26 de mayo 2005 - 00:00

Agotamiento energético dará paso a los biocombustibles

Crece la producción, se necesita mayor energía. Se sobrepasará la demanda actual. Los biocombustibles surgen como un reemplazante natural: entre ellos maíz, caña de azúcar y cereales.
Crece la producción, se necesita mayor energía. Se sobrepasará la demanda actual. Los biocombustibles surgen como un reemplazante natural: entre ellos maíz, caña de azúcar y cereales.
El consumo de energía en un país es el mejor indicador de su grado de desarrollo; es el combustible para el crecimiento y la necesidad básica para el bienestar económico y social. Pero en el tablero mundial y, en el de la Argentina en particular, se han encendido numerosas luces rojas. Las fuentes de energía tradicionales se están agotando aceleradamente y, de modo simultáneo, su uso aumenta y se expanden las graves consecuencias que depara al ambiente biológico. Es obvio, y ni hace falta aclararlo, que se conjugan dos elementos de grave peligrosidad: el agotamiento de los recursos que no son renovables, y el colapso ecológico.

Se estima que al ritmo de consumo actual, dentro de sólo 25 años, las necesidades mundiales de energía superarán a las actuales en 60%, y a su vez los combustibles fósiles continuarán representando 85% de la energía total consumida. En ese contexto, las demandas actuales de gas natural y de electricidad se duplicarían.

Como es de conocimiento general, nuestro país ya sufre las consecuencias. Cuando se crece, la demanda aumenta y resulta cada vez más complicado satisfacerla. Sobre todo, como en nuestro caso, porque contamos con una estructura de oferta energética que en 90% es provista por el gas natural y el petróleo, y cabe aclarar que las reservas comprobadas son de apenas 11 años para el petróleo y 15 para el gas. El mundo se lanzará, sin duda, a la lucha por el control de las fuentes existentes y a la búsqueda de nuevas técnicas para suplantarlas. Este será el escenario del siglo que corre.

• Dos áreas

Hasta el momento, las investigaciones se centran en dos áreas principales: la utilización del hidrógeno como combustible, que se encuentra recién en etapa de experimentación, y la denominada bioenergía. En este último ámbito, la agricultura y la silvicultura serían la principal fuente generadora de biomasa para producir biocombustibles de una eficacia similar a los actuales.

Los biocombustibles usan la biomasa vegetal como fuente de energía renovable. Estos pueden ser de características similares al diésel, ya sea elaborado a partir de semillas aceiteras y/o grasa de animales, como el denominado biodiésel, o producirse alcohol etílico, el llamado etanol obtenido a partir del maíz, la caña de azúcar u otros cereales, para ser mezclado con las naftas, con el consiguiente aumento en el número de octanos y mejoramiento en la calidad de las emisiones de la combustión.

Tanto los gobiernos como el sector privado en diversos países del mundo muestran un creciente interés por incrementar el uso de biocombustibles, especialmente en el sector de los transportes.
El caso más notorio es el de Brasil, un adelantado en la materia, y más recientemente se han plegado la Unión Europea, los EE.UU., Japón y otros países.

En el año 2003, los Estados Unidos destinaron más de 25 millones de toneladas de maíz (11% de la producción anual del cereal) a la producción de más de 10.000 millones de litros de etanol, distribuidos en 72 plantas de procesamiento. Se estima que la producción de Etanol proporciona más de 200.000 puestos de trabajo en dicho país, estimulando muchas áreas rurales. Lo cierto es que la producción de etanol a partir de maíz en EE.UU. crece a razón de 30% al año.

Brasil es desde hace tiempo el líder zonal con 12.000 millones de litros, y avanza al compás de su cosecha de azúcar, con la que fabrica el etanol. Entretanto, China es el mayor productor asiático con casi 3.000 millones de litros anuales
, ya ha construido la mayor planta de etanol del mundo y planea montar otra de las mismas dimensiones.

En la Unión Europea se ha dispuesto un conjunto de medidas legislativas y exenciones fiscales para promocionar los biocombustibles. La demanda de etanol en la UE en 2003 fue de unos 400 millones de litros, y Alemania aumenta su producción de biodiésel entre 40% y 50% por año.

En la actualidad, los biocombustibles se usan en mezclas con los derivados del petróleo. Los europeos usan B5 (diésel mezclado a 5% con Bio), mientras los EE.UU. usan E10 (10% de etanol con 90% de nafta).

El problema reside en que, con la tecnología disponible en la actualidad, aún existe una fuerte brecha de precios entre los combustibles fósiles y los biocombustibles, en detrimento de estos últimos. Por esta situación, su utilización cuenta generalmente con amplias ventajas impositivas. Sin embargo, además de las cuestiones estratégicas de planeamiento, a mediano y largo plazo, habría también que evaluar todos los beneficios colaterales, tales como el surgimiento de nuevas empresas, la incorporación de zonas rurales marginadas y el innegable efecto sobre el ambiente.

La Argentina cuenta con una ventaja apreciable que deriva de los Mecanismos de Desarrollo Limpio (MDL) descriptos en el art. 12 del Protocolo de Kyoto, que permite a los países industrializados financiar proyectos que generen reducciones en las emisiones de gases contaminantes y causantes del « efecto invernadero» en los países en vías de desarrollo, y de esa manera, adquirir créditos de carbono a precios más baratos
, como si hubiesen sido producidos en territorio propio. Esto es un incentivo adicional de extrema importancia para la Argentina aunque requiera de tramitaciones relativamente complejas.

Para no quedar atrás en la carrera, se necesitan acciones claras y definidas por parte del Estado. Porque todo planeamiento estratégico a largo plazo requiere reglas de juego explícitas, tal como lo están haciendo en este terreno los otros países. Contamos con abundantes ventajas comparativas, especialmente en cuanto a la extensa cantidad de campos marginales que se podrían agregar, así como la posibilidad de aprovechar más intensamente otros cultivos, como el maíz y otros granos aptos que actualmente se exportan en bruto.

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