La dinámica de los últimos 15 días en el sector ganadero, desde el punto de vista económico y productivo fue caótica.
Ganadería: los desafíos en un contexto de más rentabilidad
Luego de la devaluación del peso se acomodaron los valores de las distintas categorías, con lo cual se aceleró el proceso de retención de hacienda.
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En medio de un proceso de recomposición de los valores -que llevaban meses de retraso- las elecciones primarias irrumpieron como un tsunami y junto a una devaluación del 22% provocaron una estampida de precios que, tal como ocurre en la ganadería, no tuvo reparos en pegar un gran salto. Previo a las PASO, el valor del ternero ya había experimentado una suba cercana al 30%, alcanzando promedios cercanos a los $700 para fin de julio. Tras la devaluación, el precio del ternero rompió la barrera de los $1.000 anotando una suba de otros 40 puntos. Medido en moneda constante de agosto de 2022, el ternero logró recomponer su valor posicionándose un 20% por sobre los precios registrados un año atrás.
Una vez pasada la tormenta, volvemos al punto en el que nos encontrábamos antes de la devaluación, donde sigue latente la expectativa en cuanto a la recuperación de los campos post sequía que permitiría iniciar un proceso de retención de hacienda luego de ventas obligadas producto de la falta de lluvias que le asestaron un golpe durísimo a miles de productores.
Manuel Olarra, Vicepresidente de la Asociación Argentina de Angus explicó a Ámbito que durante los últimos remates de la raza se convalidaron precios más altos por la falta de gordo y creció el interés, pero al mismo tiempo todo lo ocurrido en las últimas semanas “genera una gran incertidumbre, mucha gente espera un remate todo el año, y una cosa era hacerlo hace dos meses, hacerlo ahora o hacerlo el mes que viene. Entonces, vender reproductores en $ 1000 el kilo de carne, en $ 1500 o en $ 1800, no es lo mismo, es el presupuesto de todo el año que está cobrando, un esfuerzo muy grande que implica fuertes inversiones.
Concretamente, la llegada de “el Niño”, que generará la existencia de pasturas, sumado a la turbulencia que provocan las elecciones en la economía en un contexto de recomposición de los valores, reducirán drásticamente la oferta de carne en el mercado interno.
LA GANADERÍA HACIA FIN DE AÑO
Según los técnicos y especialistas de la entidad rosarina, hay estimaciones que indicarían una caída en el stock vacuno nacional de más de 2 millones de cabezas considerando el impacto que tuvo la sequía sobre la producción de terneros y sobre la extracción tanto de vacas como de animales livianos.
El punto es que todo lo que se perdió en términos productivos como lo que forzosamente se vendió en exceso -especialmente en el primer semestre-, indefectiblemente faltará más adelante.
Con este nivel (bajo) de oferta, la exportación podría verse como un factor de tensión. Sergio Pedace, vicepresidente de la Cámara Argentina de Matarifes y Abastecedores (CAMYA) aseguró a Ámbito que el precio de la hacienda en pié se disparó no sólo por la devaluación, sino también por la sequía y por la intervención en el mercado de maíz, pero además los frigoríficos exportadores salieron a buscar mercadería y pueden ofrecer mejores precios. Según Pedace, “el exportador tiene 180 días para poder liquidar la venta. Quiere decir que lo que compró en julio puede embarcarlo y liquidarlo a fin de diciembre o enero. Por lo tanto según quien gane las elecciones puede tener un dólar libre de $ 700 u $ 800 y no de 350 como está ahora”.
Sin dudas, esta situación representa un gran desafío para el Gobierno, porque venimos de un escenario complejo y además se adelantaron los procesos. Falta novillo, hay menos faena y eso genera incluso menos trabajo en los frigoríficos que por si fuera poco tienen un aumento de costos por producir menos carne. Mas costos en la cadena implican mayores precios en la góndola en un contexto en el que los consumidores evalúan cada vez más si ir o no a comprar a la carnicería.
La sociedad, el mercado y fundamentalmente la ganadería necesitan reglas claras. En este sentido, Olarra explicó a Ámbito que “no es lo mismo ponerse a trabajar para generar un novillo de 350 kilos que un novillo de 450 kilos. Hay que empezar a tomar decisiones desde el principio y eso uno recién lo va a ver dos o tres años mas tarde.
Uno no puede apuntar un novillo de 480 kilos y cuando está a punto de venderlo, enterarse que se cerró la exportación y que ese novillo ya no tiene mercado.
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