Clausurada la catarata de elecciones en las provincias y acalladas las campañas, afloraron ya los tironeos entre gobernadores electos y salientes en torno del estado de cosas con el que se toparán las flamantes autoridades en diciembre próximo, tras su asunción. Las transiciones registran previsiblemente más rispideces en aquellos distritos donde además de recambio de caras, se despedirán los actuales oficialismos.
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Veamos algunas postales que pintan las discusiones sobre un manejo ya virtualmente compartido de los hilos de gobierno en el anteúltimo mes del año:
En Chaco, el gobernador electo Jorge Capitanich (Chaco Merece Más) tildó de «golpe institucional» a un proyecto de diputados provinciales de la Alianza que apuesta a pasar a planta permanente a alrededor de 4 mil empleados públicos. «Este tipo de prácticas está teñido de la vieja política, de utilizar al Estado como un botín de guerra, y me parece que tiene que ser fuertemente cuestionada por la sociedad», disparó el senador nacional justicialista. Capitanich recordó además que mantuvo conversaciones con el mandatario saliente, el radical Roy Nikisch, en pos de asegurar una transición ordenada. En esa línea, sostuvo que mantiene con Nikisch «un diálogo serio y maduro» y que ambos creen en la «madurez cívica y democrática», escenario que -dijo «no puede ser entorpecido por iniciativas demagógicas e irresponsables de estas características». Los legisladores del actual oficialismo tienen mayoría propia en la Legislatura.
En Tierra del Fuego, la muy extensa transición -de 6 meses- entre el saliente Hugo Cóccaro y la electa Fabiana Ríos (ARI) adquirió ribetes de fuerte tensión, dada la crítica situación financiera que atraviesan las arcas locales. Tras su sorpresivo triunfo el pasado 24 de junio en el ballottage fueguino, Ríos debió hacerles frente a los intentos de Cóccaro de obtener el aval para abultados financiamientos que le permitan sostener los compromisos del Estado hasta entregar el poder. Finalmente, en al menos un punto hay un tácito acuerdo: desbordado, el otrora candidato kirchnerista a su reelección renunciaría el próximo 17 de diciembre para entregar el mando un mes antes a Ríos.
Un clima más calmo se vive en Mendoza, aunque la lupa del entrante Celso Jaque (PJ) no deja de apuntar a los pasos que hoy da el gobierno del radical Julio Cobos, quien el próximo 10 de diciembre saltará a la Casa Rosada como vicepresidente de Cristina Fernández de Kirchner. «Vamos a hacer todo para que la transición esté a la altura de lo que los mendocinos merecen, de forma ordenada y con prudencia», sostuvo Jaque al término de un encuentro de trabajo con los legisladores nacionales por Mendoza, a quienes convocó para coordinar acciones a futuro. «Cuando haya alguna cosa que creemos que se está saliendo de los carriles normales, lo hablaré con el gobernador Cobos», advirtió.
En Córdoba, en cambio, el pasaje de José Manuel de la Sota a Juan Schiaretti, del mismo signo, anota aires de consenso, pese al diferente posicionamiento a nivel nacional respecto de la relación con la presidente electa. Por de pronto, trascendió que el actual vicegobernador mantendría a más de la mitad del actual gabinete de De la Sota, incluido Angel Elettore (Finanzas).
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