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29 de diciembre 2005 - 00:00

Las retenciones postergan inversiones en ganadería

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La historia nos indica que es la producción de carne o su industrialización la que marcó en ocasiones el camino de esta República.

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No me cabe la menor duda de que estos razonamientos acompañaron al de muchos productores, con la esperanza de que el país y el mundo iban a requerir más carne argentina. Hace dos años, cuando nos preguntaban: ¿Qué sector tendría mayor futuro? No dudábamos en responder: el ganadero.



La apuesta fue rápida, la provincia de Córdoba pasó en tres años de tener un solo frigorífico exportador a cinco autorizados por la Unión Europea. El productor del norte de Córdoba y de Catamarca invirtió en desmonte selectivo y sembró pasturas subtropicales. En San Luis y sur cordobés se apuntó a la exportación con un novillo pesado, con alimentaciones pastoriles y trazado. Se hicieron agrupaciones de productores para exportar, los del Sur -Huinca Renancó-, los del Centro -un fideicomiso en Río Cuarto-y los del Norte -Jesús María-.

A pesar de la grave sequía y del corrimiento hacia zonas marginales, se mantuvieron los rodeos. ¿Cómo no gastar en rollos, reservas si la ganadería rebosaba de futuro? Los mensajes del Ministerio de Economía eran claros: busquemos más mercados externos. El SENASA respondía: se abrieron los mercados de Rusia, Chile, sudeste asiático. Los productores apostaban con el IPCV y armaban delegaciones, encuentros, presencias en ferias. ¡Qué gran futuro tiene la ganadería!

Hoy, después del aumento de las retenciones, ¿podemos perder todas estas expectativas de inversiones y esfuerzos? ¿Por qué hacer de la ganadería un nuevo hito de fracaso si está todo armado para que las carnes argentinas hagan un camino de gloria? Es este manto de incertidumbre la que nos hace dudar es la compra de vientres (hace escasos cinco días no había prácticamente oferta por vacas preñadas en un remate en el centro de la provincia de Buenos Aires).

La que nos hace plantear si dentro de dos meses sembramos o no pasturas, en seguir o no con el Plan de Brucelosis, en trazar o no nuestros terneros. Y son en esos momentos de dudas, cuando planificamos el futuro de nuestras vacas, que esperamos una señal del gobierno para seguir pensando: ¡Qué gran futuro tiene la ganadería! Como lo dijimos en reuniones con funcionarios del gobierno: ¿Para qué queremos créditos para reposición o retención de vientres, para pasturas, si nuestro destino es producir carne barata? ¿Cómo le voy a hablar de trazabilidad a un productor si planteamos no exportar? ¿Cómo voy a hablar de inversiones, si no sabemos qué ganadería queremos para el país?



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