Empeoran las perspectivas de la industria vitivinícola
La Argentina se posicionó en los '90 como uno de los actores principales del grupo de países productores de los llamados «vinos del nuevo mundo», que incluye a Australia, Chile y Sudáfrica.
La Argentina exportó vinos finos en 2001 por el equivalente a 120 millones de dólares, un monto que viene aumentando sin pausa desde 1996, cuando el país vendía unos 40 millones, según los datos del INV. El vino fino representa 80 por ciento de las exportaciones vitivinícolas del país, que totalizaron 149 millones de dólares en 2001.
Sin embargo, la crisis financiera del país comenzó a afectar a la industria. Tras la devaluación del peso, que desde enero ha perdido casi 70 por ciento de su valor frente al dólar, los productores y exportadores argentinos han comenzado a recibir numerosos pedidos de descuento de precios por parte de sus clientes en el exterior.
Además, la incertidumbre cambiaria y tributaria a la que el sector está sometido en el mercado local impide trabajar con precios definidos a mediano plazo, según productores y exportadores.
«Los importadores piden descuentos por el tamaño de la devaluación. Tampoco ayuda la falta de financiamiento para las exportaciones», comentó Alejandro Walters, exportador y comercializador de vinos argentinos y especializado en el mercado estadounidense.
«Hay vino de calidad, pero los productores tienen poca capacidad financiera incluso hasta para enviar muestras del producto a posibles compradores», explicó Walters.
El empresario comentó que para algunas bodegas se ha tornado complicado enviar incluso dos botellas de muestra al exterior, una operación que tiene un costo de 40 dólares.
Los exportadores también se quejaron de una mayor carga impositiva para el sector. «Antes recibíamos reintegros (del gobierno) a exportaciones de 12 por ciento. Lo bajaron a 6 por ciento y ahora lo anularon para cobrarnos un impuesto que anula el beneficio. No somos un quiosco, tenemos que dar un precio para un año como mínimo y así no se puede», se lamentó Fabre.
Los límites para operar con divisas en la Argentina, impuestos en diciembre tras una masiva fuga de capitales, tampoco ayudaron a la competitividad del sector, sobre todo debido a la obligación que tienen los exportadores de liquidar sus divisas en bancos para quedarse con pesos en la plaza local. «Las divisas que recibimos desde afuera las ingresamos a través de un banco, pero nos dan un precio que nada tiene que ver con el valor de plaza. Siempre hay 10 por ciento de diferencia en contra», concluyó Fabre.


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