Las recientes inundaciones en la provincia de Tucumán dejaron a cientos de familias sin vivienda.
Una vez más, los caprichos del clima hicieron que una vasta región salteña, en Rivadavia Banda Norte, se viera amenazada por la crecida del Pilcomayo. La cuenca del río, en cuyas márgenes viven y desarrollan sus actividades varios miles de pobladores, como en años anteriores incrementó su cota hasta niveles inéditos -en la noche del miércoles ésta sobrepasó los diez metros-, sobre todo por las intensas lluvias caídas en las últimas semanas en el sur boliviano.
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Ante el peligro de los desbordes, que amenazaban particularmente a una docena de parajes de la zona, el gobierno de la provincia, en forma conjunta con los municipios afectados, decidió actuar sin pérdida de tiempo, a través de un múltiple operativo que movilizó numerosos recursos del Estado. En especial se buscó proteger la vida y la salud de los afectados.
Para ello se coordinó una vasta movilización de emergencia, encabezada por la Dirección de Protección Civil y otros organismos afines -con la directa supervisión del gobernador de la provincia y de otras autoridades salteñas-, que desplegó en el área afectada un puente aéreo permanente, con el apoyo de camiones que transportaron víveres secos y alimentos y entregaron, además, medicamentos, colchones, frazadas, agua mineral, zapatillas, pañales, jabón, leche y rollos plásticos.
Asimismo, se creó un puesto sanitario destinado a proveer ayuda ante cualquier emergencia. Este rubro fue reforzado a través del traslado de médicos y enfermeros de Tartagal para apuntalar la atención en las zonas afectadas. Asimismo, en el marco del denominado Plan de Contingencia se suspendió la licencia a profesionales y a todo el equipo de salud de la zona, cuyos integrantes se reincorporaron a sus labores.
Lectura
La descripción anterior da cuenta de la rapidez, eficacia y coordinación con que los organismos provinciales, en los más distintos niveles, han aprendido a actuar ante emergencias en las que están en riesgo la integridad física y los bienes de la comunidad, aun en los puntos más inaccesibles de nuestra geografía. También resultó evidente que Salta dispone de los recursos suficientes y la logística necesaria para actuar por sí misma, con la premura y solvencia del caso, ante este tipo de situaciones.
Sin embargo, y por simple observación, llama poderosamente la atención la actitud exhibida por las más altas autoridades nacionales ante la emergencia generada por la crecida del Pilcomayo. Ningún funcionario a cargo de las áreas vinculadas con catástrofes naturales, con sede en Buenos Aires, llegó en estos días a Salta. Mucho menos arribó algún cargamento con los insumos y las provisiones habituales en este tipo de episodios.
Posicionamiento
Esa indiferencia y la notoria falta de reflejos puestas de manifiesto ante las inundaciones en Salta constituyen en sí mismas una definición. Una toma de posición muy distinta, por dar un ejemplo cercano, a la actitud adoptada por la Nación ante las recientes inundaciones que también afectaron a Tucumán.
Una vez más quedó demostrado que en algunos despachos no es la misma la vara con que se mide a los distintos Estados provinciales, y que de hecho todavía pueden identificarse sobre el mapa político dos Argentinas muy distintas, que no se reconocen entre sí y parecen vivir en mundos distintos.
Resulta lamentable que fenómenos naturales, como el desborde del Pilcomayo, sirvan para poner de relieve circunstancias inaceptables sobre las cuales todavía nos seguimos moviendo.
Mientras en los más altos niveles de conducción sigamos inmersos en esta cultura de la insensibilidad para con las necesidades de los que sufren, estaremos muy lejos, todavía, de esa Nación integrada y solidaria que tanto esfuerzo nos cuesta construir.
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