4 de julio 2003 - 00:00

La nieve fueguina invita a la aventura

Basta con bajar del avión, observar los montes nevados y el canal de Beagle para entender la creciente atracción que ejerce Tierra del Fuego en habitantes de todas las edades de los más lejanos confines del planeta, que -aseguran- no quieren morir sin haber conocido el fin del mundo. Todo es bello en la única ciudad trasandina de la Argentina (se encuentra al suroeste de los Andes), desde el sol que durante el invierno apenas si se anima a despegar del horizonte hasta el infinito manto blanco que cubre el paisaje, las calles, las casas y todo lo que esté a la intemperie, como la pequeña canchita de fútbol cerca del centro de Ushuaia, que por estos días sólo está habilitada para fanáticos. Más razonable es subirse a tablas de esquí o snowboard, o calzarse botas para patinar sobre el hielo que abunda.
En invierno, las temperaturas bajo cero y el blanco son los protagonistas en la isla, que de abril a octubre ofrece
todo el abanico de deportes invernales posible, con cualidades que la hacen incomparable con otros centros de la Argentina y el mundo.
El complejo de esquí Cerro Castor (en homenaje al simpático animalito que fue traído a la región por un capricho y hoy es plaga), en el monte Krund, a 25 km de Ushuaia, es la vedette de la isla. Inaugurado en 1999, cuenta modernos medios de elevación,
nieve asegurada por seis meses y una infraestructura toda en piedra y madera, en gran armonía con el entorno. La base está a escasos 200 metros del mar y en lo que respecta a las pistas, basta decir que fueron diseñadas por Gastón Begué, experto esquiador que representó al país en tres olimpíadas y que, junto a su familia, dedica todo su tiempo a perfeccionar el complejo.
No pasa inadvertido que el equipo olímpico de Noruega haya decidido entrenar entre
los bosques de lengas del cerro Castor.
La aventura del esquí tiene un complemento que a veces no es tan apreciado, pero que merece mucho respeto. Se trata del
esquí nórdico o de fondo, que se practica sin medios de elevación y puede convertirse en una actividad aeróbica muy atractiva para aquellos que gusten de disfrutar de los nevados bosques fueguinos. A tarifas muy acomodadas se puede acceder a equipos e instructores en la pista Francisco Jerman, del Club Andino Patagónico, a pocos kilómetros del centro.
Una tercera alternativa es el
patinaje sobre hielo, que no es quizás un plan arriesgado o muy deportivo, pero es ideal para distenderse y pasar un buen momento cuando el sol ya cayó. Para no ser menos, el escenario también parece aquí salido de un libro de cuentos, en la pista instalada sobre la Laguna del Diablo, que se congela durante todo el invierno.
También hay posibilidades de llevar la aventura y el riesgo al extremo. Para ello están disponibles la escalada en hielo, el esquí de travesía o largos viajes en trineos tirados por perros huskies.
Para completar un menú perfecto, a la altura de un viaje al Fin del Mundo,
no parece haber mejor elección que albergarse en típicas cabañas ubicadas en la parte alta de Ushuaia, que ofrecen servicios de hotel cinco estrellas, con vistas que son postales del Canal de Beagle. La villa de montaña Cumbres del Martial, al pie del glaciar homónimo, y su casa de té La Cabaña son de las mejores opciones.

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