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13 de febrero 2008 - 00:00

Córdoba: ahora todos con Kirchner

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La Presidente consiguió ayer todo el botín político para su esposo, al encolumnar en Córdoba a las más diversas vertientes provincianas.
Córdoba (especial) - Cristina de Kirchner estuvo ayer en Córdoba ejerciendo su doble rol de jefa de Estado y delegada de su esposo para la construcción de la estructura partidaria que, conservando el nombre, reemplazará al PJ en el sistema político argentino. La Presidente llegó a la ciudad con más de dos horas de retraso para encabezar un acto en la Universidad Nacional junto a Juan Schiaretti, el intendente Daniel Giacomino y la rectora Carolina Scotto.
Precisamente Schiaretti y Giacomino la habían recibido en el aeropuerto y desde allí en helicóptero se dirigieron a la Ciudad Universitaria. Ambos cumplieron a rajatabla la premisa impuesta desde la Casa Rosada: «Organizar, mostrarse y sumar juntos». Tras un brevísimo receptivo, donde exhibió su muy comentado atuendo (un vestido en rojo intenso), la Presidente se dirigió al Pabellón Argentina.
Se sumaron a la mesa principal Carlos Zannini, y el secretario de Ciencia y Técnica, Lino Barañao. En el salón, colmado por unos 1.200 invitados (perfectamente loteado entre peronistas, juezistas y progresistas eclécticos), Fernández anunció la entrega de fondos para la finalización de la avenida de circunvalación (una obra iniciada en la década del 60 y todavía pendiente de finalización); la construcción de cloacas, un nuevo hospital para la ciudad, y el financiamiento del plan de repatriación de científicos cordobesas emigrados.
Hubo aplausos y elogios. También mucha movilización, principalmente de militantes peronistas, y en menor medida de agrupaciones kirchneristas filopiqueteras que cumplen a rajatabla la proporción de un cartel cada cinco movilizados. También discursos... demasiados.
Primero Giacomino, que le dedicó uno en forma de carta dirigida a la mandataria (casi un anticipo de San Valentín); después la rectora Scotto, donde amplió los elogios a Cristina, le obsequió una obra de Carlos Alonso (Corral de cabras) y le recordó promesas de dar prioridad a la ciencia, y finalmente Schiaretti, que con sobredosis de edulcorante, le agradeció a la Presidente el visitar tan seguido la provincia (dos veces en un mes) y especuló con lo bien que le irá a la Argentina con mujeres en roles fundamentales.
En el cierre, el mensaje de la Presidente, donde felicitó a los cordobeses por trabajar juntos (como ella quiere y ordena), por tanto esfuerzo, por la valentía, por la fuerza ... por las más variadas y provincianas obviedades.
Pero lo más importante que Fernández se llevó ayer de Córdoba no fue el abundante alimento para su ego sino la constatación in situ del alineamiento casi unánime del sistema político cordobés (donde perdió la elección en manos del retornado Roberto Lavagna) a su gestión, y al proyecto de conducción partidaria de Néstor Kirchner.
Al encuadramiento iniciático de Schiaretti, el kirchnerismo sumó ahora el apoyo sin fisuras de todos los intendentes peronistas y aliados al PJ de la provincia, donde son mayoría.
Esa tarea, instrumentada desde la Federación de Municipios que preside el bonaerense Julio Pereyra (que anoche homenajeó a los jefes comunales con una cena en el Hotel Sheratton) demandó tanta paciencia como recursos. El kirchnerismo sabe que en esa estructura es todavía fuerte la influencia de José Manuel de la Sota (sus voceros aseguran que peleará la Presidencia en 2011), pero también que no hay ideario ni lealtad más fuerte que la chequera.
Además de este esquema, ayer Cristina coronó el ingreso definitivo al redil K del heterogéneo conglomerado agrupado en el juezismo. Esto, más allá de las poses mediáticas del ex intendente Luis Juez que, cooptado por Patricia Vaca Narvaja, enviada de Alberto Fernández, dio libertad a sus militantes para apoyar a Cristina en este acto, a Kirchner en el propósito de nuevo partido, y, con un empujoncito más, a la continuidad eterna del kirchnerismo.
Para completar el armado, también juraron fidelidad los denominados radicales K, que integran indistintamente el gobierno provincial de Schiaretti y las filas juezistas.

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