24 de marzo 2005 - 00:00
La tarea de domar a un PJ acechante
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Por eso, la presencia de dos ministros políticos en la asunción de Zamora -el de Interior, Aníbal Fernández, y el secretario general de la Presidencia, Oscar Parrilli- debe leerse como algo más que un apoyo institucional; implica un mensaje político de compromiso con el rumbo del nuevo gobierno.
Frente a los incidentes que antecedieron la jura del radical -las movidas gremiales, la ruptura del bloque PJ y, entre otros hechos, la agresión a Rafael González, el interventor del peronismo- en la Casa Rosada se prendió una luz amarilla.
¿Cuáles son, según la óptica del gobierno, los problemas que debe domar Zamora? A grandes rasgos, se enumeran dos:
1- Por un lado, la cuestión financiera. A pesar de que Carlos Juárez dejó, en cuestiones macro, una provincia ordenada, Santiago del Estero tiene -como el resto de las provincias del Noroeste- una gran dependencia de los recursos girados desde la Nación. Que eso funcione normalmente, depende exclusivamente del Presidente, y de que quiera contribuir a que, por un rato, se apague la hoguera santiagueña.
2- Por el otro, la crisis política. Derrotado, el PJ se dividió en tres grandes sectores -más otros espacios menores- que entraron en una puja brutal. Como se sabe, cuando el peronismo entra en guerra, todo tiembla. Además, como indica una lección de la política, el PJ fuera del poder es «naturalmente» desestabilizador. Para Zamora es una combinación explosiva: el juarismo al acecho, el sector de José María Cantos en busca de revancha y el menemismo-kirchnerismo residual de Figueroa en fuga.
Anoche, Aníbal Fernández transparentó la posición oficial. «Nos van a tener a nosotros como fuertes colaboradores», dijo en respaldo de Zamora, quien lo había sindicado como el principal agitador del gobierno en contra de su candidatura.
«Debemos trabajar todos juntos, olvidarnos del partido al que pertenecemos, porque eso pertenece a la vieja Argentina y con Zamora va a pasar lo mismo», cerró Fernández su mensaje pacificador.
Es apenas una llovizna, en el páramo santiagueño.




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