29 de diciembre 2003 - 00:00
Herederos quiebran idilio con gobernadores salientes
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Repasemos primero aquellas sonrisas de compromiso de la escena familiar navideña, aquellas que se dan al interior de un mismo partido político que se mantiene en el poder y que esconden, quizá, los más oscuros sentimientos.
Ciudad: Santa Fe. Horas antes de Navidad, 8 meses después de la inundación.
El gobernador Jorge Obeid (PJ) critica airadamente la última medida de su antecesor, Carlos Reutemann (PJ): un plus de 500 pesos a la Policía provincial.
«Yo no se los hubiera dado. Este aumento desató el conflicto con el resto de los gremios», es la queja del kirchnerista mandatario, ahora firme candidato a quedarse con la presidencia del partido en marzo, y que fue bienvenido por los sindicatos con un paro de actividades.
Por su parte, el flamante ministro de Hacienda, Walter Agosto, se distingue de su antecesor, Miguel Angel Asencio, respecto a un préstamo del Banco Mundial por 123 millones de dólares.
«Es distinto un gobierno que se va de un gobierno que asume», dice, separando aguas de un funcionario que, al igual que Reutemann, decidió ser prudente respecto a un crédito que aún no lo convencía y que Obeid considera vital para su gestión.
Todos saben que los compañeros Obeid y Reutemann soportan a desgano la proyección política que respectivamente supieron conseguir, siempre apostando electoralmente a sublemas antagónicos del peronismo.
Otra escena: San Fernando del Valle de Catamarca. El sol cae a plomo sobre los cerros. A Eduardo Brizuela del Moral le da vueltas en su cabeza una duda: cómo evitar que su antecesor, Oscar Castillo, le digite cada paso de su administración.
Es cierto que pertenecen a líneas internas del radicalismo opuestas, lo que le daría aire para diferenciarse, pero el electo senador nacional controla, además del partido, la coalición gobernante que es el Frente Cívico y Social.
Por lo pronto, se suscita, sin aviso previo, el primer canal de fuga para descomprimir esa tensión.
El secretario de Desarrollo Social, Pablo Córdoba Molas, denuncia públicamente el vaciamiento del área que era conducida hasta el 10 de diciembre por el gremialista castillista Hugo Brandán.
«Computadoras, teléfonos, fax e impresoras habrían sido retirados de las distintas reparticiones sin un destino claro hasta ahora», señaló Córdoba Molas, quien además criticó la compra directa de insumos por parte de sus antecesores.
En La Pampa, en tanto, Carlos Verna (PJ) va construyendo su poder, armado de paciencia, sobre la herencia recibida de Rubén Marín (PJ). Nombró un gabinete con ausencia casi absoluta de marinistas y hasta se animó a nombrar radicales en su equipo.
De todas formas, no salió de su boca una sola crítica al gobierno saliente. Hasta allí llegó cuando volvió a desatarse el escándalo por las coimas en el Senado nacional, lo que lo obligó a hacer mutis por el foro.
Las facturas, en tanto, se pasan con mayor fluidez en aquellos distritos donde la oposición desbarrancó al oficialismo.
Entre Ríos. Ciudad de Paraná. Los hombres de Jorge Busti (PJ) se quejan de que en 1999 dejaron una deuda en la provincia de 750 millones de pesos y ahora la reciben, de manos de Sergio Montiel (UCR), con un debe de 2.600 millones de pesos.
Además, mientras negocian con los gremios los plazos para cubrir la deuda de un mes de atraso en los sueldos, denuncian que el déficit provincial es de casi 350 millones de pesos anuales.
El tema económico, de hecho, mantuvo a Busti, casi desde que asumió, en Buenos Aires pasando de despacho en despacho nacional.
El enojo del bustismo es similar al evidenciado por el chubutense Mario Das Neves (PJ). El ex titular de la Aduana debió otorgar con desgano una medida de José Luis Lizurume (UCR) que parecía dificultar parte de las cuentas: un aumento de 100 pesos a los docentes.
También sostuvo que, al asumir, encontró «un Estado espectacularmente desordenado». «Lo que estamos haciendo en estos primeros días es rendir cuenta de lo que se encontró en cada organismo, sea desorden o irregularidad. De ser esto último, lo que cabe es la denuncia», aseguró.
Como se ve, las peleas de fin de año se dan hasta en las mejores familias.




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