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Decir que un sector «no tiene corazón» es directamente decir que no nos importa vivir, desarrollarnos y convivir en una comunidad. Es no ser argentinos y al mismo tiempo ponernos al resto de los argentinos en el planteo de rechazarnos por «no tener corazón».
Pasaron tres años, y el sector le dio al país más de diez mil millones de dólares, la misma cantidad de dinero que la Argentina necesitó para pagar la deuda externa, o el equivalente a cinco millones de planes trabajar por año, o el dinero suficiente para construir un millón de viviendas sociales o cien mil escuelas de última generación.
¿Podemos decir entonces que el campo no aportó nada para el país? ¿El empresario agropecuario no tiene corazón? Y en esto quiero destacar algo porque fui partícipe de todas las negociaciones que se hicieron en la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación los días 19 y 20 de enero de 2006.
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