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Jujuy (enviada especial) - Cristina de Kirchner llegó ayer a Jujuy para inaugurar un colegio secundario y un taller textil, pero no dejó de lado el conflicto con el campo y castigó a los ruralistas que volvieron a las rutas en su reclamo contra las retenciones a los granos. «Se me parte el corazón al ver que ustedes, pobres de toda pobreza, hablan de obligaciones. Son la contracara de las minorías egoístas e insolidarias», abrió la Presidente bajo el gris cielo jujeño y la amenazante llovizna en el barrio piquetero Alto Comedero. Pero no era el del campo el único conflicto que copó la agenda presidencial. A 100 kilómetros de donde la jefa de Estado encabezaba el acto junto a varios de sus ministros, desocupados de la provincia realizaban cortes y piquetes en los accesos a San Salvador, en reclamo de planes sociales. «La Presidente tiene que saber que acá en Jujuy hay hambre y desocupación», bramó un dirigente de la Corriente Clasista y Combativa apostado en una de las barricadas. La situación se inscribe, en rigor, en un complejo proceso social que enfrenta la provincia, consecuencia de la frágil situación financiera provocada por el aumento del gasto público que debió enfrentar el gobernador Walter Barrionuevo, forzado por los sucesivos aumentos de salarios acordados en Buenos Aires. Finalmente, la Presidente logró esquivar la protesta local, y escoltada por el ministro de Educación, Juan Carlos Tedesco, la ministra de Desarrollo Social, Alicia Kirchner, el gobernador salteño, Juan Manuel Urtubey, y el presidente del bloque del Frente para la Victoria, el jujeño Eduardo Fellner, la jefa de Estado se abrió paso primero al acto en la Escuela Normal Nº 3 «Exodo jujeño». Allí presenciaron su discurso todos los funcionarios del gobierno local, e invitados especiales ligados a la comunidad educativa que pertenece al colegio.
Con un traje en tonos de lavanda, la Presidente primero escuchó al director del establecimimiento, Sergio Toconás, quien le pidió a Cristina que «aguante» en esta puja con el sector agropecuario. «Nosotros sabemos mucho de un verbo que no se conjuga demasiado en los manuales: aguantar. Aguante, señora presidente», dijo con tono enérgico, despertando un efusivo aplauso. Ese fue el puntapié inicial para una temática que casi ocupó un lugar especial en los oradores que tomaron la palabra en la tarde de ayer. Luego fue el turno del gobernador justicialista Barrionuevo, que no ocultó el orgullo que le generaba tener a la primera mandataria en su provincia. «En esa lucha Jujuy, con el gobernador a la cabeza, va a estar con usted», manifestó respecto del momento difícil en la negociación con las entidades rurales. Luego, la comitiva -que además de los ministros, incluyó a funcionarios de segunda línea y colaboradores nacionales- se trasladó hasta uno de los barrios más pobres de la ciudad, Alto Comedero, para que la jefa de Estado ponga en funcionamiento una fábrica textil en la que trabajarán piqueteros de la agrupación barrial «Tupac Amaru», que comanda Milagros Salas.
El acto -que tuvo más presencia de público que la inauguración del edificio escolar en el centro de la ciudad capital- contó con cerca de 5 mil asistentes que responden a la dirigente social sucesora de Carlos «Perro» Santillán. Este personaje fue el atractivo de la jornada, ya que se rumorea que tiene una importante cercanía a funcionarios del gobierno nacional, y hasta se especulaba que fue la obra de Milagros Salas lo que convenció a la Presidente de llegar a Jujuy. Esta piquetera, de raíz colla, como ella se encargó de aclarar en su discurso, también incentivó el cantito que se escuchó en Alto Comedero: «Che, Cristina, no me bajes los brazos, que en este mal momento nosotros te bancamos».
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