Córdoba - «La Argentina de 2001 está muy fresca todavía; cuando la gente advierte algo raro, aun sin saber por qué, compra dólares; se resguarda. Y no sólo los compra sino que los saca de los bancos, pues ya se «quemó una vez». En realidad es el mismo gobierno nacional quien genera incertidumbre, alimentando la sensación de que los problemas en la Argentina son cíclicos y que cada 7 u 8 años vuelven a producirse...», dijo a Ambito Nacional Sergio Recchia, vicepresidente de la Cámara de Industriales Metalúrgicos de Córdoba. Agregó que «la coyuntura es distinta a otras anteriores, pues hay cuantiosos recursos monetarios y, en verdad, los problemas se arreglan (tapan) con plata. Pero eso no es suficiente, también hay que aplicar inteligencia. Hoy, los incrementos salariales propuestos o logrados (y lo repito para que quede claro), independientemente de la necesidad del bolsillo de cada uno, se enmarcan en una puja sindical irracional. Y si bien en la gran empresa la incidencia del costo de la mano de obra es baja (2% a 3%), en la pyme es una variable estratégica (20% a 30%), clave y crítica». Recchia aseguró que «los que quieren llevar una negociación de paritaria de 30%, como logro sectorial, no han leído la historia del país». Periodista: Frente a ese contexto ¿cuál es el rol de nuestra dirigencia, de nuestras instituciones? Sergio Recchia: Creo que la dirigencia le debe a la sociedad un cambio profundo. Desde la CIMCC tratamos siempre de decir la verdad, tanto en la órbita provincial como nacional, porque creemos que no tiene sentido ser súbdito del gobierno de turno ni tratar de tapar el sol con las manos; decimos la verdad porque defendemos nuestras empresas. Además, si no hay un cambio de actitud en nuestros gobernadores, senadores y diputados, que se planten, que peleen por los intereses de cada provincia haciendo oídos sordos a las conveniencias partidarias y sectoriales, no tendremos salida. Es lamentable que las instituciones estén enrarecidas y no funcionen. P.: ¿Cómo reclamarle a la dirigencia esa responsabilidad y una actitud que revierta la situación? S.R.: Estamos a tiempo de hacer una gran concertación nacional; una especie de Pacto de La Moncloa. Sentarse en una mesa común, olvidar el pasado y pensar cómo consolidar el futuro. Empresarios, campo, sindicatos y gobierno deberían aportar con generosidad para resolver el problema de la Argentina. Y en ese sentido, quiero aclararle que dirigencia es no sólo la política, todos estamos involucrados. P.: ¿Cómo cree que incidirán los problemas de fondo para mantener el crecimiento? S.R.: Primero hay que reconocer los problemas; para el gobierno anterior «no hubo problemas energéticos» y De Vido decía que estaba todo bárbaro. Se terminó el mandato y a los 2 meses se blanquearon los problemas energéticos. En realidad no se hizo nada, o no se hizo a tiempo, o nadie pensó que esto podía suceder, o nadie planificó que la Argentina podía crecer a este ritmo. Todo giró alrededor del efecto rebote de «una economía en el abismo» y de los precios internacionales de la soja. Con plata todo se tapa, pero si no se planifica en base a la realidad de crecimiento del país, en algún momento todo colapsa. Y no hay que ser genio para advertirlo. Días atrás anunciaban que «Brasil encontró petróleo»; no ¡Brasil buscó petróleo!, mientras nosotros esperamos que nos aparezca mágicamente o venga alguna multinacional a invertir con el nivel de seguridad jurídica que ofrecemos. P.: De todas maneras, todos esperamos un cambio... S.R.: Todos esperamos que cambien los demás, pero debemos cambiar nosotros mismos individual y colectivamente. Si no, tampoco lo hará nuestra dirigencia, seguiremos alimentando el contubernio y consolidando el corporativismo que nos conduce a situaciones como las que vivimos hoy. El cambio se logrará depurando los sistemas políticos. Una personaje muy influyente dijo una vez, que «la política es algo extremadamente importante como para dejársela sólo a los políticos». Confío en que poco a poco se irá infiltrando en la clase política otro perfil de referentes, hasta que en algún momento tengamos gente honesta y eficiente, capaz de llevarnos a todos a la Argentina que soñaron nuestros abuelos.
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