Momento más que oportuno para instaurar en el sector agropecuario la discusión sobre la necesidad de vigencia de una «política agrícola» que aporte soluciones generales y particulares, luego de los hechos ocurridos y que son de amplio conocimiento por parte de los agentes y el nuevo orden mundial de la agricultura.
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¿Por qué oportuno? Por dos razones fundamentales: por los nuevos funcionarios del gobierno (técnicos de alto conocimiento sectorial), directos partícipes de los cambios registrados en la década pasada, y por el estado de modernización y transición en que se encuentran los diversos subsectores, que aún no logran la integración esperada con efectos sobre la asignación eficientes de los recursos, que definitivamente causan abruptos deterioros sobre los ingresos de los productores. Sin producción no hay comercialización, industrialización ni exportaciones; por lo tanto, no hay divisas para el país, y en algún momento los créditos también se acaban, porque no hay garantías de producción para poder pagar. Por lo tanto, no podemos hacernos los distraídos y descuidar a quienes constituyen el motor del sector.
La desregulación, apertura y modernización sectorial, coincidentemente llevada a cabo por Domingo Cavallo en el Ministerio de Economía y Marcelo Regúnaga a cargo de la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentación, durante la década de los '90, han registrado «un salto positivo en la eficiencia asignativa y productiva»; dan cuenta de que es el momento para dar soluciones estructurales y ejecutivas.
¿Por qué hablar hoy sobre la necesidad de una «política agrícola» integral y orgánica para el sector? En primer lugar, porque están las personas en el gobierno que pueden ejecutar, luego de que los agentes, entidades y demás organizaciones se expidan sobre el diagnóstico y colaboren con el aporte de soluciones. Se debe revertir la visión de los agentes: «Tenemos el problema y se lo presentamos a las autoridades», por el de «existe este problema y estamos evaluando este conjunto de soluciones inmediatas para el corto, mediano y largo plazo».
Identificaciones
Hoy los diversos analistas hablan de la crisis y sobre las necesidades financieras del agro en función de los bajos precios de los commodities en el mercado internacional, la presión fiscal y la falta de financiamiento, pero en mi opinión, se está ante un problema de identificación de causas y consecuencias, y es seguir hablando sobre los problemas coyunturales sin querer o poder abordar los problemas estructurales, que efectivamente permitan trabajar hacia un sector agrícola moderno y eficiente.
Claro está también que no se debe confundir «política agrí-cola» con «intervención estatal». Y más crítico aún, ante la falta de expectativas resolutivas, lleva hoy a los agentes a la confusión y, en algunos casos, a demandar viejas estructuras históricas que han existido en la Argentina. Pero aquí es donde se debe trabajar, pues ha cambiado el mundo, el país y los agentes; y las soluciones deben estar sobre los escenarios actuales.
Además, se avecinan cambios significativos y rápidos vía integraciones, como es el caso del ALCA, no trabajar integralmente va a generar asimetrías significativas sobre el agro argentino, con impactos directos sobre agentes e instituciones.
¿Qué es una política agrícola? ¿Cuáles son sus secuencias? ¿Cuáles son los objetivos? ¿Cómo y quién la instrumenta? Preguntas simples, pero no muy discutidas entre nuestros agentes.
¿Por qué hoy está resuelto en la Argentina la dinámica de embarques, las rutas permanentemente transitables y se ha incrementado la capacidad de almacenaje en la cadena de comercialización y en los silos chacras; pero paralelamente el parque automotor en el transporte de carga sigue obsoleto y no logra integrarse con los otros modos de transporte? La falta de inversiones puede ser consecuencia del desconocimiento de la importancia de la integridad en los sistemas de transporte. Nuestro mayor vecino, Brasil, ha tomado conciencia de ello y está trabajando con la mayor tasa promedio mundial de inversiones en el sector de transporte de cargas, hecho este que será revolucionario en el mediano plazo, para incrementar su participación de productos primarios en el comercio mundial: granos y carnes.
Es el momento de trabajar en esta dirección, no perdamos la oportunidad.
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