Semilla legal debe ser una cuestión de Estado
Variedades
En soja sólo 23% del total de la superficie sembrada aportó y reconoció con su compra o regalía a quienes crean las variedades. En trigo sólo 34%. Esto significa que 11 millones de hectáreas no aportaron al sistema y utilizaron o usufructuaron (según sea uso propio o ilegal) semillas que contenían genética de avanzada en su composición.
Ante tal situación, si no asumimos todos los actores involucrados, que esto significa un flagelo para el destino productivo y competitivo de nuestro país estaríamos apostando al atraso, que nadie desea, pero donde los hechos nos conducen.
La industria semillera es un sistema tan integral que como la ley del mínimo en agronomía para que tenga su efecto y función, cualquiera de los roles aquí descriptos deben actuar a la perfección.
De nada vale la inversión e investigación para crear la mejor semilla si no se reconocen sus derechos de propiedad.
De nada vale una calificada red de multiplicadores que no se vean alentados y motivados porque la semilla legal producida queda en sus galpones.
De qué vale el mejor productor potencialmente hablando, si no cuenta con la mejor semilla como herramienta tecnológica.
De qué sirve todo esto sin un control eficiente, cercano a la perfección, que haga cumplir la ley en forma efectiva.
Además, el marco legal que nos contiene y regula debe estar a la altura de la circunstancia y los tiempos; nuestra ley de semillas tiene veintisiete años y las consideraciones de entonces, junto a los avances científicos y tecnológicos exigen una actualización.
Orgullo
La industria semillera es un orgullo argentino, lo dicen los protagonistas, miles de productores que visitan anualmente los eventos agropecuarios. Con el fin de crear sobre el tema La Asociación Argentina de Protección de Obtenciones Vegetales inició una campaña, a través de seminarios, universidades, y reuniones a campo, sobre lo que significa una verdadera protección vegetal.
Es tan trascendente el tema que nos involucra a todos, investigadores, criaderos, multi-plicadores, productores y gobernantes; sólo que las voluntades personales, que las hay, deben estar afianzadas por una verdadera decisión política.

