Neuquén (de nuestra agencia) - «Cristina no está preocupada por lo que pase en Neuquén. Gane quien gane (Jorge Sapag, del MPN, o Martín Farizano, del Frente Neuquino) será un triunfo K». La contundente definición surgió de un importante operador político de Olivos apenas se lanzó la campaña electoral en la provincia, hace un par de meses, y hoy tiene más vigencia que nunca con los cierres de ayer, en medio de la erupción del volcán chileno Puyehue.
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El fenómeno meteorológico determinó que el principal candidato (Sapag) interrumpiera su campaña electoral y se instalara en Villa La Angostura, epicentro de la caída de las cenizas, el pasado sábado. Lo mismo hizo Farizano ayer. Bajo esas poco normales condiciones climáticas, el domingo, unos 403.220 neuquinos estarán habilitados para elegir los cargos de gobernador y vice, 35 diputados provinciales y consejeros escolares, y en 50 municipios, intendentes y concejales. En tanto, en la ciudad de Neuquén, principal distrito electoral y económico, el actual intendente -y candidato-, Farizano, aún no fijó fecha de elecciones.
Para la gobernación competirán seis dirigentes: además de Sapag y Farizano, se presentarán Ricardo Villar por la Coalición Cívica-ARI, Paula Sánchez por Libres del Sur, Patricia Jure por el Frente de Izquierda y de los Trabajadores y Priscila Ottón, por Nueva Izquierda -aunque hizo su campaña en nombre de Pino Solanas de Proyecto Sur-. Uno de los aspectos particulares de esta compulsa será la interminable lista de colectoras que acompañarán a las dos fórmulas mayoritarias.
Sobre el cierre de la campaña, Farizano desnudó totalmente su pensamiento protokirchnerista y reveló su afán por seguir a Cristina de Kirchner, alejándose del candidato oficial de la UCR, Ricardo Alfonsín, lo que provocó una fuerte reacción de los radicales tradicionales y colocó al partido al borde de la división. Muchos de esos radicales ya anticiparon que votarán por Villar, convirtiéndolo en la verdadera novedad de una campaña que se caracterizó más por el discurso descalificante que por las propuestas concretas.
Neuquén depende del gas y del petróleo de su subsuelo y, por lo tanto, sus principales ingresos quedan sujetos a la arbitrariedad de la Secretaría de Energía de la Nación, que fija los precios en boca de pozo y determina la rentabilidad de la actividad. Precisamente, el primero en advertir esa dependencia fue Sapag, quien antes de ser ungido gobernador en 2007 planteó la necesidad de forjar una alianza estratégica con Cristina de Kirchner, desandando un camino lleno de enfrentamientos con la Nación que le dejó su antecesor, Jorge Sobisch.
Panorama
Sin embargo, el exmandatario se constituyó en una pieza importante en las posibilidades de triunfo del MPN -marcha primero en las encuestas- al unificar el partido y no volcarse a la oposición después de la derrota frente a Sapag. Incluso, hasta se resignó a la estrategia kirchnerista del vencedor interno y como presidente del MPN amenazó con graves sanciones a aquellos perdedores de esa misma interna que quisieran hacer rancho aparte con el farizanismo, que lleva como figura tentadora, por sus vinculaciones con el poder central, a Nanci Parrilli, hermana del secretario general de la Presidencia.
Por lo pronto, en ese cuadro de alineamiento K por parte de los dos principales contendores de este domingo, sobresale la alianza estratégica con Sapag por motivos contundentes: en términos de negocios petroleros, Sapag es parte institucional de una estructura que está más allá de cualquier promesa.
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