8 de noviembre 2000 - 00:00

GRANOS. CUESTIONAN CALIDAD DEL TRIGO

Hace pocos días, en unajornada técnica realizada en la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, se planteabacuál era la nueva frontera del cultivo de trigo en la Argentina. Hastahace poco, el debate giraba alrededor de la calidad como tema casiexcluyente. La realidad económica de hoy instala, sin embargo, otraalternativa interesante y ahora viable: producir más. Si observamos losrendimientos promedio que obtenemos en nuestro país nos daremos cuenta queestamos ubicados, con exiguos 2.600 kilos por hectárea, muy por debajo denuestros principales competidores. Mucho se ha hablado de la calidad como unmecanismo cierto para agregar valor a la producción, sobre todo en épocas debajos precios como las actuales, pero para comprender bien el alcance de estateoría, deberíamos antes repasar la constitución del mercado mundial de trigo.

Durante la presente campaña2000/'01, y de acuerdo al último informe publicado por el Departamento deAgricultura de los Estados Unidos (USDA), la producción mundial total alcanzarálos 583,15 millones de toneladas, con un consumo total proyectado en 596,6millones y stocks finales de 113,6 millones de toneladas. El comercio mun-dialde trigo comprende, según el mismo informe, algo más de 106 millones detoneladas. En una tabla de proyección elaborada por el Canadian Wheat Board,se estima que el comercio mundial alcanzará los 118 millones de toneladas en lacampaña 2007/'08.

Del actual comercio mundial,nuestro país participa con 10%, pudiendo esta participación incrementarsenotablemente en el futuro, por contar con un mercado doméstico estable y unenorme caudal de ventajas comparativas. Argentina es el 5º exportador mundialde este producto, después de los Estados Unidos, Canadá, Australia y laUnión Europea. Ahora bien, ¿A qué mercado aspira nuestro país cuando seacentúa la necesidad de producir trigos de alta calidad? Sin dudas a un mercadopequeño, casi de «especialidades». Según el mismo Canadian Wheat Board, en untrabajo realizado juntamente con el Consejo de Adaptación Rural de Manitoba,el mercado mundial de alta calidad, considerando tal el que excede 13% deproteína, es un mercado de entre 6% y 12% del comercio mundial, dependiendo dela campaña que se trate.

El promedio de esta calidadde trigo dentro del comercio mundial fue de 8% del total durante los últimos 5años. Hablamos, entonces, de un mercado de aproximadamente 8 millones detoneladas. Se incluyen dentro del término «alta calidad» los trigos Nros. 1 y 2Canada Western Red Spring (CWRS) y el Australian Prime Hard Class (que tiene unrequerimiento mínimo de 13% de proteína). Otro tema de vital trascendenciaeconómica para los productores que aspiran entrar a este competitivo mercado essin duda el precio a obtener por estos productos. Las noticias aquí tampoco sonbuenas. A Canadá, que cuenta con 39% del mercado mundial de trigo de altacalidad y proyecta crecer a una participación de 47% para el 2007, le cuestacolocar holgadamente la apreciada calidad que producen. El trabajo citadoconfiesa que de los 3,3 millones exportados en promedio durante los últimosaños, solamente colocan con facilidad 2,5 millones. No todos están tandispuestos a pagar la mayor calidad.

Es más, el promedio deproducción de trigo de alta calidad en ese país durante los últimos 5 años fuede 4,4 mill/t, con una demanda total dispuesta a pagar algún premio por ella(incluyendo los requerimientos de la industria local), de solamente 3,2millones de toneladas.

 

Este análisis desembocanecesariamente en una reflexión: ¿Deberíamos apostar a la alta calidad o másbien concentrarnos en generar cantidad, lo cual no implica necesariamenteresignar lo primero?

La Argentina cuenta hoy concompetidores que subsidian su producción y con ningún programa de gobierno queproteja la rentabilidad del sector. Resulta adecuado, entonces, abrazar laventaja comparativa que ofrece la tecnología de hoy para producir más. Nisiquiera los países que ya están a la vanguardia en rendimientos de trigo sepueden distraer. Los productores italianos reconocen hoy su propia«ineficiencia» al poder lograr solamente 5.500 kilos por hectárea, reconociendoque no pueden competir con la tecnología de punta de Alemania (con rendimientosde 7.550 kilos) ni con la de Francia (de 7.410 k). Curiosamente, esta «bajaeficiencia competitiva» determinará un abandono del área triguera italiana, enfavor de otros cultivos como el maíz, lo que a la postre significará mayordependencia del mercado externo.

El futuro de laestrategia productiva que finalmente adoptarán los productores de trigo denuestro país está en sus manos y en las próximas campañas, podría reconocerdistintas variantes. La primeraimplicaría la continua-ción de un sistema lineal, con la misma dirección y elmismo sentido que transitamos hace ya casi dos décadas, con rendimientosestancados y un esquema productivo acotado.

La segunda posibilidad seríala de generar una fuerte y decisiva apuesta a la producción de trigo de altacalidad, que como vimos recién, no siempre se paga bien y muchas otras nisiquiera es reconocida en los mercados mundiales. La tercera sería laadopción de un sistema de producción a gran escala, aprovechando un costa-dopositivo del fenómeno de la globalización que nos permite incorporar lasnovedades tecnológicas sin demoras, pudiéndolas instrumentar de inmediato y enel acto. Apuntar a un mayor caudal productivo no sólo redundaría en beneficiodirecto del país, que ya exporta las dos terceras partes de su producción, sinoque contribuiría a mejorar toda la estructura de la cadena comercial,beneficiando no sólo a productores, sino también a acopiadores, corredores yagentes vinculados a la actividad logística de este producto.

El debate resulta parecido,pero más sencillo al que se alude cuando hablamos de los materialesgenéticamente modificados. Aquí el productor los adoptó con vehemencia, pornecesidad y convicción. Quizá con el cultivo de trigo ocurra lo mismo en lapróxima campaña.