Tokio (EFE) - Las dificultades del gobierno para determinar con exactitud el origen del llamado mal de las «vacas locas» en Japón y su falta de reflejos para cortar su propagación han creado una alta desconfianza por parte de los cuidados y una notable caída del consumo de carne de ternera.
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El primer caso japonés de Encefalopatía Espongiforme Bovina (EEB) se descubrió el 10 de setiembre en un vacuno de raza Holstein de una granja próxima a la capital y, desde entonces, la toma de decisiones se topó con luchas de competencias entre los ministerios de Agricultura y Salud. Ambos se acusaron mutuamente por no impedir que los restos de la res enferma y sacrificada terminaran en una fábrica de pienso para cerdos y pollos, lo que produjo el horror público una lluvia de críticas de las asociaciones de consumidores. Las compras se redujeron sus compras de carne vacuna provocando fuertes pérdidas en el sector cárnico que se reflejarán en los datos del consumo y ahondarán más aún la recesión.
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