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23 de enero 2008 - 00:00

Entre la lealtad y la gobernabilidad

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Hace sólo unos cuarenta días que se convirtieron en gobernadores para el período 2007-2011, pero ya padecen la contradicción entre la obediencia debida a Cristina de Kirchner y los reclamos que nacen de las entrañas de sus provincias en materia de, por caso, la polémica por el cambio de hora, los apagones y la concreción de promesas de obras nacionales.
La clásica dependencia de los fondos federales por parte del interior y los alineamientos estratégicos con los Kirchner -sobre todo, en tiempos en que Néstor quiere conducir el PJ nacional- obligan a los mandatarios a moverse con diplomática cautela, al menos durante los primeros meses de gestión de la ex primera dama.
Sin embargo, este posicionamiento los obliga a las más variadas piruetas para pilotear las exigencias de sus gobernados.
Esta postal se vive por estos días con especial crudeza en Mendoza, ya que sobre el justicialista Celso Jaque ya pesa un rosario de quejas contra el cambio de hora dispuesto por la Casa Rosada, bajo el leitmotiv del ahorro energético.
Molestos por el negativo impacto sobre la vida cotidiana y por los escasos resultados en materia de ajuste en el consumo, los mendocinos pretenden que el gobernador imite al puntano y crítico del kirchnerismo Alberto Rodríguez Saá, quien desde el pasado lunes devolvió a San Luis la hora anterior.
Pero entre Jaque y el ex candidato presidencial por el peronismo opositor hay un abismo, por lo que no sorprendió el sucesor del radical K Julio Cobos cuando dispuso por el momento mantener el remozado huso horario, desoyendo las marchas de vecinos y de comerciantes, y la embestida explícita de la Unión Industrial y Comercial de Mendoza.
En rigor, un escenario similar se vive también en otras provincias del Oeste, a partir de los compromisos que atan de manos a los también justicialistas José Luis Gioja (San Juan) y Luis Beder Herrera (La Rioja).
En rigor, la incomodidad de los gobernadores se vive también en otros ámbitos candentes de la relación Nación-provincias, como la obra pública.
En este sentido, por caso, se mueven con máxima cautela -no exenta de malestar, claro está- los gobernadores electos del Norte Grande (una colección de justicialistas y radicales K), frente al rimbombante lanzamiento por parte de la Presidente del tren bala a Rosario y Córdoba, cuando aún sigue en categoría de promesa la manoseada reactivación del Ferrocarril Belgrano Cargas.
La región también anota otro punto en contra que hace que los Ejecutivos locales miren con inquina a la Casa Rosada, pese a los alineamientos públicos, a partir de la sugestiva y desgastante cadena de apagones que jaquea con especial virulencia a Chaco, Corrientes y Formosa, ante la pasividad nacional.

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