El gobierno nacional decidió intervenir en el funcionamiento del mercado de carnes vacunas y lo hizo con la misma sutileza de un elefante correteando por una cristalería, a lo que añadió su ya conocido y notable grado de soberbia, que le impide reconocer errores y dar marcha atrás con decisiones equivocadas.
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La suspensión a las exportaciones de carnes sorprendió a todos, pero seguramente mucho más a los actores extranjeros de ese mercado en el que la Argentina logró ganar primero, y reconquistar después, un puesto de privilegio en virtud del esfuerzo, habilidad e inversiones de los productores e industriales locales.
Ocurre que los extranjeros no están habituados a que las decisiones económicas estratégicas, como debería serlo todo lo vinculado con la producción primaria en la Argentina, dependan de arranques de mal humor o del afán de algunos por torcer el brazo de quienes no se someten a sus designios. A la inesperada y muy poco feliz intervención gubernamental en el asunto es forzoso, aunque duela, sumar la ambivalente reacción de parte de la dirigencia del sector, que pareció no terminar de comprender la magnitud de lo sucedido. Con las distancias del caso, algunas actitudes desde las entidades recordaron la casi nula respuesta al desatino de declarar al país en default, aplaudido por la mayoría de los senadores y diputados de entonces y recibido sin mayores críticas -con honrosas excepciones- en el ambiente empresario. ¿Qué es lo que pasa para que el país haya llegado a esta suspensión y las subsiguientes medidas de pretendido control de precios, con la previsible distorsión de toda estructura de costos, la inutilidad de toda estrategia de producción con vistas a futuro y el desaliento -uno más- de aquellos que creyeron e invirtieron? En este caso la respuesta puede establecerse de modo secuencial.
Ignorancia
El primer eslabón oficial, la Secretaría de Agricultura, a lo largo de su extensa gestión en el área clave de la producción primaria ha venido demostrando un entusiasmo digno de mejor causa por no saber de qué se trata. Dicho en otras palabras: no se comprendeel funcionamiento del sector desde la perspectiva privada. Además, y aunque esto no lo disculpe, su margen de maniobra es claramente escaso, ya que las decisiones mayores están reservadas a figuras mucho más cercanas al primer círculo de allegados a la Presidencia. Si el secretario no sabe, el Ministerio de Economía no representa un contrapeso a tal carencia. La ministra proviene de otros ámbitos del quehacer económico, y a ella se le aplica también lo dicho sobre el reducido espacio de autonomía que el actual esquema institucional reserva a los titulares de los ministerios. Llegamos así a la máxima instancia de responsabilidad: la Presidencia. A casi tres años de desempeño, ha demostrado muy poca propensión a escuchar, y naturalmente mucho menos se presta a atender los planteos y reclamos de los diferentes sectores. En el caso del campo esa anomalía es todavía más pronunciada, porque puede afirmarse, sin temor a error, que en casi tres años nunca adoptó una medida que pueda ser considerada como beneficiosa para la actividad. Desde las retenciones -mantenidas y aumentadas- hasta esta indefendible suspensión de las mismas exportaciones de carne que muy poco antes dijo que promovería, todo fue preparado para usar -en el peor sentido- al sector como mera caja recaudadora, y no como lo que en realidad es: el principal motor del crecimiento y de la auténtica riqueza de la Nación. Para decirlo en pocas palabras: el secretario no sabe, la ministra no puede y la Presidencia no escucha. Y parte de la dirigencia no alza su voz como debería.
Con ese tan desalentador cuadro de situación no puede extrañar que cada vez se oiga más fuerte la voz de los productores de base, hartos de sufrir sin tener siquiera derecho a que quienes dicen representarlos, en el ámbito público (Congreso, legislaturas provinciales) o privado (entidades), lo hagan a medias o simplemente lo ignoren. Ellos, de todos modos, tendrán la última palabra cuando haya que dar vuelta esta página y comenzar la dura tarea de la reconstrucción.
(*) Ingeniero agrónomo y productor agropecuario. Ex presidente de Confederaciones Rurales Argentinas. Ex vicegobernador de Santa Fe (1999-2003).
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