Bajo crecimiento del agro en los '90

Campo

A pesar de los serios inconvenientes que enfrenta en América latina y el Caribe, el sector agrícola sigue siendo la variable gravitante en la región. Mientras en 1980 el Producto Bruto Interno agropecuario de la región representaba 7,5% del PIB total regional, a finales de la década de los '90 llegó a 7,8%.

Así lo sostiene una investigación del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA) y la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) que, bajo el título de «Panorama de la Agricultura de América latina y el Caribe, 1990-2000», se presentó en Santiago de Chile.

El documento consigna que, aunque el sector agropecuario regional creció menos en los años '90 que los restantes sectores de la economía, pasó de un crecimiento promedio anual de 2% en los años '80 a uno de 2,6%. El estudio recuerda «el pobre desempeño que tuvo la economía regional en la 'década perdida': el crecimiento promedio anual fue de 1,1 y pasó a 3,2% en los '90». En los '90 prevalecieron condiciones climáticas muy adversas y hubo, además, situaciones de inestabilidad o de conflictos políticos que afectaron muy particularmente la producción agropecuaria y la vida rural.

Por otra parte, en casi toda la región, la agricultura enfrentó una economía más abierta y globalizada, al tiempo que el precio de varias de sus principales exportaciones mostraba una tendencia persistente a la baja. Asimismo, la crisis financiera que estalló en 1997 no dejó de hacer mella en el afán de los países de la región de conquistar y mantener los mercados externos para sus productos agropecuarios. Con todo, agrega el informe CEPAL/IICA,
la mayoría de los países aumentó cuantitativamente las exportaciones del sector, lo cual permitió compensar con creces la baja en los ingresos provenientes de la caída de los precios.

Durante el decenio hubo grandes cambios en la estructura y en la dinámica de la producción agropecuaria regional. El crecimiento estuvo comandado por la producción pecuaria, aunque también se expandieron algunos de los cultivos más tradicionales. Por el contrario, perdieron terreno diversos cultivos estrechamente vinculados a los mercados externos.

• Estabilidad

Estos cambios en la composición y el ritmo de la producción afectaron de manera muy distinta la estabilidad de los productores, pues tuvieron un efecto más marcado en aquellos que hacen un uso más intensivo de mano de obra, al tiempo que comprometían las posibilidades de desarrollo de los productores más dependientes de la evolución de la economía mundial.

La producción pecuaria creció durante el decenio a un promedio anual de 5,4%, de manera tal que la participación del subsector en el PIB agropecuario aumentó de 33% a casi 40% en el curso de los diez años.


La estrella de este cambio fue la producción de carne de ave, que creció a un promedio anual de 9,2% y pasó de 8 por ciento a 14% de la producción agropecuaria total entre comienzos y fines de los noventa.

Los cultivos tradicionales -que comprenden rubros como la soja, maíz, arroz, remolacha, cítricos y tabaco- crecieron durante el decenio a una tasa promedio de entre 3% y 5% al año, y mantuvieron una participación cercana a 27% dentro del PIB agropecuario.

Los productos más dependientes del comercio exterior -como
algodón, trigo, café y caña de azúcar- que desde hace tiempo están deprimidos, así como otros que habían alcanzado cierto auge en el pasado y ahora están debilitados, como el banano y las uvas, tuvieron durante el decenio un crecimiento negativo o que escasamente superó 1% como promedio anual. En conjunto, estos rubros representaban al final de la década casi 33% de la producción agropecuaria regional.

En términos cuantitativos,
las exportaciones agropecuarias de América latina y el Caribe se expandieron en forma sostenida a lo largo del decenio, aunque con mayor fuerza en la segunda mitad que en la primera. Esto ocurrió a pesar de la evolución desfavorable de los precios internacionales, lo cual determinó valores unitarios decrecientes para las exportaciones. Como resultado, bajó el valor conjunto de las exportaciones, pues la tendencia creciente del volumen exportado no alcanzó a compensar la declinación de los precios.

Sobreponiéndose a esa baja de precios internacionales,
los países hicieron en general un gran esfuerzo exportador. No obstante, sus ingresos por exportaciones descendieron. Sólo las exportaciones de algunos países, como Chile y México, gozaron de precios internacionales que les permitieron mantener en alza sus ingresos.

En los '90, por otra parte, la región importó productos agropecuarios a ritmo cada vez más elevado. Esta dinámica de las importaciones se diferenció de la de las exportaciones, pues éstas se expandieron a un ritmo menor y enfrentaron precios internacionales más desfavorables.

Los retornos por concepto de exportaciones agropecuarias de la región se expandieron a una tasa bastante alta durante la década, de 6,4% como promedio anual.
Esta tendencia se acentuó hacia fines de la década en los países más grandes -como Argentina, Brasil, Colombia y, en menor medida, Perú, con la excepción de México-, pero declinó en la mayoría de los países de agricultura más pequeña, incluso entre aquellos que llevaron adelante un vigoroso impulso exportador, como Chile y Costa Rica.

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