cambio promedio de $ 17,92 hubieran representado para este año unos u$s96.386 millones. Pero que se ampliará a más de u$s 99.000 millones si la cotización promedio llegara a ubicarse, como se estima, más cercana a los $17,40. La diferencia, de entre u$s2.500 millones y u$s3.000 millones, fue precisamente el monto que decidió colocar ayer el Gobierno sin previo aviso en los mercados.
El Tesoro logra este financiamiento adicional porque hoy el tipo de cambio cotiza a un nivel más bajo que el proyectado, por efecto del blanqueo de capitales y, precisamente, por las anteriores colocaciones de deuda en los mercados. El ingreso de divisas aumenta la oferta en la plaza cambiaria y tira hacia abajo el valor del dólar. De esta manera, el abaratamiento del billete se convierte en una curiosa "transferencia" de recursos en dólares: desde los sectores productivos, hacia el fisco. Los exportadores (o, por ejemplo, los empresarios turísticos) deben hacer sus negocios en dólares con menores márgenes de ganancia en pesos; y el Tesoro, al mismo tiempo, accede con esto a mayores niveles de financiamiento en moneda extranjera. Un círculo vicioso: el proceso se retroalimenta y se profundiza a medida que el Gobierno capta más divisas y, con esto, contribuye a planchar el tipo de cambio.
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