Nunca como en esta oportunidad, una actividad deportiva despertó tan unánime adhesión como el torneo Mundial de fútbol, al que se han sumado decididamente las mujeres. Ya no existen aquellas viejas discrepancias hogareñas por el uso del televisor, donde las telenovelas (preferidas del mundo femenino) disputaban supremacías con el ámbito futbolero de los varones. Al contrario, aquella atracción ha derivado en un fenómeno inédito para el mundo del espectáculo: la asimilación de los telenovelones a los estadios. Los principales programas, en auge en una disputa sin cuartel por el rating, han incorporado a su argumento la actualidad futbolera, y sus principales estrellas se han convertido en hinchas pobladores de las bullangueras tribunas. Algo así, seguramente, ocurrirá cuando concluya el torneo. Según los resultados (el exitismo juega un rol fundamental), las figuras más destacadas de la Selección serán invitados preferenciales de todos los programas de radio y televisión; algunos de ellos se convertirán en improvisados actores y más de uno incursionará en el canto, con una previsible efímera vigencia. Educación El hecho de que hayan tenido que intervenir las autoridades del área educacional (tanto nacional como provincial) para dirimir el planteamiento de los alumnos cuyos horarios de clase coinciden con los partidos, y que cada escuela haya tenido que adecuar la programación de sus habituales tareas a esta «nueva era», están indicando que el vínculo entre el fútbol y la gente es cada vez más profundo y que supera holgadamente aquel eslogan ideado por un relator que decía que era «pasión de multitudes». A la par de las escuelas, los comercios y empresas están coincidentes con su empleados, para otorgar para todos, en un marco de igualdad, el espacio necesario para disfrutar del espectáculo que sólo se repite cada cuatro años. En ese sentido, hasta el hecho de que los legisladores hayan adecuado sus horarios de sesión (tan cambiantes siempre) a los de los encuentros en Alemania, sin que nadie haya desgranado sus habituales críticas, habla también de esa relación gente-deporte, que de ahora en más, debería ser tomada muy en cuenta, como una realidad tangible de nuestra cotidianeidad, porque cuando finalice este torneo, vendrán otros y también los campeonatos locales. Horario El primer detalle para tener en cuenta está en el horario: no se deben permitir encuentros deportivos de atracción multitudinaria en días hábiles y en horarios de trabajo. En Chile, por ejemplo, esos partidos que se disputan fuera de los fines de semana comienzan siempre después de las 20. Aquí, a cualquier hora. Es suficiente con que le reconozcamos los méritos que tiene en cuanto a las preferencias de la gente haciendo todo lo que sea posible para satisfacer ese romance sin provocar inconvenientes de ninguna índole. Pero que nadie se aproveche de ello e invada el territorio intocable del trabajo. Esta prioridad no está en discusión.
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