18 de mayo 2001 - 00:00

Dicen en el campo

Muy molestos se los vio a varios representantes de la Unión Europea (UE) por las restricciones al ingreso de alimentos europeos que está imponiendo la Argentina, debido al mal de la «vaca loca» que aqueja a ese país. Aunque técnicamente serían difíciles de sostener, las limitaciones alcanzan a los lácteos y varios tipos de galletitas, entre otros. El malestar es mayor debido a que tampoco está clara qué área tiene la responsabilidad -y la autoridad-para tomar la decisión sobre la eliminación de estas restricciones: si es el Ministerio de Salud que lidera Héctor Lombardo, vía el INAL (Instituto Nacional de Alimentos), o si es el SENASA.

El conflicto interno es de larga data y, hasta ahora, parece que sigue la superposición de funciones, ya que Salud defiende a capa y espada su injerencia en el tema alimentos frente a la Secretaría de Agricultura.

Para los europeos, ajenos a estas internas, el tema no da para más y hasta dejaron entrever que, si no hay novedades pronto, entonces también se podría «demorar» la reapertura del mercado europeo para las carnes vacunas argentinas, que, hasta el momento, sigue cerrado por el problema aftósico.

Sólo de la Cuota Hilton, al país todavía le restan enviar alrededor de 8.000 toneladas que, de no entrar en Europa antes del 30 de junio, se perderán.

El sector de los productos veterinarios también tiene lo suyo, y en este caso, los comentarios se centran en el área de la aftosa. «¿Quién va a hacer una inversión de u$s 4 a u$s 9 millones para rehacer los laboratorios y poder producir vacunas si el tema de la aftosa va durar sólo 3 o 4 años y no se sabe quién va a pagar las dosis?», se preguntaba el directivo de un laboratorio de plaza. El caso es que todavía se requiere una provisión mayor a la actual -suministrada por un solo laboratorio-, que es absorbida directamente por el SENASA a $ 0,25 la dosis, pero otros potenciales oferentes no están demasiado convencidos de volver a entrar en el mercado mientras no se aclaren algunos aspectos; el precio de venta y quién lo va a pagar son algunos de ellos.

Los semilleros privados se debaten entre el optimismo y la cautela respecto de la posibilidad de que reaparezca el INASE, el estratégico organismo especializado en semillas que fuera disuelto a fines de noviembre pasado por un decreto (el 1.104) originado en la Jefatura de Gabinete y anunciado, en ese momento, dentro de un paquete que implicaba la desaparición de unos 80 entes más.

La realidad es que el único que desapareció fue el INASE, uno de los pocos que tenía superávit operativo, entonces, de u$s 6,9 millones.

Ahora, los optimistas se aferran a los dichos del nuevo secretario de Agricultura, Marcelo Regúnaga, quien ya adelantó su intención de reflotarlo (y que, de hecho, al menos estaría poniendo al día las más de 180 resoluciones atrasadas), mien-tras que los escépticos señalan que si el área de Modernización del Estado está a cargo de Marcos Macón, esto difícilmente suceda, ya que este funcionario era, justamente, quien reportaba como vicejefe de Gabinete cuando se adoptó la decisión de liquidación.