13 de julio 2006 - 00:00

Caen argumentos en contra de la carne

Las comparaciones sobre los precios del novillo en distintos países productores dejan en evidencia que el precio que reciben los productores es inferior en la Argentina en comparación con otros países productores.
Las comparaciones sobre los precios del novillo en distintos países productores dejan en evidencia que el precio que reciben los productores es inferior en la Argentina en comparación con otros países productores.
Hoy se hace necesario esclarecer una vez más el controvertido tema de la carne argentina. Se dice desde el gobierno que por medio de decretos se logrará incrementar la producción. Es por ello que creo necesario aportar algunos datos, el primero es que en la década del 50 en la Argentina la existencia vacuna era de 2,6 cabezas en relación con cada habitante, y en la actualidad es de sólo 1,3 cabeza, mientras que Australia tan sólo desde 1993 hasta 2005 pasó de 1,37 a 1,92, y la Argentina, si tomamos solamente este período, tenemos una disminución de 1,61 a 1,3 cabeza por habitante.

Sería de una simpleza tonta pensar que eso depende de la sola voluntad de los productores, pues nadie puede creer que alguien en una actividad económica quiere el estancamiento como objetivo, y menos el retroceso, sino que es consecuencia de la falta de políticas o la presencia de políticas oficiales que desalentaron la producción.

Es interesante preguntarse si no se puede vivir sin el elevado nivel de proteínas rojas, y para ello habría que mirar otra vez hacia el mundo, o al menos hacia países similares productores de carne, sin querer por ello ignorar el subdesarrollo nutricional de otros: respecto de la comparación con el resto de países productores podemos ver que tomando el precio de la carne en gancho, o sea el animal una vez faenado, es netamente desfavorable para el ganadero argentino. Entonces me pregunto ¿esto forma parte del plan ganadero de aumento de la producción?

Claro, si vemos que Brasil aumentó, desde 1990 a 2005, 69% su producción y 643% sus exportaciones de carne vacuna, posicionándolo como primer exportador mundial, y en la Argentina las prohibieron, sin duda no es necesario ser un experto para comprender la diferencia en las políticas de Estado para la producción, y no nos vayamos tan lejos, veamos nuestros vecinos uruguayos, quienes priorizaron las exportaciones cárneas, y hoy sus productores perciben precios que les permiten desarrollarse y crecer, con beneficio para sus explotaciones y el país.

  • Rentabilidad

  • Respecto de la forma de incrementar la producción, tampoco me caben dudas de que no es por decreto sino con rentabilidad que se logra, al analizar los datos previos a la prohibición de exportar y consecuente derrumbe de los precios y rentabilidad.

    Y de acuerdo con datos de la SAGyPA, específicamente de su dirección de mercados agroalimentarios, vemos que los kilos por cabezas no cayeron sino que aumentaron, con la lógica excepción de la vaca, que es un animal que finalizó su ciclo de crecimiento, y es más, la Oficina de Control Comercial Agropecuario, en su informe anual 2005, concretamente en su página 9, expresa textualmente: en 2005, la cantidad de bovinos faenados fue de 14.251.709, cifra que resultó similar a la de 2004. El promedio mensual fue de 1.187.642 cabezas.

    El mantenimiento de la cantidad de animales a faena es destacable, ya que se dio en un contexto de retención de vientres a diferencia de lo observado en los dos años anteriores. Una de las cuestiones más importantes que se dio en 2005 fue el aumento de la producción de carne (en tonelada res con hueso). El aumento del peso promedio por animal faenado fue el factor que permitió el aumento de la oferta de carne vacuna.

    Otro dato es la producción en equivalente res con hueso reflejado en éste: la soja, con su mejor posición de rentabilidad, llevó la ganadería a las zonas menos favorecidas, ya no sólo al potrero del fondo, sino a provincias marginales, y esto no es un dato menor, pues el hecho de haber mejorado los índices de producción pese a esta marginalización demuestra el alto desarrollo de la producción ganadera hoy castigada por haber hecho bien los deberes.

    Otro de los mitos exacerbados por el gobierno es el de la oligarquía ganadera, y para ello debemos volver a los datos que nos dicen que si tomamos la existencia actual, y la estimamos en 55.000.000 de cabezas, y tomamos no 200.000 sino 190.000 productores, nos da un promedio de 290 animales por ganadero, nada más lejos de la idea que se pretende imponer y más aún de la acepción correcta de la palabra oligarquía.

    Si analizamos entonces la tasa de extracción del rodeo nuestro en relación con las de otros países, con estos datos ya tendremos una razón más cierta de quién es el responsable, pues sin una política oficial y me refiero a muchas décadas de ausencia, o de políticas en contra, mal podemos pensar en producir mejor, pues sin rentabilidad no hay acumulación de capital; sin capital no hay inversión.

    Un presente con una política ganadera sin rumbo, o lo que es peor, con rumbo errado, es lo que tenemos, y un antojadizo esbozo de plan ganadero basado en producciones por decreto, mercados electrónicos y en índices adecuados para «manejar» la inflación que sin duda será tan inservible como un teléfono público en la Luna.

    La política oficial para manejar el tema fue y es un fracaso, fundamentalmente porque se parte de una premisa errada, pues la calidad de vida de los pueblos no depende de si come más o menos carne, sino de un ingreso digno que le permita el acceso a un adecuado desarrollo económico, cultural y social.

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