Cuando parecía una utopía, ya tenemos el tan mentado Instituto de Promoción de Carnes en marcha; parece que va tomando forma, y al fin la Ley 25.507, sancionada el 14 de noviembre de 2001, y promulgada de hecho el 11 de diciembre del mismo año, se hizo realidad. Esto será así si integramos y revitalizamos toda la cadena (hoy desintegrada) de la carne vacuna. Es vital lograr el orgullo por lo nuestro, transmitirlo, difundirlo y exportarlo. La integración se logrará si están todos los eslabones representados. Si bien el objetivo es posicionar y promocionar la carne bovina argentina, antes hay que producirla y para ello es fundamental ser eficientes.
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El Instituto servirá para aunar esfuerzos en lo productivo y en lo comercial, para aumentar y hacer sostenible la producción. Para esto se consultará y llamará a los mejores técnicos y a los mejores productores que adoptaron y difundieron estas técnicas en cuestión.
Dentro del terreno comercial, una vez logrado el aumento y encauce en lo productivo, se definirá el producto y se lo venderá aumentando la presión hacia la demanda en el plano interno y externo. Es fundamental producir lo que los mercados requieren en tiempo y forma; recordemos que el cliente siempre tiene la razón. Para esto es necesario contar con un plan estratégico que involucre a toda la cadena. También se deberá aumentar la competitividad y rentabilidad de todo el segmento ganadero, para lo cual es urgente tener en forma prioritaria un marco de seguridad sanitaria y alimentaria total. Con esto mejoraremos las vías para acceder a nuevos mercados y mantener los que tenemos, promoviendo una fuerte presión en la demanda, desarrollando una trazabilidad ordenada, creíble y confiable que le conferirá valor agregado a nuestro producto.
Pero para poder lograr esto es necesario contar con fondos genuinos, los cuales serán aportados por la producción y la industria. Consideramos, habida cuenta de la situación dramática y angustiante que vive nuestro país, de la que no estamos exentos, que los aportes actuales deberían ser mínimos y todos tendrán que tener una administración eficiente y transparente con evaluación permanente de resultados. El mejor estímulo para lograr nuevos y mayores aportes será cumplir cabalmente los proyectos. Esto posibilitará en un futuro engrosar los fondos. Además, es importante mostrar acciones coordinadas y contundentes para lograr la aceptación e identificación con el nuevo organismo, que hasta que no funcione y genere hechos concretos no se lograrán.
Tampoco hay que omitir nunca a los aportantes y se les deberán transmitir los resultados obtenidos y recibir de ellos todas las críticas y sugerencias que crean convenientes.
No hay que olvidar lo que se tiene, lo que se usó mal, se bastardizó y llegó el momento de reflotarlo potenciando nuestro Instituto; nos referimos concretamente a los embajadores agropecuarios. Siempre tenemos presente lo que nos dijo el primer embajador agropecuario Luis Landriscina: «Si los americanos, con marketing, nos impusieron la hamburguesa, ¿cómo puede ser que el país del bife, como es la Argentina, no imponga nuestra carne en el mundo?». Ellos están dispuestos a ayudarnos desinteresadamente; desaprovecharlos sería un gran error. Siempre dijimos y reiteramos ahora que las que manejan las decisiones en el plato son las amas de casa; de allí la necesidad de estar junto a ellas en esta cruzada.
Las posibilidades están; por ello será necesario darle un marco de austeridad, transparencia y eficiencia al Instituto, aprovechando lo que se hizo, que servirá de punto de partida por lo mucho que hay que hacer.
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