El cerebro, la médula y otras partes sospechosas de la vaca, junto con las harinas óseas que ya no podrán ser usadas por el riesgo de la vaca local, podrían alimentar las centrales eléctricas, según un experto danés.
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Niels Bergh Hansen, director de Elsam, el ente que coordina el trabajo de las centrales eléctricas, dijo al diario Information que ya hizo realizar análisis para verificar que los productos de desecho -es decir las cenizas que quedarían en suspensión en el aire- no sean nocivos.
"Habría que asegurarse de que estos materiales no entren en contacto con las personas encargadas de las centrales. Para eso habría que construir silos especiales, con las junturas de los tubos selladas", declaró.
Actualmente, las partes inutilizables de los animales son reducidas a polvo: en total, unas 250 toneladas de carne y huesos por semana.
Una empresa especializada ya pulverizó 224 vacas, abatidas porque procedían de criaderos contagiados, e intentó reciclar el producto: las autoridades veterinarias y ambientales autorizaron su reciclado en la industria del cemento.
Pero con 200.000 toneladas de carne y huesos de vacas, cerdos y aves producidas cada año, sólo 50.000 pueden ser absorbidas de este modo.
Las otras 150.000 toneladas podrían alimentar las centrales eléctricas.