Buenos Aires - En medio del escándalo y la polémica, Roberto Porretti traccionó ayer políticamente para despegarse rápidamente de su ahora ex colaborador Aldo Leonian, a quien reemplazó en su cargo de secretario de Gobierno, designando en su lugar a Mario Meliá. Leonian, un influyente empresario del sur bonaerense que había aportado fondos propios para la campaña de Porretti, aparecería filmado por una cámara oculta pidiendo cerca de 175 mil pesos en nombre del intendente para mantener la habilitación al local bailable más tradicional de Pinamar.
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Leonian no tuvo la suerte de su jefe ya que una patrulla lo ubicó el martes por la mañana y fue trasladado a Dolores, donde lo medicaron por un cuadro de hipertensión arterial. Por la noche se negó a declarar ante la fiscal a cargo de la investigación, Fernanda Hachmann, y ayer seguía detenido. En el plano político, la situación de Porretti derivó en una inmediata sesión extraordinaria del Concejo Deliberante -presidido por el justicialista Rafael De Vito- para determinar los pasos por seguir. Por lo pronto, los ediles resolvieron conformar una comisión de investigación que analizará la evolución de la causa. La oposición ya planteó la posibilidad de pedir la destitución del intendente. Sobre el jefe comunal pesa una orden de captura librada por la jueza Laura Elías por pedido de la fiscal Hachmann, quien le imputa los delitos de extorsión y cohecho. Se basa en filmaciones en las que aparecerían Porretti y su ex secretario de Gobierno y Hacienda pidiendo sobornos. Porretti fue tres horas a la mañana a la municipalidad y luego, por recomendación de su abogado, José Ignacio Ochoa, se presentó espontáneamente ante el Juzgado de Garantías Número 1 de Dolores para ponerse a disposición de la Justicia. Sin embargo, cuando la fiscal le dijo si quería declarar, el jefe comunal desistió y volvió hacia Pinamar, donde horas más tarde dio una breve y algo caótica conferencia de prensa (ver aparte). Por la mañana, el intendente dijo que estaba «muy tranquilo» y que esperaba el desempeño de la Justicia. Al ingresar al edificio de la municipalidad a las 7.30 sólo atinó a decir: «Vengo a trabajar, como lo hago todas las mañanas».
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