A pesar de su menor rentabilidad, el sector agropecuario continúa siendo uno de los de mayor participación en el nivel de producción del país. El año pasado el producto de este sector, incluyendo la cadena agroindustrial, ascendió a u$s 27.300 millones, lo que significa una participación de casi 10% en el PBI de ese año y equivale a más de 30% del producto de todo el sector productor de bienes de la economía. Solo el sector primario acumuló un producto anual de u$s 14.800 millones, que le otorga una participación de 5,3% en el PBI.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Así se desprende de un informe elaborado por la Fundación de Investigaciones Económicas Latinoamericanas (FIEL) y que fue presentado en el XVI Congreso de AACREA que se realiza en Mar del Plata.
Bajo el título «El agro y el país: una estrategia para el futuro», el trabajo se muestra muy crítico contra las políticas proteccionistas a favor de la industrialización del país que se aplicaron por mas de 30 años y que fueron eliminadas en la década del '90. En cambio, rescata la posibilidad de sustentar el crecimiento en el sector agropecuario como lo hicieron desde la década del '60 Canadá, Nueva Zelanda y Australia, países que «terminaron liderando el ranking de desarrollo en los '80 y '90". En este sentido, el trabajo deja claro que la Argentina tiene ventajas comparativas en el agro y ello es una condición fuerte para que el país se especifique en la producción de este sector.
Una de las evidencias que se mencionan a favor del crecimiento desde el agro, es su importancia en las exportaciones totales. «En todo la década de los '90 las exportaciones agropecuarias primarias y agroindustriales fueron proveedores netas de divisas y mantuvieron un patrón diversificado en sus destinos de exportación», señala FIEL.
Asimismo, explica que «si se clasifica al comercio exterior argentino por rubros de acuerdo a su balance comercial neto de divisas, 19 categorías de bienes sobre un total de 99 exhiben saldos de exportaciones menos importaciones, positivos y significativos. De esos 19, dieciséis corresponden al rubro agropecuario con un total de ingresos netos de divisas de u$s 11.000 millones».
Con respecto al destino de las exportaciones, FIEL destaca la diversidad de clientes que tiene la Argentina. En este sentido señala que 25% de las exportaciones primarias y 12% de las agroindustriales van al Brasil. «La Unión Europea continúa siendo nuestro principal cliente con una participación de 26% en productos primarios y 29% en productos agroindustriales», explica el informe. En conjunto, Brasil, NAFTA y la Unión Europea «representan casi 60% de nuestros mercados para productos primarios y 50% para los productos agroindustriales.
El resto en cada caso se destina a casi 100 países en el mundo».
•Crecimiento
Según explica el informe, el producto agropecuario primario creció durante toda la década del '90 a una tasa promedio anual de 3%, exhibiendo tasas positivas a excepción del año '96 (reflejo de la crisis del tequila). En 2000 el sector no se pudo sustraer a la desaceleración del producto total y se retrajo. Por su parte, la agroindustria creció a 3,6% en los '90. «Tanto el sector agropecuario primario como la agroindustria mostraron modificaciones en su composición y una gran flexibilidad en respuesta a los cambios en los precios relativos internacionales y a la influencia de las nuevas tecnologías disponibles».
Por último el informe advierte que algunos elementos del diagnóstico sectorial actual indican que sigue existiendo un sesgo en contra del sector en la política comercial y que el diseño tributario no se adapta al funcionamiento del sector (impuesto a la Renta Mínima Presunta). Asimismo, explica que subsisten problemas muy serios en la organización del mercado de crédito, que no se ha completado la modernización de la comercialización agropecuaria, que la adopción de tecnología podría enfrentar problemas de largo plazo por insuficiencia del marco regulatorio, que los gobiernos locales apelan a políticas tributarias y de cobro de tasas dominadas por necesidades fiscales y que la infraestructura de caminos y transporte y, en algunos casos, los puertos presentan deficiencias de funcionamiento o costos excesivos. Para resolver estos obstáculos, FIEL propone una serie de políticas correctivas, como la eliminación definitiva del impuesto a la Renta Mínima Presunta y reemplazo del impuesto a los intereses del endeudamiento, la reducción del arancel promedio a 6% en 5 años y reducción de la dispersión arancelaria entre 0% y 14%. Asimismo, propone simplificar el régimen previsional, eliminar la progresividad del Impuesto Inmobiliario y eliminar las tasas municipales innecesarias como la tasa de abasto.
Dejá tu comentario