15 de abril 2002 - 00:00

Empeoran las perspectivas de la industria vitivinícola

Tras una década de crecimiento, la crisis financiera amenaza con tornar agria la cosecha de éxitos a los que la industria vitivinícola se había acostumbrado.

Con la economía colapsada, el crédito cortado, la imposición de límites para operar con divisas y cambios bruscos en la legislación tributaria, el negocio de la producción de vinos de calidad en la Argentina parece haber entrado en tiempos turbulentos.

«Los bancos no tienen dinero para prefinanciar exportaciones y los proveedores pretenden cobrar de contado. Además, cada día cambian las reglas», explicó Herve Joyaux Fabre, un francés que comenzó a producir vinos en la Argentina en 1993, cuando fundó la bodega Domaine Vistalba.

Fabre, que en su país natal se dedicaba a la venta de vino, llegó a Sudamérica a comienzos de los años '90 en busca de tierras para producirlo. Se afincó en Mendoza, donde comenzó a elaborar poco volumen de vino de alta calidad, según indicó la agencia «Reuters». En el año 2001, pese a la convertibilidad y el consecuente encarecimiento de las exportaciones, Domaine Vistalba vendió a Estados Unidos, Inglaterra y Suiza vinos por más de 3 millones de dólares. Las exportaciones no sólo crecieron en volumen sino en precio, gracias a la inversión en tecnología -que totalizó unos 400 millones de dólares desde 1993-, la producción de vinos de alta gama y un mayor contacto con el mundo de los productores-exportadores a través de la participación en ferias internacionales, explicó Carlos Oviedo, portavoz del oficial Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV).

Oviedo indicó que las exportaciones de vinos finos comenzaron a expandirse a medida que se fue achicando el consumo de la bebida en la Argentina. En los años '70, se consumían en promedio unos 90 litros de vino por año, cifra que bajó a menos de 40 en los '90.

Entre las variedades de vino tinto, la más reconocida es la elaborada con uvas malbec, de origen francés, cuyos principales destinos de exportación son Estados Unidos, Gran Bretaña, Alemania, Holanda, Suiza, Brasil, entre otros.

La Argentina se posicionó en los '90 como uno de los actores principales del grupo de países productores de los llamados «vinos del nuevo mundo», que incluye a Australia, Chile y Sudáfrica.

La Argentina exportó vinos finos en 2001 por el equivalente a 120 millones de dólares, un monto que viene aumentando sin pausa desde 1996, cuando el país vendía unos 40 millones, según los datos del INV. El vino fino representa 80 por ciento de las exportaciones vitivinícolas del país, que totalizaron 149 millones de dólares en 2001.

Sin embargo, la crisis financiera del país comenzó a afectar a la industria. Tras la devaluación del peso, que desde enero ha perdido casi 70 por ciento de su valor frente al dólar, los productores y exportadores argentinos han comenzado a recibir numerosos pedidos de descuento de precios por parte de sus clientes en el exterior.

Además,
la incertidumbre cambiaria y tributaria a la que el sector está sometido en el mercado local impide trabajar con precios definidos a mediano plazo, según productores y exportadores.

«Los importadores piden descuentos por el tamaño de la devaluación. Tampoco ayuda la
falta de financiamiento para las exportaciones», comentó Alejandro Walters, exportador y comercializador de vinos argentinos y especializado en el mercado estadounidense.

«Hay vino de calidad, pero los productores tienen poca capacidad financiera incluso hasta para enviar muestras del producto a posibles compradores», explicó Walters.

El empresario comentó que para algunas bodegas se ha tornado complicado enviar incluso dos botellas de muestra al exterior, una operación que tiene un costo de 40 dólares.

Los exportadores también se quejaron de una
mayor carga impositiva para el sector. «Antes recibíamos reintegros (del gobierno) a exportaciones de 12 por ciento. Lo bajaron a 6 por ciento y ahora lo anularon para cobrarnos un impuesto que anula el beneficio. No somos un quiosco, tenemos que dar un precio para un año como mínimo y así no se puede», se lamentó Fabre.

Los límites para operar con divisas en la Argentina, impuestos en diciembre tras una masiva fuga de capitales, tampoco ayudaron a la competitividad del sector, sobre todo debido a la obligación que tienen los exportadores de liquidar sus divisas en bancos para quedarse con pesos en la plaza local. «Las divisas que recibimos desde afuera las ingresamos a través de un banco, pero nos dan un precio que nada tiene que ver con el valor de plaza. Siempre hay 10 por ciento de diferencia en contra», concluyó Fabre.

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