13 de agosto 2004 - 00:00
Pelea ser sede de radiotelescopio único
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«La lista ya contenía a Australia, Estados Unidos, Sudáfrica y China y fue reabierta especialmente para incluir a la Argentina», explicó a Ambito Nacional Gloria Dubner, uno de los tres científicos del Conicet que expusieron la candidatura del país ante el Comité SKA Internacional, en julio pasado, en Canadá, junto con otros tres colegas del Instituto Argentino de Radioastronomía de La Plata (www.iar.unlp.edu.ar/SKA).
«Se trata de muy buena oportunidad para el país, porque hemos dejado una excelente impresión con nuestra presentación en Canadá y el Estado argentino sólo deberá aportar 30 mil euros para financiar las misiones que monitorearán la sede durante este año», explicó Dubner, quien resaltó el apoyo que recibieron del Conicet y la Secretaría de Ciencia y Técnica de la Nación. El paso final ahora serán las inspecciones que recibirán los cinco países -se pondrá especial atención a la contaminación de ondas de radio-, y la elección se hará a principios de 2006.
La participación de la Argentina cuenta con la colaboración de Brasil, ya que si bien el centro del SKA estaría en San Juan, en El Leoncito, también son necesarias antenas satélites a entre 300 km y 3.000 km de distancia; estas últimas se situarían en Brasil, cerca de la ciudad de Brasilia.
El millonario desembolso para la construcción del radiotelescopio SKA está en manos del consorcio de 16 países, que decidió desarrollar la ambiciosa herramienta observacional de radioastronomía, que recolectará información sobre 1 millón de m². Se trata de una superficie del espacio 30 veces superior a la estudiada por el mayor aparato construido o diseñado hasta el presente, mejorando 100 veces la sensibilidad de cualquier instrumento actual.
El radiotelescopio funciona en complementación con los tradicionales telescopios de lentes y espejos y su funcionamiento se da a través de gigantescas antenas, que recogen las ondas electromagnéticas que llegan desde todo el universo a computadoras que procesan la información y luego la reproducen. «Lo que se observa son imágenes del gas que se distribuye entre las estrellas y no importa si es de día, de noche o la distancia, porque nada absorbe esa energía», sintetiza Dubner, quien agrega que «cuanto más lejos se llega, significa retroceder más en el tiempo de emisión de la energía. Si se alcanzaran 11.000 millones de años luz, se llegaría al origen del universo».
Está previsto que el SKA comience a operar en 2015 y entre en pleno funcionamiento en 2020. Entre los principales objetivos que aspiran a cumplir sus mentores se encuentran: descubrir información sobre el origen de la vida y su dispersión en el espacio, las eras oscuras del universo, el origen y evolución del magnetismo cósmico y la evolución de galaxias y estructura a gran escala del universo. El potente radiotelescopio proveerá, asimismo, datos sobre la posible existencia de vida extraterrestre, así como tests definitivos para las teorías de Einstein y otras transformadoras de la física fundamental.




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