Los hombres de campo nos honramos con mantener la palabra. Más de una vez, el mercado ha cambiado a favor o en contra, pero mantuvimos la palabra empeñada y entregamos nuestros novillos perdiendo dinero, cumpliendo con lo pactado.
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Ahora vemos atónitos que la máxima autoridad del país prometió primero que iban a devolver los depósitos en dólares, que los combustibles no iban a aumentar y que mientras él fuera presidente no se iban a gravar las exportaciones agropecuarias con retenciones.
Nos preguntamos si el país está acéfalo o ya no podemos creer en lo que nosotros, productores genuinos, anteponemos a todo y ante todo: la palabra. Estas prácticas del pasado, propiciadas también por gente del pasado que hizo y sigue haciendo daño nos condenarán al letargo del sector. El facilismo de confiscar 1.400 millones de dólares, sacándonos de nuestro esfuerzo y trabajo 10 por ciento de los productos primarios que vayan al exterior y 5 por ciento de manufacturas de origen agropecuario (carnes, aceites, lácteos, etc.), para subsidiar la ineficiencia y la burocracia nos conducirá al retroceso.
Esto de apostar a los botes de goma en lugar de los transatlánticos no va más. El efecto será el contrario de lo deseado.
Nosotros queremos cacerolas llenas con productos y alimentos para todos. Evidentemente acá no entienden de retenciones simbióticas (fijación nitrógeno alfalfa, soja, etc.), retención de vientres, pero sí de querer apagar el fuego con nafta. El país se recuperará y crecerá con la producción, no atentando contra ella.
Nos preguntamos si tiene sentido un ministerio de la producción con estas políticas regresivas y recesivas. ¿No será la hora de tener un ministerio de agricultura sentado a la mesa de la discusión y de la propuesta por derecho propio?
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